Por fin lo ha conseguido. Ocho años después de editar “No Blood”, su primer trabajo de estudio, Najwa Nimri ha conseguido situarse al frente de una banda y dar un paso adelante en su electrónica de voz susurrante con su último álbum, “Walkabout” (Dro).

Un par de años después de “Salto al vacío”, primera película en cartel de una, por entonces, desconocida actriz de nombre impronunciable, se proyectara sólo en dos salas de cine de toda España, el primer y único álbum de Najwajean, “No Blood” (Subterfuge, 98), llegaba a los estantes de las tiendas de discos y, contra todo pronóstico, se convertía en un éxito de crítica y público. “Era el momento. La música electrónica no había resurgido del todo, pero todo el mundo la estaba ya escuchando. De repente sale nuestro disco, gusta la portada y cuela. Nadie nos conocía entonces”, recuerda Najwa, con un asomo de nostalgia en la mirada. ¿Nostalgia?

“Me siento muy a gusto. Es como: Por fin después de diez años, tengo banda”

“No, para nada. Lo que pasa es que han pasado casi diez años y todo el mundo me habla de ´No Blood´. Ha pasado mucho tiempo y sigo compitiendo contra mi disco. Es un poco… estresante”, asegura. ¿Y por qué crees que lo hacen? “Era oscuro. Tenía mala hostia. Teníamos veinte años. Pero a los veinte no se vuelve, ni a los treinta”, dice, hundida en el sillón del bar en el que charlamos. Le da un poco de rabia lo de que no se pueda fumar, aunque dice que no fuma, pero añade un “¿no te apetece un cigarrillo ahora?”. Se incorpora y empieza a jugar con su pulsera de cuero… ¿Hablamos de “Walkabout”? Claro, ¿por qué no? “Empezó siendo super dance. Pero me aburrí. Todo se me repetía mucho y me dije, ¿por qué no metemos una guitarra aquí y un violín allá? Y reinvierto el camino y acaba saliendo algo muy acústico. Más complejo de elaboración, pero más simple a la escucha”, explica, y empieza a hundirse en el sillón otra vez. El disco vuelve a ser obra de la fusión entre sus ideas y las de Raúl “SupercineXcene” Santos. “Todos los temas están hechos en base a ritmos electrónicos y luego incorporamos las guitarras, por eso no acaban de ser poperos”, añade. ¿Contenta del resultado? “Sí, mucho”. “Y sí, lo veo como un paso adelante porque la banda está cuajando. Me siento muy a gusto. Es como: Por fin después de diez años, tengo banda”, confiesa Najwa, que empezó haciendo de corista en una banda que tocaba canciones de Aretha Franklin. “Tengo un bajo, un guitarra, un batería, programación y yo. Ahora seremos cinco en el escenario, y si todo va bien, lo haremos más grande. Incorporaremos violines y más chicas que canten conmigo”, añade. Pero volvamos al disco, un “Mayday” menos frío y calculador, con dosis de una calidez especial (en “One Of Those Days”, “Sexy Light” o “Le Tien, Le Mien”, primer corte en francés de su discografía. “Estaba estudiando francés, los pronombres posesivos y… me salió”, dice). ¿El título, “Walkabout”? “Son los aborígenes australianos que marcaban el camino con canciones. El disco son parajes musicales. Una historia interrumpida para escuchar de noche en el coche”, cuenta y asegura que le obsesiona bastante que el álbum tenga una unidad. “Para que la gente pueda escucharlo de principio a fin. Y lo que pasa entonces es que siempre se me van los temas más ariscos, que son los que más me gustan. Me gustaría poder encontrar una línea en la que todo lo oscuro no se me quedara fuera”, dice, porque “mi sueño es hacer un tecno extraño, bien cantado, algo más mío, más oscuro. La gente me pregunta, ¿eres tú cuando cantas? Y yo les digo, pues a veces sí, y a veces no. Me meto en mis movidas mentales, estoy de repente en un paraje inhóspito… Pero sí, me gustaría explorar ese otro lado mío, que en el cine ya está más que explotado, ¿no?”, afirma, y se ríe. ¿Por qué no probar con un Ep? “Sí, no estaría mal, quizá algún día”, comenta y añade que su sueño tiene poco que ver con el de su discográfica, a la que le encantaría “que grabáramos un disco de voz y guitarra y yo espero que no”. Retrocedamos hasta “Walkabout” de nuevo. ¿Qué hay de las letras? “Son más cotidianas porque estoy más cotidiana. Para mí es tan importante hablar de que estás haciendo una tortilla en tu casa como de las grandes… cosas”, asegura y considera que si hay una diferencia que pueda apreciarse a primera escucha es que “ahora canto más. En los anteriores se me oía menos, era menos protagonista. En éste soy yo más rato”. Vuelve a estar hundida en el sillón. Dice que estos días escucha a Nathan Fake y que tiene más ganas de tocar en directo que en toda su vida. ¿Y el cine?, pregunto, porque la inminente gira parece poder alejarla un tiempo de las alfombras rojas. “Empiezo la de Icíar Bollaín ahora”. ¿Otro drama? Asiente. La chica oscura ataca de nuevo.