La gira de despedida de Gorka Urbizu y compañía ya es un hecho. La crónica que váis a leer a continuación corresponde al concierto de la segunda noche en el Kafe Antzokia y a la cuarta de la primera fase de la gira: la de las salas de conciertos. El grupo lo está dando todo en unas actuaciones pletóricas y auténticamente quebrantacuellos, como lo demuestra el motivadísimo público que llenó y llenará todos los recintos en los que toquen de aquí al bolo final allá por el mes de noviembre.

“Vamos a profanar por segunda vez este templo de la música vasca” gritó Gorka, en referencia al segundo concierto seguido que ofrecían aquí. Con las entradas agotadas en un santiamén y la expectación creada en torno a la noticia bomba de su despedida y todo lo que le rodea, la bola de fuego sigue creciendo y ya se ha convertido en todo un acontecimiento que trasciende el entorno musical y cultural. Llenazo el martes, el miércoles, el jueves y en todo lo que se les ponga por delante.

La tremenda cola para entrar en el Antzokia vaticinaba una celebración por todo lo alto: Gente haciendo cola, ansiosa por entrar y disfrutar de la gran fiesta del rock and roll, rodeada de buen ambiente y esencialmente veinteañera (con excepciones) y no perteneciente al movimiento heavy (con aún más excepciones). Las puertas se abrieron a las 9, media hora antes del inicio previsto para el show. ¿Cuánto tiempo se necesita para meter a toda esa gente en el recinto? La respuesta es media hora.

El concierto empezaría con 13 minutos de retraso, aparentemente por algún problema con la batería. Para entonces, el público había empezado a corear el “Ellos dicen mierda” de La Polla Records, grupo noticia de última hora por su anunciada vuelta a los escenarios y, según sabríamos dos días después, notición de publicación de nuevo disco con material nuevo. Saltaron, por fin, los tres protagonistas de la noche con total naturalidad: Gorka a la voz y a la guitarra, único miembro original. David González (Pi.L.T., Cobra) al bajo y Galder Izagirre (Dut, Kuraia) a la batería. Sin aspavientos, con la humildad que les caracteriza, se colocaron en sus puestos para atacar con “Beude” de su último disco “Infrasoinuak” (Only In Dreams, 2017), del que caerían unos cuantos, y comenzó un bombardeo de sensaciones y de emociones. Con una puesta en escena discreta, pero 100 % honesta y auténtica, se mostraron rabiosos y poderosos sobre las tablas. Acometieron con la primera incursión en “Jaio. Musika. Hil” (Gor, 2005), el disco que lo cambió todo, y lo hicieron por medio de “Iparra galdu: hegora joan” y la propia “Jaio. Musika. Hil”, cuando aquello ya pareció venirse abajo.

Otro dos clásicos, “Izena, izana, ezina” y “Gelaneurria” con sus cambios de ritmo y la sala entera dando palmas a las órdenes de Gorka, mantuvieron el pabellón bien alto hasta que, por fin, saltaron a ese discazo que a veces parece olvidado en los set list, “Payola” (Roadrunner, 2009), con “Hasi eta bukatu”. “Gezur bat mila aldiz” nos atronó y rajó la garganta de las primeras filas y volvieron a la actualidad con la celebradísima “Infrasoinuak” para después darnos la sorpresa con la vuelta a “Payola” y su mejor tema “Dortoken mendean” (con permiso de la impresionante “Jainko ateoa”, que no cayó) y su pesadísimo ritmo de corte Stoner. Una auténtica pasada que hizo las delicias de los amantes del género.

Con “Hozkia” Gorka se subió a la plataforma que estaba en primera línea del escenario y arengó al público que, por otra parte, no necesitaba mucho más para rugir. Gorka nos recordó la primera vez que se subieron a las tablas del Kafe Antzokia y cómo les presentó Jose Angel Irigarai. Subrayó lo que significó para ellos y también lo nerviosos que estaban aquel día. “Ahora nosotros nos callaremos -en referencia a su despedida – para dejar sitio a las nuevas generaciones”, algo que suscitó las protestas cariñosas de los asistentes.

Inmediatamente después, “Zimelkor”, “Zerbait asmatuko dugu” e “Hitzen oinarri ahula” constituyeron una magnífica incursión en “Denbora da polígrafo bakarra” (Only In Dreams, 2014), aquel disco de 20 temas presentado en tres CD’s y poco menos que una obra maestra. La primera, absolutamente hipnótica y mágica. En la segunda de ellas Gorka presentó al bajista: “David, desde Olabeaga!” entre aplausos. El mismo David presentó el tema, jugando con el público con varios amagos hasta que arrancaron con el mencionado “Zerbait asmatuko dugu”. Fueron momentos muy especiales, como cuando, no recuerdo en qué fase del concierto, Gorka se dirigió al público como de costumbre: “Gabon, Berri Txarrak, Nafarroatik!”, ante lo cual no pude evitar una sonrisa, al darme cuenta de que Galder es de Gipuzkoa y David de Bizkaia. El propio Gorka nos dió la respuesta: “Estos dos son navarros del oeste”.

“Ez” y “Ez dut nahi” nos transportaron a los inicos del entonces cuarteto de Lekunberri, concretamente al segundo disco “Ikasten” (Gor, 1999), del cual incluso caerían otros dos en la parte final. Gorka saltó en esa última por segunda vez al público. Pasamos al introspectivo y sugerente “Aditu bihurtuak” después del cual nos sorprendieron con “26 segundotan”, cuando lo natural hubiera sido abordar “Bigarren itzala”. Con Gorka subido a los altavoces y David en la tarima de la batería, volvieron a darnos ese tipo de espectáculo que sale de las entrañas y cuyas señas de identidad son la autenticidad y la pasión. Una auténtica gozada observar cómo se lo monta Galder marcando el complicado tempo de esta “26 segundotan”

Gorka hizo sonar unos acordes y acto seguido explicó que era el cumpleaños de Kurt Cobain, para atacar con nada menos que “Heart-shaped Box”, el mega-éxito de Nirvana en 1993, en lo que fue algo más que un amago pero que desgraciadamente se interrumpió muy pronto. Curiosamente, al año siguiente, cuando se creó Beri Txarrak, fue cuando Kurt encontró la muerte. La ya habitual “Sols el Poble salva al Poble” de los catalanes KOP que grabaran allá por 2007 fue otra de las cumbres, reforzada aún más por la explosividad de “Stereo”. El disco “Haria” (Kaiowas Records, 2011) fue el más perjudicado junto con el debut, aunque por lo menos sonó “Soilik agur”, que sirvió de despedida. El público empezó a corear “Altsasukoak askatu!” (“¡Liberad a los de Altsasu!”), sentimiento que es un clamor en Euskal Herria, y “Zai dago ama, zai aita”.

Tras una brevísima pausa arremetieron con “Isiltzen banaiz” y dos sorpresas más de los viejos tiempos, en su momento las más conocidas con diferencia: “Betiko leloaren betiko leloa” e “Ikusi arte”, de “Ikasten”, explosivas aunque lejos de la exquisitez que alcanzara el grupo en su madurez. Un súper motivado Galder brilló especialmente en estos primeros bises, y dió una tremenda paliza a los platos y la caja en estos temas en cuya composición lógicamente no participó al no estar entonces en el grupo. Lo dejaron en lo alto, se encendieron las luces, pero nadie se resignó a abandonar, aunque ya empezó a haber movimientos de retirada entre los asistentes mientras la otra parte seguía insistiendo. Los gritos de “Beste bat!” debieron de surtir efecto por cuanto el trío retornó por sorpresa, y ya fuera de horario se puso a la tarea con la acústica “Eskuak”. Seguidamente nos la volvieron a jugar, y en vez de empalmarla con “Ukabilak”, lo hicieron con “Katedral bat”, celebradísimo himno del último disco, y finiquitaron con un “Oihu” algo descabalgado en la parte inicial aunque muy poderoso. Fin del concierto, ahora sí. Han sido casi dos horas y 26 temas y una gran sensación de haber vivido algo histórico. En noviembre se apagarán las luces definitivamente. Tras un cuarto de siglo, no parece verdad que vaya a ocurrir. Se nos van muy pronto, demasiado.

Fin del concierto. Suena “The Weight” de The Band, y aunque sabemos que se acerca el último vals, no dejemos de disfrutar de lo que queda de la carrera de Berri Txarrak: 9 meses que darán mucho que hablar y donde aún nos depararán muchas sorpresas. Queda por cerrar ese macro concierto donde “todos los que se hayan quedado sin entradas este año nos puedan ver en directo”. Ese concierto puede ser un hito en la historia del rock vasco.