Este año el mes de Julio se adelantó más que nunca, el blues no podía esperar, tocaba hacer las maletas de nuevo y recorrer carreteras de olivos en busca de Cazorleans.
Es curioso como un festival de música puede marcar el rumbo de todo un verano… ¿Qué sería de julio sin el Blues de Cazorla? Diecinueve añitos y la alegría de ese pequeño pueblo de Jaén sigue sorprendiendo y curando a todos los enfermos de blues que peregrinamos allí cada año. Y en 2013 la magia sigue, más de una veintena de artistas de primer nivel ayudarían a los más de 15.000 asistentes a llevar a cabo la alquimia: en la sierra donde nace el Guadalquivir se volvió a desbordar el Mississippi.

La armónica brasileña de Flavio Guimaraes nos dio la bienvenida y nos hizo bailar en el albero durante más de una hora. Pero el público que abarrotaba la plaza de toros estaba ansioso por hacer “la casa por el tejado” (tema que no tardaría en sonar): estaba claro que la noche del jueves le pertenecía a Fito y los suyos. El concierto menos ortodoxo del festival fue toda una fiesta, quizás les faltó una pizca de intensidad a los Fitipaldis, pero cuando te sobran tablas y la máquina está engrasada a la perfección, poco se necesita para “pasito a pasito, buscar el equilibrio
y dejarte llevar…”. La plaza al unísono cantó canciones como “Soldadito Marinero”, “Al Cantar” o “Antes de que cuente 10”. Y es que aunque los mas puristas “no quisieron volar”, Fito nos hizo “mirar al cielo” más de una vez.
La madrugada ya pesaba, pero nos invitaron a tequila y los pies se nos movían solos en el último concierto de la noche, gracias a los mexicanos The Mighty Calacas y su mezcla de funk, cumbia, soul, surf y grooves.

El viernes siempre es un día grande en Cazorleans porque es el primer contacto con la plaza de Santa María (Gambrinus), y este año dio el pistoletazo de salida al blues mañanero y a la guerra de agua el multiinstrumentista The Walking Stick Man, que ya pudimos disfrutar en el mismo escenario en 2009 .Tras él, seguimos disfrutando y esquivando los casi 40 grados que nos acompañaban con Vudu & Jukebox, que tras muchos años de cruzárnoslos entre el público, por fin se subieron al escenario con sus “Cartas marcadas”, y no defraudaron. Tom’s Cabin ofreció una dosis de folk rock para cerrar una buena jornada en la plaza Gambrinus.
La sesión de tarde la abría en el escenario Auditorium José Antonio García, ‘Pitos’, el que fuera cantante de los granadinos 091, versionando canciones de los grandes músicos que le han influenciado. Y tras los ecos de 091, llegaron Quique Gómez & Luca Giordano Band. El armonicista madrileño junto al guitarrista italiano se fusionan a la perfección. El clímax de la actuación llegó al final, con Quique Gómez cantando a capella entre el público el clásico que popularizó, entre otros, Freddie King o Etta James: “Ain’t nodobdy business”. Ya con poco tiempo, cerraron la tarde con buen sabor a rock los madrileños King Bee.

La noche nos atropelló sin que nos diéramos cuenta, de nuevo estábamos en la plaza de toros esperando a puerta gayola a Little Mike & The Tornadoes, y como era de esperar, nos llevaron por delante. Una mezcla explosiva de blues de Chicago y rock n’ roll que recordaba a los mejores The Fabulous Thunderbirds de Jimmie Vaughan y Kim Wilson. Y tras la tormenta no vino la calma, era la hora de Janiva Magness, posiblemente la mejor voz del blues soul de la actualidad. Grandes reconocimientos avalan su trayectoria, como el ‘The Blues Foundation’, que nombró a Magness con el premio ‘BB Entertainer of the Year’ en 2009, convirtiéndose en la segunda mujer después de Koko Taylor en recibir este honor. Tras sus músicos, una de las mejores bandas de blues que ha pasado por el festival (Matt Tecu a la batería, Gary Davenport al bajo, Jim Alfredson al teclado y hammond, y el guitarrista Zach Zunis), salió Lady Magness al escenario: De negro (unos pequeños shorts y un generoso escote), pura sensualidad y clase a sus 56 años. Sólo necesito un asalto para noquear al público. De lo mejor de la noche (y del festival) fueron las interpretaciones de “There It Is”, “I Won’t Cry” o la versión del “Make It Rain” de Tom Waits. La temperatura subió cuando cogió una cigar-box guitar para cantar “Whoop and holler”, y el termómetro reventó con la serpenteante “Dirty Water”. Una voz que se te queda dentro hasta que vuelvas a tener la suerte de volver a verla en directo.

La dosis de blues clásico la puso la elegancia de la guitarra de Anson Funderburgh, con aroma a Jimmy Reed y Albert Collins. Y los ingleses Nine Below Zero cerraron la noche del viernes con su blues rock (al más puro estilo Dr Feelgood), que borró todo el cansancio acumulado de la jornada durante su vibrante actuación.

El sábado llegó como un tercer asalto, y con más calor y con más ganas de buena música bajábamos las cuestas de Cazorla cuando… nos atraparon los cantos de sirena de Suzette Moncrief (jazz, soul, gospel o blues, con todo puede) y la guitarra del gran Lito Fernández al mando. La plaza Gambrinus estaba llena hasta la bandera, y entre cervezas que luchaban con el sol y cubos de agua bien recibidos, el blues y el swing de Chino & The Big Bet nos acercaba a la buena vida que siempre promete y da Cazorla. Hasta luego le dijimos a la plaza Santa María con el sonido New Orleans de la Blind Lemons. A la sombra de Fast Domino y Dr John dimos los últimos tragos, y bailamos por el lado salvaje con una festiva versión del “Walk On The Wild Side” de Lou Reed en el que la plaza entera cantó, a lo Albert Pla el: lei lerei lerei lei lerei lerei… Otro momento imborrable.
En el escenario Auditorium nos esperaba Pepe Delgado & Blues Reunión, que nos deleitaron con temas propios y clásicos con influencias del swing, el blues rural y el blues de Chicago, siempre con el toque andaluz que les caracteriza. Y ahora tocaba abrir uno de esos regalos a los que nos tiene acostumbrado el Blues Cazorla: Cosmosoul, una gran banda y una Alana Sinkëy que canta como los ángeles de Machín y que resuma carisma por cada poro de su piel. Soul, funk y R&B que seguiremos muy de cerca.
Y como siempre hay algún bar que se llama Las Vegas, nos fuimos a seguir disfrutando de Cazorla y a recargar las pilas para todo lo que aún nos venía encima, y de fondo, la Lito Blues Band ponía la guinda al escenario Auditorium con la ayuda de nuevo de Suzzete Moncrief.

La noche del sábado secuestró al día, y Los Coronas abrieron el escenario Cruzcampo por última vez este año. No tardaron ni cinco segundos en revolucionar la plaza, con su mezcla de rock, tex mex, música fronteriza y folklore español que ellos saben hacer como nadie: Tarantino, pasodobles, los Ramones o una surfera versión del “Tengo el corazón contento” de Marisol…
Y si Janiva Magness fue la indiscutible reina del viernes, la noche calurosa de verano del sábado pedía a gritos la llegada de una estrella: George Thorogood apareció con gafas de sol y con una actitud envidiable a sus 63 años. Junto a sus Destroyers, que visitaban por primera vez España, pusieron boca abajo la plaza de toros con su boogie y blues rock. Fueron cayendo hits como: “Madison Blues”, “Who Do You Love”, “One bourbon, one scotch, one beer” o el esperadísimo “Bad to the bone”. Y cada tema sonaba más poderoso que el anterior. Mr Thorogood, con su voz y su slide, fue el rey definitivo de esta decimonovena edición del Blues de Cazorla.
Y cuando parecía que la noche no podría volver a despegar, tras la apoteosis George Thorogood & Destroyers, llegó la hora de otro grande, el libanés Otis Grand (el día anterior lo vimos entre el público disfrutando también de los conciertos), que acompañado de la Big Blues Band, dijo: “Are you ready for the blues?”. Y la plaza resurgió de sus cenizas para contonearse con los blues de Otis y la gran banda que lo acompaña. Otis Grand terminó bajando del escenario para tocar entre el público y dar la vuelta al ruedo… apunto estuvo de destronar a Mr. Thorogood.
Los sevillanos The Milkyway Express, con su rock setentero, fueron los encargados de cerrar el Blues Cazorla, que otro año más ha confirmado que es uno de los mejores festivales de Europa. Salimos por la puerta grande cantando: “Oh, sweet nuthin’, she ain’t got nothing at all…”, tras la versión que se marcó el grupo sevillano del tema de la Velvet Underground, al más puro estilo Black Crowes.
Y el Mississippi, que otro año más inundó de buena música Cazorleans, volvió a su cauce, donde esperará hasta el próximo mes de julio para poder recorrer de nuevo esas plazas y esas calles donde volveremos a darnos un baño de blues.