La chica más lista que conozco
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La chica más lista que conozco

8 / 10
José Martínez Ros — 27-04-2026
Empresa — Lumen

Existía una lógica expectación por el nuevo libro de la aún muy joven Sara Barquinero (1994). El motivo es obvio: su anterior novela “Los escorpiones”, era una de las obras de narrativa más ambiciosas publicadas en español en lo que llevamos de siglo XXI. Un enorme “tocho” de ochocientas páginas en la que se percibía la influencia de autores como David Foster Wallace, Thomas Pynchon o Roberto Bolaño, pero que nos descubría, ante todo, a autora con una voz propia y una visión oscurísima del mundo hiperconectado de nuestra época. Después de un libro tan masivo (y logrado), cabía preguntarse qué vendría a continuación.

Y la respuesta es “La chica más lista que conozco”. Se trata de una novela que se acoge al modelo de “novela de aprendizaje” y, sobre todo, a un subgénero tan habitual en la literatura anglosajona como escaso en la española: la “novela de campus”, es decir, aquella cuya trama se imbrica con los años de formación universitaria de su protagonista. Que, en este caso, es Alicia, una chica de Valladolid que deja la casa de sus padres y se asienta en Madrid, en casa de una familiar, para estudiar Filosofía en la Complutense. Su más de cuatrocientas páginas abarcarán los años que la separan de la licenciatura, en los que se transformará en una mujer muy diferente tras recibir, por la vía práctica, a través de sus experiencias, una completa educación intelectual, sentimental y política. La Alicia que conocemos en las primeras páginas está apegada a su idealismo juvenil, pero este será vapuleado en esos tres frentes al enfrentarse con la vida real. Como suele ocurrir, su camino hacia la madurez es un sendero cargado de decepciones.

Su aprecio por la filosofía (la novela está plagada de citas y reflexiones surgidas de sus lecturas de Platón, María Zambrano o Roland Bathes y, sobre todo, de Sartre, que se usan con gran inteligencia para ampliar el significado de los que se nos narra) choca con el contexto universitario, que se presenta como una ciénaga de corrupción, intrigas, nepotismo y arbitrariedades institucionalizadas. El idealismo político -la obra se sitúa en el momento en el que comenzaban a fermentar movimientos como el 15-M y el Metoo- termina siendo arrasado por el puro arribismo de quienes lo instrumentalizan para escalar a puestos de poder o en vendettas privadas. Y, por último, en su educación sentimental y erótica sufre el mayor descalabro de todos, cuando se enamore de uno de sus profesores, Juan Comala, que le dobla en edad. Con él tendrá un romance tremendamente tóxico, pero no tópico. Por así expresarlo, Barquinero acierta a describir una relación en la que existe abusos y engaños sin una pizca de victimismo; en la que sus protagonistas sufren tanto por amar a una persona inadecuada como por el hecho de ser incapaces de verla como es, de separarla de sus ilusiones y fantasías.

“La chica más lista que conozco” no llega a la altura de “Los escorpiones” porque esta ultima rozaba la condición de obra maestra. Pero es una novela excelente, llena de inteligencia, de personajes complejos y poderío narrativo, con un retrato tan brillante como ácido del submundo universitario. Tras su lectura, no debería quedar ninguna duda acerca de un hecho: Sara Barquinero es una de las escritoras que mejor nos relata nuestro tiempo.

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