Angine De Poitrine son ese dúo canadiense de rock cuyos miembros tocan embutidos en aparatosos trajes dadaístas, con narizotas de papel maché y la piel pintada a topos blanquinegros, que recuerdan a algo a medio camino entre fichas de dominó gigantes y el disfraz de ducha de Daniel LaRusso en “Karate Kid”. Se han convertido en uno de los fenómenos musicales del momento, especialmente a raíz de su paso por la influyente emisora de Seattle KEXP, el pasado mes de febrero.
Con un Internet más controlado que nunca por un puñado de malvados trillonarios, atestada de ragebait y repugnantes contenidos generados con inteligencia artificial, la irrupción de Khn y Klek de Poitrine en la industria, machacando el algoritmo con sus loops de bajitarra, su juguetona propuesta bailable y esa fiesta Illuminati que proponen en vivo, ha sido una bocanada de aire fresco. Y está generando un culto a su imagen como no se veía desde los Teletubbies.
Para el gran público son “una banda graciosa de Internet”, un meme fascinante, pero intercambiable. Sin embargo, es difícil negar que, bajo la deliciosa pantomima, hay dos músicos con un talento desorbitado, que ejecutan un estilo de math rock minimalista pero agresivo e hipnótico, que no para de generar adhesiones. Si has llegado hasta el castillo de Oz y miras detrás de la cortina, descubrirás que no hay mucho más misterio detrás de ese sonido que la constancia y la experiencia: esta pareja de squatters de Quebec llevan más de diez años tocando juntos, desarrollando ese sonido y esa imagen.
Pero no hace falta ser un músico experimentado para valorar sus compases de relojería, el exotismo de sus melodías y cadencias, la compleja arquitectura de esas composiciones que se deslizan más allá del compás cuaternario y la escala jónica: el mundo entero, desde el niño a la abuela, está reaccionando con emoción y jolgorio a este carrusel exoplanetario y microtonal. Habitan su propio rincón musical, un Planeta Imaginario de aspavientos tribales, tiradas de dados, pirámides, manzanas doradas, perritos calientes y misterios insondables.
Son un fenómeno intransferible, pero tal vez podamos escarbar un poco y proponer diez de los ingredientes que forman parte del cóctel Angine De Poitrine:
1.- King Crimson
Una banda multitudinaria de rock progresivo y sinfónico, con todo un arsenal de instrumentos. Pero los fraseos de guitarra de Robert Fripp, persistentes y repetitivos, destacaban por encima de todo. Su discografía es inabarcable y variada, si bien en álbumes como “Red” (74) o “Discipline” (81) encontramos muchas pistas que llevan hacia el hardcore y el math rock.
2.- The Residents
Al margen del furor microtonal que se ha desatado en YouTube, Angine De Poitrine han abierto otro debate acerca de las pintas de los grupos. ¿Llamarían tanto la atención entre el público mayoritario si separásemos su puesta en escena de su música? Pues probablemente no, ¿por? ¿Qué necesidad hay de separarlo? El rock siempre ha sido una pasarela, un circo. La imagen es importante y el toque carnavalesco es un aliciente. Con esos globos oculares gigantes por cabeza, The Residents fueron durante décadas, además, máximos defensores del anonimato y la alta extrañeza: con sus faralaes punteados, Angine no sólo están llamando nuestra atención desde el plano extramusical, sino también diciéndonos: “¿Qué más dará quiénes somos en realidad? ¡Abraza nuestra fantasía!”.
3.- Primus
No creo que sea casualidad que Les Claypool haya colaborado a lo largo de su carrera tanto con King Crimson como con The Residents… Retozan en ese mismo limo primordial de todo el rock que se percibe juguete, ficción, utopía, videoclip de plastilina en movimiento. Toda la carrera de Claypool es otro claro ascendente: una fantasía plástica, cromática y temática que orbita en torno a machacones, mesmerizantes, irresistibles loops de bajo apuntalados por la guitarra de Larry Lalonde y una batería pétrea y mecánica.
4.- Ozric Tentacles
Este prolífico, incansable quinteto británico fabrica un rock espacial de metrónomo, obstinado y reiterativo como pocos, a veces rozando el breakbeat. Es verdad que abusan de teclados, samplers y psicodelia en algunos discos, pero la estructura de su música es prima hermana de los de Quebec.
5.- Nomeansno
En Angine puede haber trazas de prog-rock experimental, pero el origen de sus miembros es el hardcore punk, y pocos ejemplos de virtuosismo sincronizado a la hora de percutir riffs pertinaces que los también canadienses Nomeansno o los inmensos fIREHOSE.
6.- The White Stripes
Probablemente, la banda de Jack y Meg White fue el primer power duo que irrumpió en el mainstream. Este tipo de formación no es tan extraña o inédita (ahí están Flat Duo Jets, The Bassholes, The Kills, Royal Blood, los también canadienses Japandroids o los españoles Bala, Za! o Cala Vento, por citar unos pocos), pero es lógica la sorpresa al descubrir que todo ese ruido lo hacen sólo dos almas sobre el escenario. Con la colección de pedales y la guitarra/bajo de dos mástiles que maneja Khn de Poitrine, estamos además ante un dúo cuya mitad es un hombre-orquesta.
7.- ClownC0re
El delirio viral que están desatando tuvo un claro antecedente hace una década con este otro dúo de California de inquietante presencia: máscaras de payaso, monos de faena, encerrados en un sanitario portátil o una furgoneta, haciendo grindcore salvaje. Uno toca la batería y un teclado a la vez, mientras el otro se desgañita junto a otro teclado o soplando un saxo de juguete.
8.- La Poexe
No quiero romper la magia, pero como ya he dejado caer creo que es justo reconocer que detrás hay una trayectoria profesional. Exudan esa clase de pasión por el rock que muy a menudo se traduce por “incapacidad de hacer otra cosa”. El grupo de doom metal Project RL, La Poexe o la comuna de improvisación ruidista Le GGRIL son algunos de sus antecedentes directos. Québec Redneck Bluegrass Project están al frente de la pequeña discográfica que ha editado su segundo disco, tienen por maestros locales a artistas como Alain Caron u Olivier Tremblay y en su casilla de Spotify comparten una lista con varios de sus amigos Du Québec.
9.- King Gizzard & The Lizard Wizard
Este sexteto australiano, que también se ha ido popularizando en la última década gracias a su constancia y su talento, navega unas aguas próximas a las de nuestro dúo alienígena favorito, mezclando garage e instro surf con un toque psicodélico y folclórico que los ha llevado a lo más alto. Podemos citar también, dentro de esta nueva ola de post-math bizarro, a los mexicanos Austin TV, Battles, Horse Lords, Animals As Leaders…
10.- The Friendly Frogs Freak Show
Si has venido aquí sólo por la diversión y la mamarrachada, que sepas que Angine tienen en Quebec un grupo de colegas gamberros, con pintas aún más estrafalarias, una puesta en escena no menos narcótica y una propuesta instrumental sorprendente, entre el jazz y el funk. Quién sabe, puede que se conviertan en tu nueva banda favorita antes de que devoren el algoritmo de un lengüetazo.

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