Reseñamos 'Resurrection', película que no dejará a nadie indiferente
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Reseñamos 'Resurrection', película que no dejará a nadie indiferente

9 / 10
José Martínez Ros — 30-04-2026
Empresa — Dangmai Films, Huace Pictures, CG Cinéma, arte France Cinéma
Fotografía — Cartel de la película

Las dos primeras películas del director chino Bi Gan (1989) hicieron que se ganara la atención de la crítica global y de un puñado de cinéfilos, repartidos por el mundo, que aún creen que el cine es un arte vivo, en el que las novedades son posibles y los experimentos más audaces pueden funcionar. Después de todos los parabienes que cosechó con “Kaili Blues” (15) y, sobre todo, con “Largo viaje hacia la noche” (18), su tercera película, “Resurrection” se presentó en el Festival de Cannes de 2025. Al parecer, Bi Gan no acabó el montaje definitivo hasta poco antes de su estreno, tras un largo y extenuante rodaje y una no menos extensa posproducción.

Su recepción estuvo tremendamente polarizada; una parte de los asistentes mostró su absoluta incomprensión, y otra su entusiasmo. Lo mismo sucedió a medida que fue circulando por diferentes festivales de menor categoría. Ahora llega, al fin, a las pantallas españolas. Adelantamos que nosotros estamos, al ciento por ciento, con los entusiasmados. Creemos que “Resurrection” se verá en el futuro como una de las grandes películas de lo que llevamos de siglo XXI; una que, además, abre nuevos caminos a base de imaginación y un poder visual desmesurado.

“Resurrection” es una película que, en su generoso metraje de ciento sesenta minutos, contiene muchísimas cosas. Es un recorrido por casi un siglo de la historia del cine y también, de una manera algo menos obvia, por la de China a lo largo de ese periodo. También recorre todo un abanico de emociones: los misterios de las relaciones paterno-filiales, el peso a veces aplastante de la memoria, la angustia existencial, la necesidad de hallar un lugar propio, la traición y, por supuesto, el amor. Entre sus ingredientes, además, encontramos una excelsa banda sonora de M83 o, lo que es lo mismo, de Anthony Gonzalez, una colaboración inesperada, pero muy feliz.

Se estructura en cinco segmentos, más un breve epílogo. Unos rótulos iniciales nos sitúan en una época a medio camino entre la ciencia-ficción y la fantasía. Los seres humanos han descubierto que pueden vivir indefinidamente si no sueñan, una actividad que los consume como una vela encendida. Pero existe un pequeño grupo de disidentes que continúan empeñados en soñar; uno de ellos es nuestro protagonista (Jackson Yee), que en esta primera parte aparece como un émulo de los monstruos del expresionismo alemán, sobre todo del Nosferatu de Murnau. Una agente (Shu Qi) se encargará de capturarlo y de despojarlo de sus sueños, en los que se reencarna una y otra vez en una serie de personajes que viven a lo largo del siglo XX.

Cada una de las historias de “Resurrection” transcurre dos décadas después de la anterior. Y así, tras una presentación que nos lleva a la China todavía anclada en el pasado de comienzos de siglo, con fumaderos de opio y homenajes a Méliès, Robert Wiene e, incluso, a los Lumière, pasamos a finales de la década de los años treinta. Una era de oscuridad en China que se veía despedazada por una Guerra Civil y la terriblemente cruel invasión japonesa; un periodo que Bi Gan recrea con un homenaje al noir, entre “Casablanca”, Jean-Pierre Melville y David Lynch. De allí somos conducidos a los convulsos años de la “Revolución Cultural” maoísta, representada por un viejo monasterio budista abandonado a los saqueadores; este es el escenario de una genial fábula sobre la importancia del perdón, uno de los puntos álgidos de la película.

De nuevo, viajamos en el tiempo, hasta los ochenta, cuando en las pantallas de todo el planeta triunfaban los “psíquicos” al estilo de Uri Geller, que doblaban cucharas con el poder de su mente o mostraban sus supuestos dones para la adivinación. Este es el ámbito en el que se introduce un estafador en compañía de un niño, un huérfano muy despierto y vivaz, que ha “adoptado”, entre los que se establece una relación bastante conmovedora. Y, por último, llegamos a la Nochevieja de 1999, al advenimiento del nuevo milenio, que Bi Gan capta con el ímpetu visual del cine de esa época (de Fincher, Tarantino, Danny Boyle, etcétera). Una noche cargada de energías apocalípticas y de deseos de liberación en la que se produce, en una gran ciudad china, un clásico chico-conoce-chica. Los dos jóvenes quieren llegar juntos al alba, pero les aguardan muchas sorpresas en esta versión fantástica de “Antes del amanecer” de Richard Linklater.

No obstante, ningún resumen haría justicia a la enorme cantidad de recursos visuales, a la riqueza escénica y la genial extrañeza de esta película. Así que, simplemente, vayan a verla y déjense asombrar.

 

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