“Lo arriesgado es no moverse de la baldosa”
Entrevistas / Bunbury

“Lo arriesgado es no moverse de la baldosa”

Eduardo Izquierdo — 09-06-2020
Fotógrafo — Archivo

El acomodo no va con Bunbury. Y eso hace que la indiferencia del público tampoco. Es difícil permanecer impasible ante sus discos, porque el zaragozano siempre se la juega. Es imprevisible, y eso lo hace único. Ahora publica “Posible” (Warner, 20), un disco en el que el riesgo vuelve a estar presente, tan ligado a él como las propias canciones, algo que él ve desde otro prisma.

Creo que es la tercera o cuarta vez que te entrevisto, sin contar cuando te prestaste a participar hace años en mi libro sobre Quique González. Creo que siempre empiezo preguntándote lo mismo, sobre el riesgo de tu nuevo disco. ¿Es el riesgo algo que consideras innato al artista y en concreto a tu carrera?
Últimamente pienso justo lo contrario. Lo arriesgado, pienso, es no moverte de la baldosa. Creo que evolucionar y buscar nuevos contextos para expresarte, te enriquece como autor y hace más interesante el viaje a aquellos que les gusta o aprecian tu visión. Repetir fórmulas es, probablemente, cavar tu propia tumba. Por supuesto, en todo hay excepciones y seguro que se nos ocurren nombres a los que les ha pasado justo lo contrario. Artistas que por moverse demasiado han despistado al público. Y otros que repitiéndose eternamente cada vez les va mejor.

“Mi salida en los últimos meses ha sido hacia adentro. Intento abstraerme de los noticieros y de ciertos posicionamientos radicales y beligerantes”.

Me da la impresión de que tus discos, de alguna manera, se encadenan. Este álbum parece cogerlo donde lo dejaron “El libro de las mutaciones” y “Las consecuencias”. ¿Lo ves igual? ¿Es algo premeditado?
Sí, claro. “Pequeño” (99), “Flamingos” (02) y “El viaje a ninguna parte” (04) serían mis discos con la mirada puesta en el Mediterráneo y la raíz de la música latinoamericana. “El tiempo de las cerezas” (06), “Hellville de Luxe” (08) y “Las consecuencias” (10) serían los discos más cercanos al sonido americana y a la frontera de Estados Unidos. Y, “Palosanto” (13), “Expectativas” (17) y “Posible” serían discos más contemporáneos y alejados de la raíz y la tradición. Me dejo fuera “Licenciado Cantinas” (11) que fue un disco de versiones latinoamericanas, bastante sui generis y “El libro de la mutaciones” (15) que fue un unplugged muy poco acústico y que enlaza con mis últimos discos. Me parece que desde que comienzas una nueva aventura hasta que das por terminada una etapa, se necesita un tiempo razonable.

Por otro lado, es inevitable pensar en “Radical sonora” (97), por ese giro a la electrónica en algunos temas. ¿Es una deuda que tenías contigo mismo? Porque aquel, en su momento, fue un álbum bastante incomprendido.
Sí, “Radical sonora” no fue un disco que fuera muy bien recibido, pero con el tiempo ha ganado adeptos y he leído bastantes artículos reivindicándolo, tanto en España como en América. Yo veo (a “Radical…” y a “Posible”) muy lejanos uno de otro. Tienen sus conexiones, pero también diferencias muy claras. Además, aunque entiendo que desde algunos ámbitos se pueda considerar “Posible” como un disco que gira hacia la electrónica, yo no puedo estar más en desacuerdo. Si le preguntas a cualquiera que esté metido dentro de ese mundo, rechazará la consideración. “Posible” es un disco de canciones, que tiene sintetizadores y utiliza el ordenador y el estudio de grabación como herramienta de producción, pero ni utiliza las estructuras, ni las harmonías, ni los ritmos de la música electrónica.

En el primer tema del disco, “Cualquiera en su sano juicio”, hay un momento en que dices “Sé dónde está la salida, es hacia dentro” ¿Crees que un artista debe buscar “sus salidas” o su destino dentro de sí mismo?
No necesariamente. Puedes también atender a lo que ocurre a tu alrededor. Escribir sobre los sucesos y noticias, la política o el embrollo social. O también puedes hablar de una bombilla y hacer ejercicios de estilo. Agarras un formato literario, una décima o un soneto y rimas por rimar. Todo es válido. Mi salida en los últimos meses ha sido hacia adentro. Intento abstraerme de los noticieros y de ciertos posicionamientos radicales y beligerantes. Prefiero leer un libro, ver una buena película o, por supuesto, escuchar tanta buena música que se hace hoy en día. Y centrarme en lo que necesito y me interesa expresar. Bien sea escribiendo, componiendo o pintando.

¿Hasta qué punto te influye lo que pasa musicalmente a tu alrededor? Lo que sucede en el mundo de la música mientras está naciendo uno de tus discos ¿te influye? ¿O prefieres aislarte?
Escucho mucha música y me interesa lo que hacen mis compañeros. Hasta que entro a grabar. En el momento en que estoy grabando un disco paso muchas horas encerrado escuchando arreglos, retorciendo las canciones, experimentando. Así que, en esos meses, escucho menos música. Pero, bueno, la música está muy presente en mi vida. Y estoy muy lejos de algunos músicos que, llegados a una cierta edad, dejan de escuchar música nueva y se quedan con los discos que marcaron sus años más jóvenes.

Tengo la impresión de que muchos artistas estáis optando por la electrónica como medio de evolución. ¿Es la única forma que hay? Grupos incluso paladines del rock más clásico como Pearl Jam han incluido en su último single toques de electrónica, o nuestro Coque Malla se ha marcado un disco totalmente bailable. ¿Ves indispensable acercarse a esos sonidos para seguir en la vanguardia de la música de nuestro siglo?
Las opciones que te ofrecen los avances tecnológicos están ahí a tu disposición. Puedes usarlos o no. Se puede ser un gran artista utilizando instrumentos del siglo pasado o del medievo, sin problema. Pero, The Beatles utilizaron la tecnología que tenían a su disposición y la aprovecharon. Hendrix se volvió loco cuando descubrió el panning estéreo o cuando se compró un wah wah. Y cuando aparecieron el melotron o el Moog o el theremin… Hubo tantos artistas que se volcaron a ver qué podían hacer con ellos. Las opciones ahora son casi infinitas. Yo estoy muy a favor de los plug-ins y sé cómo manejar un sistema analógico y combinarlo con el digital. No hay reglas. Todo vale y todo es posible. Así es el siglo XXI. Existen tantas opciones coexistiendo a día de hoy que generalizar se ha vuelto ridículo.

“Prefiero hablarte de lo que me emociona y no perder un solo segundo hablando de algo que ni me rozó siquiera”.

La gran diferencia en este disco, ¿está en la producción, los arreglos y el tratamiento de las canciones? Te lo digo porque, por ejemplo, el primer single “Deseos de usar y tirar”, con una producción más clásica encajaría, por ejemplo, en “Pequeño”, por decirte otro álbum tuyo. En cambio, con este sonido se me antoja difícil que pueda estar en otro disco tuyo que nos sea este. ¿Qué opinas?
Totalmente de acuerdo. Podría haber arreglado las canciones para que funcionaran en un disco de mi etapa más americana o en la más latina. De hecho, eso es lo que hago en las giras, canciones del pasado las traigo al momento presente y les busco una nueva versión para adaptarlas al momento que corresponda. Que una canción tenga varias vidas y se pueda adaptar a distintos géneros me maravilla. El otro día me mandaron varias versiones caribeñas de ¡¡¡“Maldito duende”!!! En merengue, en salsa y en mambo. Espectacular.

En la misma canción hay una frase que me llama mucho la atención. Dices “danzamos sin necesidad de melodía”. Yo tengo la impresión de que al arte de la canción se está perdiendo y que solo algunos seguís apostando por ella. Creo que el sonido, las atmósferas, están adoptando mucho más protagonismo que el escribir una buena canción y eso me preocupa. ¿Tú cómo lo ves?
Me interesan mucho las posibilidades de un estudio de grabación. Algunos nuevos sonidos, los escuchas y no sabes siquiera su procedencia. No parece que se hayan generado con un teclado, ni mucho menos una guitarra o un instrumento más convencional. Todo eso me fascina. Pero para mí lo primero es tener una canción que me transmita. Que tenga una melodía cantable. Como decía José Alfredo Jiménez: “Yo compongo mis canciones/pa’ que el pueblo me las cante”. Pero no creo en la crítica destructiva. Hay artistas que no son para mí, pero seguramente lo son para otras personas. Prefiero hablarte de lo que me emociona y no perder un solo segundo hablando de algo que ni me rozó siquiera.

Canciones como “Las palabras” me recuerdan a nivel de sonido a bandas como LCD Soundsystem, salvando las distancias. ¿Has estado escuchando ese tipo de música recientemente?
LCD me encantan, tiene una conexión directa con los Talking Heads de “Fear Of Music”, “Remain In Light” y “Speaking In Tongues” y el Bowie de “Lodger” y “Scary Monsters”. Son los finales de los setenta neoyorquinos traídos a los primeros dos miles.

Ahí aseguras que “las palabras prefieren el silencio a tanto ruido”. Hay veces que para lo que hay que decir, mejor el silencio, ¿no?
Casi siempre. Yo soy muy poco hablador. Prefiero escuchar. Además, la mayoría de las veces se habla con demasiada contundencia de cosas de las que tenemos información escasa. En mi caso, como experto en nada, he tenido la mala fortuna de que la prensa se interese por mí y me pregunten sobre mi opinión sobre esto y aquello, cuando salgo a promocionar mis discos. Y así, ves tu opinión sobre tal o cual asunto de actualidad, como titular de una entrevista, como si fuera algo en lo que te va la vida o te pareciera sustancial y digno de ser resaltado, cuando la realidad es que te importa poco, pero como te han preguntado, pues por no ser un mal educado…

“Yo soy muy poco hablador. Prefiero escuchar. Además, la mayoría de las veces se habla con demasiada contundencia de cosas de las que tenemos información escasa”.

Me encanta como tus últimos discos son capaces de dar mensajes sociales o políticos sin necesidad de hacer canción protesta o temas abiertamente sobre esas cuestiones. Cuando cuelas frases como “Hay quien prefiere continuar dormido” me parece luchar contra según qué cosas con la ironía y la inteligencia como armas, ¿te sientes más cómodo así que no haciendo propaganda directamente?
Es cierto que en mis dos anteriores discos de estudio, “Palosanto” y “Expectativas”, quise reflejar un momento social que me parecía interesante. Un prisma con muchas caras que merecía atención. Este disco no tiene esa mirada hacia lo que ocurre aquí o allá. Pero es inevitable que alguna frase se te cuele.

En “Mariachi sin cabeza” regresas a un tema que sobrevuela varias veces el disco y que es reincidente en tu carrera, la soledad. ¿Te gusta hablar sobre ese sentimiento?
Sí, claro. Los temas de los que uno habla siempre se pueden resumir en cuatro o cinco cuestiones que revisas desde diferentes ángulos. La soledad, la libertad, el amor, el paso del tiempo… Son obsesiones que tratamos todos, inevitablemente. Las grandes preocupaciones de casi todos los creadores; bien sean de autores de canciones, escritores, cineastas o pintores. A todos nos preocupan las mismas cosas.

Ahí el mariachi va sin cabeza pero con corazón. ¿Sería la forma de que todo nos fuera mejor? ¿Movernos más con el corazón?
En la canción, al “mariachi” no le va muy bien. Es todo corazón, pero piensa poco las cosas. De todas formas, esta ubicación de los sentimientos en un órgano de nuestro cuerpo y los pensamientos y la razón en otro, me parece preocupante y quizás sea el motivo por el que no encontramos una balanza y rara vez nos sepamos guiar por una intuición razonable.

Estoy deseando ver cómo vas a encajar estas canciones con el resto de tu repertorio. ¿Vas a hacer nuevos arreglos más electrónicos como hiciste con algunos temas en “Mutaciones”? ¿O vas a llevar estos temas hacia otro lado? ¿Lo has pensado?
Va a ser interesante. No sé a dónde me llevará esta aventura, pero seguro que no será un lugar aburrido. Los Santos Inocentes, mi banda, están acostumbrados a realizar estas acrobacias y saben cómo reenfocar desde sus instrumentos, y aportarán sabiduría y experimentación para hacer un show compensado.

No puedo acabar sin preguntarte sobre un tema que me llamó mucho la atención hace poco tiempo. Álvaro Suite sacó su disco y en una entrevista en un medio le hicieron diez de quince preguntas citándote a ti. ¿Están los miembros de tu banda “condenados” a eso? ¿Cómo te tomas cosas de ese tipo? Yo creo que si tu entrevistas a un artista, por mucho que sea miembro de la banda de alguien, la charla ha de girar sobre él y su disco, aunque puedas salir de eso en alguna pregunta, y estoy seguro que opinas lo mismo, pero supongo que “vende” más citarte continuamente. ¿No te cansan ese tipo de cosas?
Bueno, yo creo que los lectores saben perfectamente cuando un titular o el contenido de un artículo, están pensados con el único objetivo del clickbait. Ya somos mayores y hemos navegado lo suficiente por Internet como para distinguir a las claras un intento fallido de llamar desesperadamente la atención. No cuela.

Acabo. Es durísimo el inicio de la canción final. Eso de “ahora que uno se explota a sí mismo, y cree que está realizándose”. ¿Cómo se realiza Bunbury?
Es muy fina la línea que separa la explotación capitalista de mi tiempo y lo que realmente me emociona y disfruto. Me gusta hacer conciertos, pero quizás no tanto como para pegarme giras de año y medio cada vez que saco un álbum, pero de alguna forma tengo que financiar y saciar la avaricia ilimitada de Hacienda. Me gusta sacar discos, pero quizás los asuntos promocionales y las redes sociales, que no son de mis actividades favoritas, ayuden a promocionar mis canciones y conciertos, y las mantengo a regañadientes, aceptando que son males ¿necesarios?

Un comentario
  1. James Alone 21 junio, 2020

    A ver Eduardito, que no te enteras, yo respeto a Bunbury, tú lo masajeas. Es durísmo que Bunbury te causara tanta impresión en tu última pregunta: Eso de “ahora que uno se explota a sí mismo, y cree que está realizándose”. Aquí tienes la verdad, novato: BYUNG-CHUL HAN “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose” https://elpais.com/cultura/2018/02/07/actualidad/1517989873_086219.html
    No estás a la altura chaval, Edu…

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