La oferta musical aquella tarde de domingo era amplia y variada, pero en ocasiones a uno le toca elegir, al menos escoger qué concierto ver entero, como fue el caso. Tras poder llegar al inicio del concierto de Xabier Badiola en el Coppola nos encaminamos a por The Long Ryders, y finalizado el concierto de los americanos aún hubo tiempo de ver buena parte del pase de Pelomono en Nave 9. Una tarde musical de lo más completa.
Pero centrándonos en lo que aconteció en el Kafe Antzoki, destacar un arranque errático en el que parecía que aún estaban probando sonido, y eso no le sentó bien a la canción inaugural, que no era otra sino “Final Wild Son”, una de las más esperadas, que abría su álbum de debut, el ya clásico “Native Sons” de 1984. Siempre he pensado que no debe de ser sencillo ecualizar para el directo a una banda como esta, que suele combinar guitarras limpias y sucias, potente base rítmica y varias voces en perfecta armonía.
El guitarrista Stephen McCarthy cantó la voz principal en muchos de los temas del repertorio, como en “Seasons Change”, del anteúltimo trabajo del grupo, y para cuando Sid Griffin entonó la coreable “(How How How) How Do You Wanna Be Loved?” de su recomendable y más reciente álbum, “High Noon Hymns”, el sonido global parecía haber mejorado considerablemente.
The Long Ryders tiene dos claras etapas, la de sus tres primeros discos durante los ochenta y la de los otros tres, publicados en los últimos siete años. De esta última fase tiraron lanzándose a temas como “Four Winters Away”, “World Without Fear”, “Down to the Well”, la balada “A Hymn For the City of Angels” o “Stand a Little Further on the Fire”, un rock n roll que personalmente fue la que más me llegó. De las antiguas, “A Stitch in Time”, que compuso y que solía cantar el difunto bajista Tom Stevens, fue entonada por Murry Hammond, actual bajista del cuarteto y fundador, desde hace más de treinta años, de la banda Old 97’s.

Dos puntos álgidos del show llegaron con canciones cantadas por el mencionado Stephen McCarthy, la preciosa e infalible “Ivory Tower” y “I Had a Dream”, compuesta por el propio guitarrista y que unía de manera triunfadora el rock alternativo a lo Replacements con su amado country-rock, ambas incluidas en el valorado debut discográfico de la banda. La powerpopera “I Want You Bad” (original de NRBQ y que los Ryders ya grabaran en los ochenta) levantó al público, que coreó el pegadizo estribillo.
Para cerrar, el punzante riff de “Gunslinger Man” y la luminosa “Lights of Downtown”. Se pidió el bis de rigor y acudieron a la llamada con el “Forever Young” de Dylan (mandolina en mano por parte de Griffin), que han grabado para su más reciente álbum, y rematándola con la inevitable “Looking for Lewis and Clark”.
Personalmente ya los había visto en directo en esta, su segunda etapa artística, pero se intuía que algunos de los allí presentes (en una sala a medio llenar, siendo generosos) los experimentaban por primera vez, y no fue difícil de dilucidar en sus rostros el grado de satisfacción, que pareció lo bastante alto como para considerarlo un triunfo.
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