El paso de Carla Lourdes por la sala Mardi Gras de A Coruña no era una fecha más. Era el primer latido de una gira que la llevará a presentar en directo “El día que descubrí el lunar de tu oreja” (Esmerarte, 25), su disco debut, además de significar el estreno de la artista en la ciudad herculina. Y, aunque las primeras veces suelan ser un territorio incierto, en esta ocasión la peripecia quedó saldada con muy buena nota, dejando la sensación de que lo de Lourdes es algo comienza bien y promete crecer.
Desde el comienzo de la noche con “Tan Raro” quedó claro que aquello lucía más engrasado de lo que cabría esperar en una artista novel. De hecho, lo que vino a continuación fue lo contrario a lo que sugiere el título de ese primer tema: nada raro; nada fuera de sitio. La conexión entre público y artista fue instantánea. Carla cantaba desde un lugar muy propio, dejándose llevar por cada tema, y la banda respondía con una energía que amplificaba y daba viveza, apuntalando una solidez que no hacía sino terminar de redondear el directo.
Esa combinación —voz y banda, delicadeza y fuerza— fue el gran hallazgo de la noche. Es cierto que las canciones ya funcionan en su versión de estudio, transmitiendo y emocionando. Pero, en directo, se transforman. Lo que en grabación suena cercano y frágil, sobre el escenario se expande y adquiere una garra inesperada. Composiciones que sonaron más presente y nítidas, con un impulso que no aparece en su versión de estudio. También hubo, en todo caso, espacio para lo íntimo, para ese espacio desde donde probablemente nacieron muchas de estas canciones.
Ese momento llegó con “El desorden”. Carla bajó del escenario, se colocó entre el público y, tras unas palabras, interpretó el tema sin micrófono, acompañada solo por dos guitarras. No hizo falta nada más. La sala enmudeció atendiendo a un silencio atento, de esos que no son tan habituales y que a veces dicen más que las propias canciones. Un instante en el que es probable que más de uno notase cómo algo se agitaba en su interior y, al mismo tiempo, encontraba un nuevo significado.
Sonaron “El lunar de tu Oreja” y “Los intentos”, y después llegaron los bises con “No sé por dónde empezar”, “Si suena el silencio” y “Cuestión de tiempo”, en un cierre intenso, bailable y muy coreable, de los que dejan las pulsaciones altas y la sensación de que aún quedaba tiempo para un par de canciones más. Y, aunque el concierto durase una hora exacta y pudiera haberse quedado corto para algunos, lo cierto es que tuvo la medida justa. Una velada sin relleno, en donde la música ocupó todo el lugar que necesitaba y el público salió con ganas de volver, mientras Carla Lourdes y su banda demostraban que el proyecto tiene tanto recorrido como personalidad.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.