POSEEDORA DE UN ENVIDIABLE ATRACTIVO, DE UNAS CAPACIDADES INTERPRETATIVAS INDUDABLES Y DE UNA VOZ TRÉMULA Y SEDOSA TAN IMPERFECTA COMO HIPNÓTICA, NAJWA NIMRI NO SABE LO QUE ES LA INDIFERENCIA. Y CON “CAREFULLY”, SU SEGUNDO DISCO -ESTA VEZ SIN CARLOS JEAN-, VA A DEJAR ALGUNA QUE OTRA BOCA ABIERTA.

Recuerdo que Najwa Nimri se había quitado sus Nike. No por falta de decoro, no se trata de eso. Madrid rivaliza en lo de los índices pluviométricos con el Macondo de las lluvias sin fin desde hace un par de meses. Y Najwa se las ha quitado porque tiene los pies empapados y espera secarlos durante una sesión promocional asesina que no ha hecho sino empezar. Un café construido hace dos siglos es el improbable marco para una conversación que a priori habría de versar sobre un disco moderno, pero que se desarrolla por los vericuetos del mucho más. Enciendo la grabadora y escucho. Habíamos llegado hasta ese café para hablar de “Carefully” (Subterfuge, 01), su segundo disco como protagonista. Y sí, estamos hablando de él, pero intuyo -o supongo- que podríamos estar hablando de otras cosas, porque para el caso es lo mismo. Somos dos desconocidos intercambiando frases: ella muchas más que yo y yo muchas menos porque estoy empeñado en seguir el ridículo guión tras el que me parapeto. Es mi única defensa ante tamaño campo magnético. “Lo que es difícil es que alguien se aleje de la imagen y escuche de verdad”, dice mi grabadora nada más pulsar el play. Luego oigo el latido de un móvil que no es el mío y también la oigo contestar. Segundos más tarde, la descubro asomándose a mi cuestionario, para acabar terminando de formular la pregunta que le estaba planteando. “…veo que ha envejecido bastante rápidamente… acabo de leerlo… no lo he oído, no lo he oído, lo siguen comprando después de tres años, pero creo que este dura más… sí”.

“A mí el arte me da igual. La palabra arte me da igual. No sé lo que significa la palabra A-R-T-E… no la entiendo”

Paro la cinta y me doy cuenta de que, después de todo, no empezamos tan mal. Tras escuchar “Carefully”, no es muy difícil alcanzar el consenso: “No Blood” (Subterfuge, 98), fruto de su entente con Carlos Jean, ya peina canas. Y este nuevo vástago amenaza con quedarse más tiempo. Seguro. “Este no sé lo que es. Ayer lo estábamos oyendo en mezclas y no sabíamos lo que es. Decíamos ´¿esto es bueno o esto es malo?´ y decía Raúl ´esto es buenísssimo´. Y es buenísimo porque hemos tirado de nosotros, simplemente, sin referencias… solamente la libertad de una piba que se llama Björk, que a veces es inaudible, y de un tío que se llama Howie B, que lo que hacen es experimentar en ellos hasta llegar a ellos. Y cuando empiezas ese camino, no return back home. Ahí ya empiezas a estar contigo”. Rebobino. Vuelvo a escuchar desde el principio y compruebo que ahora ya estamos los tres. Ahora ya estamos todos. Resulta que “Carefully”, el segundo disco de Najwa no es sólo de Najwa. Pertenece también a Raúl Santos. Seguro que entre los tres entendemos mejor por qué este disco supura elegancia y vigencia en cada segundo. Porque Najwa lleva cantando toda la vida. Y porque para Raúl, el mismo Raúl que tocaba la batería con Los Planetas y que editó -como Supercinexcene- un disco de sedoso downtempo y que ha producido el nuevo trabajo de los hardcoretas madrileños 995, la música es la vida. “Lo primero fue una toma de contacto con nosotros mismos… o sea, con la música. Entonces importaba menos todo, era como ´a ver cómo suena esto con esto´ y ahora ya puede haber frescura, pero sobre todo hay consciencia. Y ahí es donde el camino empieza a ser interesante. Sin él no habría disco… sin el productor no hay disco”. La grabadora sigue reproduciendo, pero paro la cinta. Lo que enciendo ahora es un cigarrillo. Me cuesta imaginar cómo de un encuentro casual sale un disco como éste. Najwa Nimri me lo estaba contando, pero la nicotina, otra vez, ha podido más. De nuevo brilla la luz roja. “Yo me compré todos los artilugios para hacerlo sola, él de casualidad era mi vecino, juntamos fuerzas y empezamos a hacerlo. Había montado una cabina y pretendía hacerlo todo sola, y creo que el camino sola es absurdo, porque creces cuando empiezas a conocer a gente. Y él es un tío que está muy centrado en los sonidos. Vive para la música y está centrado en los sonidos, te quiero decir ¡Le fascina! Y a mí me fascina la voz y las melodías”. Su voz se oye fuerte y clara entre el cansino, crispado y concurrido concilio cafetero. También se me oye a mí, suponiendo que ella, además de aportar letras y melodías vocales, ha tenido algo que ver en la producción del disco. Najwa me anima a que siga suponiendo. “Sí, claro, pero bueno… ¿Y qué?”. ¡Cómo que “¿Y qué?”!, replico con una seguridad que no es sino súplica para que no me lo ponga difícil. Y ella colabora. “Sí claro que ha habido. En un principio no acababa de sonar porque Raúl era demasiado radical en lo que hacía. Y los dos hemos aprendido, es decir, yo puedo sonar… la electrónica conmigo puede sonar un poco más dura gracias a él y él puede sonar algo más melódico en el sentido de menos prejuicios. Los dos hemos aprendido, pero, vamos, claro que tengo que ver. Yo imagino mi voz y mis melodías en un ambiente y hasta conseguir ese ambiente… una vez has conseguido eso en tres temas la línea la tienes más clara. Hemos ido a tiro hecho porque las melodías estaban muy claras porque yo llevaba tiempo trabajando unas ideas. Luego, al trabajar con una persona más, tienes que abrirte de nuevo. Ha habido mucho apunte de todo, muchos descartes y al final ¡grjjjjjjj!…limpieza total y vuelta a empezar”.

“Para mí cantar e interpretar no son cosas diferentes. Estoy unida al corazón y al espíritu por la voz, la cara es algo moldeable y la personalidad algo desechable”

Najwa sigue hablando. Me habla de sesiones diarias de diez horas durante un año. Me habla de las fricciones -necesarias e inevitables en un trabajo intenso- que no han hecho sino llevar su amistad hasta las calmas aguas de la complicidad, en las que una mirada vale más que diez millones de palabras. Pero en lo concerniente a nosotros, a ella y a mí, la complicidad es una quimera. Y sigo mirando mi cuestionario, sugiriéndole que la acogida de “No Blood” fue el resultado de un cierto apetito coyuntural. “Siempre digo que no sabíamos siquiera si iba a haber disco. Juntamos nueve tema y resulta que se vendió. No hicimos apenas promo, hicimos cero conciertos, las apuestas entre Carlos Jean y yo eran ´a que vendemos cincuenta´. A pesar de todo la gente lo compró, luego sí debía de existir esa necesidad”. He apagado de nuevo mi estupenda grabadora. Pienso contar de carrerilla que Najwa Nimri ha dejado de trabajar junto a Carlos Jean por incompatibilidades de agenda que suponían un agobio para ella, que estaba dispuesta a trabajar durante un año entero exclusivamente en este disco. Un disco contemporáneo, bien entendido, impulsado por el hip hop y los ritmos rotos, por la experimentación controlada y las melodías sugerentes. Un disco frágil y bello. Una apuesta veraz y de hondo calado artístico llevada a cabo por alguien a quien, al parecer, se la suda el arte. “A mí el arte me da igual. La palabra arte me da igual. No sé lo que significa la palabra A-R-T-E… no la entiendo. No la encuentro en ningún lado, no la ubico. ¿Arte qué es? ¿Conexión?”. Disculpen pero debo rebobinar de nuevo. Yo quería saber si entre ella y Carlos Jean ha habido simples diferencias artísticas. Y miren con lo que me encuentro: “… ¿Arte qué es? ¿Conexión?”. No, lo que quiero saber es si sus planteamientos con respecto a la música eran distintos a los tuyos. “No, él es realmente productor. Disfruta mucho haciendo música de mil maneras y con millones de personas. Yo tenía necesidad de plasmar algo y necesidad de investigar y el horario no lo permitía, ya que hace falta tiempo para eso. Incompatibilidad de tiempo. Siempre es la misma… en