Hay quién prefiere canalizar su descontento a través de una rabia vacía que se queda en pataleta. Txarango son de los que prefieren llevar su balie a los necesitados para hablar con sus acciones. Su tercer largo “El cor de la terra” más todo lo que le rodea así lo demuestra.

El disco suena a Txarango por los cuatro costados, es marca de la casa. Quizás la novedad para mi resida en como suena la sección de vientos, mucho más potente y orgánica.
(Alguer Miquel, cantante): Sí, queríamos mejorar el sonido de los vientos, porque pensábamos que en los dos discos anteriores quedaba muy sintético. Y lo que hemos hecho ha sido grabarlos a todos juntos en directo en lugar de pista a pista como habíamos hecho siempre. Y por eso tiene esa sonoridad del directo.
(Sergi Carbonell, Piano): Esta vez antes de entrar a grabar llevábamos un mes y medio ensayando los nuevos temas y hay entre cinco y siete vientos, según el tema, tocados a la vez y eso le da mucha potencia.
(Alguer): De hecho este es el único cambio que teníamos pensado de antemano antes de entrar a grabar. El resto se han ido produciendo en el mismo estudio cuando grabábamos las canciones.
(Sergi): También es el disco con el que hemos estado más tiempo en el estudio.
(Alguer): Otra novedad de este disco es que por primera vez teníamos más temas de los catorce que al final han salido en el disco, así que hemos tenido que hacer una selección.

“Nosotros a estos sitios hemos podido ir porque nuestra música es alegre y hace bailar y eso allí era la verdadera bomba”.

Y ese proceso ¿cómo lo habéis realizado?
(Alguer): Votando.
(Sergi): La verdad es que ha sido complicado.
(Àlex Colinas, bajo): Es algo que no hemos hecho hasta el final de la grabación.
(Alguer): Yo quería que entrara uno que al final se descartó.

Llevas clavada la espinita…
(Alguer): Sí. (risas)
(Àlex): De hecho el primer aspirante a entrar es uno de los que al final no ha entrado, y uno de los que no iba a entrar sí lo ha hecho.

¿Cuál?
(Alguer): “Somriurem”, pero ha sido porque al principio no tenía básicamente casi nada hecho y es una de las que le acabamos de dar forma en el estudio. Y también nos ha pasado que los temas que hemos hecho en último lugar nos molan más que las que llevaban más tiempo escritas. Nos sonaban más frescas.

De hecho este disco es más largo que los anteriores ¿no?
(Alguer): Sí. Tiene catorce temas, al igual que los anteriores, pero nos ha salido más largo. Si hubiéramos tenido que elegir tan solo doce para hacerlo más ligero, no sé si hubiéramos podido hacer ese proceso de selección porque cada uno del grupo quería sacar una diferente y hubiera sido más complicado.

Y lo cierto es que empezáis fuerte, con toda una declaración de principios en el primer tema ¿verdad?
(Alguer): Sí, el primer tema plasma una mirada de lo que hemos vivido estos últimos años como grupo, cosa que es algo que tampoco habíamos hecho en los dos anteriores. Recoge ya de entrada las dos miradas que hay a lo largo del disco. Nuestra mirada del mundo que nos rodea y que nos empuja a hacer una llamada a abrir las puertas y permitir la libre circulación de las personas a las que hemos visto encerradas en los sitios en los que hemos estado, pero a la vez también nos funcionaba mucho como bienvenida del disco. Un “salam malecum” que invita a abrir la puerta del corazón para dejar que entre la música y que todo el mundo sea partícipe de ella. De hecho cuando la hicimos ya sabíamos que sería la primera y ya la planteamos así, como puerta de entrada al disco.

¿Y existe alguna experiencia en concreto que os golpeara especialmente?
(Alguer): Esta canción habla en concreto de la experiencia que tuvimos en los campos de refugiados que visitamos en Palestina y también de Ceuta y de Melilla que forman parte del máster de fronteras que hemos hecho últimamente y que intenta entender lo que supone vivir nuestra vida dentro de esa burbuja en la que se ha convertido Europa.

¿Habéis estado como grupo en Palestina?
(Alguer): Sí, sí. De hecho este disco recoge, sobre todo, la mirada que se nos ha generado en Palestina cuando estuvimos junto a “Payasos en Rebeldía” construyendo un festival de música y circo contra la ocupación militar y que fue una experiencia brutal que nos pegó una hostia muy heavy y nos ha hecho crecer mucho. Y después recoge también experiencias en Gambia y en Senegal donde esta primavera inauguramos un centro cultural que apadrinamos hace dos años y que ya es una realidad, y recoge también tres viajes a los campos de refugiados de Grecia más una caravana que hicimos en la frontera sur, que nos llevó a tocar en los centros de internamiento para extranjeros de Ceuta y de Melilla. Todo esto ha permitido que nos encontremos a nosotros mismos, y nos planteemos qué supone nuestra vida con respecto al resto del mundo y qué supone este proyecto de burbuja y de fortaleza Europea. En definitiva estamos planteando una mirada más clara hacia nosotros y nuestra incidencia irresponsable, voluntaria y genocida desde occidente hacia el resto del mundo.

Imagino que por eso mismo os habéis decidido a ceder la mitad de los derechos que generan cada una de las catorce canciones a diferentes organizaciones y colectivos.
(Alguer): Sí, hemos entendido que nuestra música tenía que servir para todavía mas de lo que ya estábamos haciendo y, como siempre, hemos estado buscando vías para ver cómo podíamos usar nuestra música para construir y para incidir socialmente también. Por eso se nos ocurrió que, con toda una serie de colectivos con los que ya hemos hecho cosas a lo largo de los últimos años, a ver que podíamos hacer para trasvasar y no solo ejercer de altavoz, que también. Eso nos llevó a regalar el cincuenta por ciento de los derechos de cada canción a un colectivo que nos representa y por ejemplo los derechos del tema que sale mañana (se refiere al video del primer single “Una lluna a l’aigua“) (NdR) van destinados a la plataforma de los afectados por la hipoteca que aboga por recuperar edificios y dar vivienda social a gente que no tiene. E igual que a la PAH, hemos elegido catorce colectivos que recibirán parte del dinero que generará este disco. Por eso mismo también vamos a ir presentando las canciones una a una. Porque pensamos que es importante que la gente que se acerque a Txarango como grupo, lo haga también a estas organizaciones como la PAH o la Plataforma “Cerremos los CIES” o a la gente de “Human Supporters” que es la gente que nos acogió en Palestina y se dedica a dar apoyo psicológico a los niños que crecen en territorio ocupado. Sin duda todo esto hace que este disco todavía sea más especial…
En el fondo nosotros nunca hemos politizado las letras de nuestras canciones y lo que hemos decidido hacer es politizar nuestras acciones, porque en el fondo no lo entendemos de otra forma. Si hablamos de reconstruir las cosas juntos y de celebrar la vida tocando temas universales, eso hace que mucha gente se acerque a Txarango y que después se encuentren la esencia de lo que realmente importa que es la responsabilidad de cómo y dónde participas. Y por ejemplo una cosa que hemos hecho este último año ha sido buscar como hacer toda la producción de nuestras camisetas en Cataluña para escapar de todo lo que entraña el sector del textil a escala global. Pensamos que es importante reflexionar sobre lo estético de cosas, porque hay mucha estética en la izquierda y nuestra obligación es pensar más en cómo y dónde estamos haciendo las cosas

Es muy difícil ser consecuente. Puedes tener unos ideales, pero luego en tu día a día la cosa se complica…
(Alguer):  Porque el sistema hace una cosa muy inteligente. Te responsabiliza de todo lo que se genera en el mundo, pero a la vez tú eres una víctima del sistema, porque en el fondo no eres más que un pobre blanquito que lucha por sobre vivir. Y tú sabes que detrás de una camiseta de tres euros hay toda la basura del mundo, pero tú la sigues comprando a tres euros porque no te puedes gastar tampoco mucho más. Y es ese doble juego que tenemos aquí el que nos hace estar presos. Pero bueno no sé, son muchas cosas que hemos vivido estos años e intentamos canalizar más en el sentido de qué es el grupo. También hemos intentado mucho coger el punto de perspectiva que nos permitiera hacer un disco positivo que se ciñera a las ideas generales que nos interesan que son el hecho de decir: sí, estamos vivos y eso es un milagro debemos acogernos a los actos de fe y de esperanza que hemos visto en muchos de estos sitios, destacando a toda esa gente que se mueve, que está ayudando

¿Habéis visto esa solidaridad entre la gente que lo está pasando mal en Palestina o Grecia?
(Alguer): Sí, de hecho hemos aprendido lo que era la música, que es un lenguaje de alegría universal y también hemos visto a muchos voluntarios que han visto lo que sucedía por las noticias y se han ido a ayudar desde a construir una escuela o a curar heridas o haciendo música, cualquier cosa sirve.

¿Lo más duro que habéis visto, lo que ha resultado más difícil de digerir?
(Alguer). Pues mira el primer día que llegamos a Idomeni conocimos a una niña que acababa de nacer en una tienda de campaña, pero la madre murió, y por la tarde tuvimos que cancelar una actuación porque un chico de catorce años se había tirado un bidón de gasolina por encima.

Idomeni está en Grecia ¿no?
(Alguer). Sí, en la frontera entre Grecia y Macedonia que está cerrada por el acuerdo entre Europa y Turquía, pero cuando estuvimos nosotros todavía había en el ambiente y entre los refugiados de que se abrirían las puertas de la frontera. Luego ya hemos realizado otros viajes y el último que hicimos fue ya a un campo militar en Grecia donde la gente estaba encerrada en una especie de almacén en el que no podía entrar la prensa ni nadie y lo cierto es que parece que los han borrado del mapa.

¿Cuantas personas pueden encerrar estos campos?
(Alguer): A Idomeni cuando llegamos había 14.000 personas en el campo más grande y luego alrededor había otros campos de 1500, 2000. Es una bestialidad porque Europa los ha borrado del mapa y a pesar de todo no queríamos que nuestro disco fuera una bomba de odio, al contrario. Nosotros a estos sitios hemos podido ir porque nuestra música es alegre y hace bailar y eso allí era la verdadera bomba.Y el hecho de que la gente se lo pasara bien, bailara… el ambiente que se generaba era mágico y  hace que te plantees que si ahora nosotros nos pusiéramos a cantar sobre cosas tristes ¿qué iríamos hacer  allí?. Nuestro papel era otro y por eso al principio nos asustamos un poco porque nos estaba saliendo un disco muy pesado y muy triste y lento, pero al final hemos logrado construir un disco al que le hemos conseguido darle la vuelta y levantarlo.

Y este cambio ¿fue totalmente consciente?
(Alguer) Sí, sí, fue un cambio consciente.

Vaya que os habéis convertido en una especie de embajadores de la alegría
(Alguer): Totalmente, cuando te dabas cuenta de que la música hacía salir a la gente de las tiendas de campaña y acabas generando un especie de espejo positivo sobre todo de cara a los niños que solo conocen las bombas, y cuando te das cuenta de la fuerza que tiene la música como lenguaje de la alegría, es brutal.

E imagino que todos estos viajes también habrán dejado un poso en vuestra música, porque por ejemplo la influencia de los ritmos africanos se hace más evidente en este disco.
(Alguer): Totalmente y por poner un ejemplo hay una canción que la grabamos junto al Coro Safari que también ha sido una historia muy chula porque nos escribieron de un orfanato de Uganda que trabajaban con los niños huérfanos de la guerra de Uganda a través de la música y querían grabar un disco y uno de los temas que habían escogido era un tema nuestro

Y ¿cómo os imagináis que va a ser el futuro de la banda?
(Alguer): Si pienso en el futuro hay una canción del disco que dice “que tot valgui la pena” (que todo merezca la pena) y vaya si pienso en el futuro espero que sepamos llevarlo siendo felices, que la música nos siga haciendo vibrar, y que todo esto que hemos hecho y por lo que nos hemos peleado tanto, podamos mirar atrás y veamos que hemos recogido frutos, que ha servido para algo.