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“Melange” es una sesión de hipnotismo que durante una hora y trece minutos plantea una nueva forma de entender el rock psicodélico: a lo largo de sus quince temas el cuarteto madrileño juega con el oyente meciéndolo en una música de trance. En su propuesta Melange conjuga a la perfección los sonidos orientales propios del género y la energía del rock psicodélico más eléctrico, con una atmósfera que remite al folclore de aquí.

Su sonido es un cóctel perfecto entre influencias internacionales e influencias nacionales. Todo ello sin perder lo esencial a la hora de hablar de géneros revivalistas: “Melange” no puede ser un disco de los setenta, porque es un disco que suena al dosmil. Sin salirse de los elementos clásicos del rock psicodélico, suena fresco y contemporáneo. Con guitarras sutiles y limpias, un bajo melódico y definido, una batería que a veces arranca con ritmos que recuerdan a La Leyenda del Tiempo o al jazz, una sección de teclados que aparecen y desaparecen sutilmente, la intervención de instrumentos no eléctricos (vientos o incluso violines) y una voz cantante suave y chamánica; la suma de sus componentes produce el trampantojo de que “Melange” parezca una única canción de hora y cuarto de duración.

El disco abre con “La cosecha”, un corte instrumental de casi cuatro minutos. Le sigue “Solera”, que con un riff pegadizo va mutando de canción lírica “Querías pasarte todo el día encerrado / mirando al mundo a través de un cristal / a la costumbre estabas encadenado / Dijiste que tu vida no iba a cambiar”; a una segunda y tercera partes puramente instrumentales. De ahí se pasa a “Conan”, que con su melodía recuerda a la épica medievalesca a la que apela el título. “Saquesufáh” parece la versión adulterada de una musiquilla de ascensor, podría perfectamente formar parte de la Banda Sonora de “The Trip”.

“Verdiales del encuentro” retoma la lírica y abre con una batería constante que recuerda a la psicodelia moderna de los The Black Angels. “Viaje a Cenera” promete ser uno de los temas más pegadizos de todo el largo: su atrapante melodía, con los arreglos de sitar y su suave voz le dan al tema un sonido hipnótico. Breve y conciso, “Viaje a Cenera” es el tema capital de la comunión del sonido oriental y mediterráneo del que hace bandera “Melange”. “Los ojos negros (Bulerías de Dusseldorf)” es una canción que plantea un vaivén entre dos estructuras instrumentales: viene y va. “Beti jai (capricho sefardí)” se encuentra en el epicentro del álbum y empieza con un punteo de guitarra española que se mantendrá ligero y sutil, acompañado de voces y una batería suave.

Le sigue la atmosférica “Nuevos ritos”, que poco a poco va dibujando una línea melódica con teclados y hasta violines y recupera el protagonismo de la voz narrativa, aunque después volverá a romper mutando en un tema absolutamente diferente al original: este recurso manido hace del disco un constante regate para el oyente atento. La frecuente ruptura de los temas hace que la entrada de “Despertar” parezca un apéndice más de “Nuevos ritos”. Con la voz cobrando de nuevo el protagonismo, los vaivenes instrumentales desfiguran la canción al antojo de los intérpretes, que vuelven a perfilar un tema polimorfo e impredecible. “In the hands of time” es el único tema del disco cantado en inglés y vuelve a buscar ese sonido hipnótico que transpira “Melange”.

La recta final del álbum la abre “Las dunas de Diabat”, con una guitarra cuya melodía recuerda a sonidos del desierto árabe propios de Bombino o Mdou Moctar. “Las olas del mar” vuelve a la lírica narrativa de la voz dispersa con una instrumental elaborada que nuevamente va acomplejándose a medida que evoluciona el tema, con reveses de intensidad. “La montaña”, penúltimo corte del disco, abre con unos teclados chamánicos, precediendo a otra canción instrumental que mezcla sonidos orientales y eléctricos. Tras los otros catorce temas que la preceden en el álbum, “Tríptico de tobalá” es la canción escogida para cerrar “Melange”. Con un arranque lírico, el tema usa de vientos para ir desarrollándose melódicamente durante sus ocho minutos de casi puro desarrollo instrumental, transmitiendo la impresión de que se trata de una jam sesión de improvisación en directo.

Este álbum homónimo de Melange, que lo componen músicos de Luger, RIP KC y Bucles; es un cañonazo de salida, un debut en toda regla. Sin duda el cuarteto madrileño ha puesto el listón muy alto. Ahora les queda por delante defender su propuesta sobre el escenario y transmitir en directo la energía y profundidad que irradia “Melange”.

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