La noche del 30 de abril inauguramos el puente con los sonidos añejos de los hermanísimos Kitty, Daisy & Lewis en la bilbaína sala BBK.
Los tres hermanos ofrecieron un espectáculo dinámico en el que no pararon de intercambiarse los instrumentos, acompañados de su entrañable padre a la guitarra rítmica y de Jack Flanagan al contrabajo—miembro de los geniales Mystery Jets. Abrieron con el boogie-woogie instrumental “Paan Boogie Man”, Lewis a las teclas jugando al diálogo de pregunta-respuesta con Kitty a la guitarra eléctrica mientras Daisy golpeaba enérgicamente la batería con las escobillas.
Siguieron con el Rhythm & Blues “It Ain't Your Business”, del álbum “Third” (2015) antes de asumir Daisy la voz cantante en la divertida “Bitchin' in the Kitchen”, en este caso Lewis a las baquetas. Antes de terminar, Daisy improvisó unos ritmos con la boca —human beatbox—para sorpresa del público. En la era de los sonidos pregrabados, esta familia bien avenida nos retrotrae a un pasado de sonidos vintage con su mezcla de swing, blues y rock and roll revivalista. Aquí nada tiene trampa ni cartón y la improvisación y la compenetración constante juegan un rol importantísimo. Con “Baby Bye Bye” del mismo álbum bajaron el tempo antes de viajar a 2008 con “(Baby) Hold Me Tight”, en la que Daisy volvió a sorprender, esta vez tocando el glockenspiel, mientras su padre tocaba el banjo.
El aire retro se sintió especialmente en “Buggin´blues”, del primer álbum (homónimo). Kitty sacó a relucir su armónica y el público arrancó en aplausos al término de la canción. La sala estaba a reventar—sold out— y en contra de lo que hubiéramos esperado, el público contemplaba con atención sin casi atreverse a bailar. Seguramente el blanco inmaculado y la sobriedad de la sala no invitan al movimiento de caderas.

Siguieron en los años 50 con el “Ooo Wee” de Louis Jordan incluido también en el primer álbum, golpeando en esta Lewis las teclas como si fuera Jerry Lee Lewis. En el último estribillo, el contrabajista se pasó al bajo eléctrico antes de acometer la balada “Just One Kiss”. La intimidad a la que invitaba esta canción se vio enturbiada por las voces de parte de la asistencia que se despistaba al lado de la improvisada barra de bar, algo que por desgracia no era la primera vez que sufríamos.
Posteriormente volvieron a cambiar de disco y pasaron a “Smoking in Heaven” (2011) con “I'm Coming Home”, Lewis a la guitarra esta vez. El mayor cambio de estilo fue con el ska old-school de la bonita “Turkish Delight” interpretada por las dos hermanas a dos voces, para terminar Lewis soltando un fraseado desde la batería. Los hermanos no pararon de dar las gracias en una dicción perfecta del castellano ni de sonreír durante todo el concierto, haciendo gala de su expresividad.
“Don't Make a Fool of Myself”, con su groove tan funk, fue el primer momento que aprovechó Lewis para juguetear con la guitarra para deleite de todos. En “Good Looking Woman” siguió luciéndose con sus punteos para luego ceder el protagonismo a sus hermanas y al bajista en la más moderna “No Action”. El set tuvo su momento político con el tema “Developer 's Disease” en el que criticaban a los buitres inmobiliarios ”que tiran abajo edificios antiguos” (¿a alguien le suena?). Antes de los bises, Daisy se colocó delante del escenario con un tambor para cantar con su hermana “Going Up The Country”, el mayor éxito del trío , que es una versión no menos que de Canned Heat.
Para los bises, aprovecharon para alargarse hasta el infinito jugando con las improvisaciones. En “Say You'll Be Mine”, Kitty creó un efecto casi hipnótico con su armónica, sin llegar a bajar a mezclarse con el público como suele hacer en los directos. Cerraron los tres hermanos solos en el escenario con el toque rockabilly de “Mean Son of a Gun”. Lewis una vez más fue un portento a la guitarra hasta que entraron sus hermanas a acompañarle con la batería y la voz. ¡Vivan las familias así de bien compenetradas!
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