Descubrí este libro por casualidad. Pero super que tenía que leerlo. No por ser seguidor de Charles Dickens o Prince, que no lo soy, sino porque quien sí es uno de mis escritores favoritos es Nick Hornby. Y hay una idea que atraviesa Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular, la obsesión del autor por encontrar patrones culturales donde aparentemente no los hay. Y eso, que en otras manos podría sonar a ejercicio caprichoso, aquí funciona como una reivindicación apasionada del genio popular en dos siglos distintos.
Hornby pone en paralelo a Charles Dickens y Prince, dos figuras que, a priori, pertenecen a universos muy alejados, y no solo en el tiempo. Pero el británico no busca tanto establecer un canon académico como desmontarlo. Dickens fue un fenómeno de masas en su tiempo, igual que Prince lo fue en el suyo. Y a partir de ahí, a jugar. La clave del libro está en ese tono híbrido que Hornby domina desde High Fidelity y que mezcla de erudición ligera, el humor británico y la devoción pop. Aquí no hay tesis doctorales, sino algo más interesante, un simple lector y oyente voraz intentando explicarse por qué ciertas obras se quedan a vivir contigo. En ese sentido, el autor vuelve a jugar en su terreno favorito, ese donde la cultura popular y la alta cultura dejan de ser compartimentos estancos. Y eso acaba siendo una maravilla para el lector. Hasta el punto de que alguien que, como servidor, apenas ha leído un par de libros de Twain y tiene literalmente tres discos de Prince en casa, pueda disfrutar de etas escasas ciento cincuenta páginas y, además, recomendar a cualquiera su lectura.

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