Crecer hacia dentro
ConciertosMugacu Fest

Crecer hacia dentro

8 / 10
Chema Maestre / Diego Case — 30-06-2026
Fecha — 26 junio, 2026
Fotografía — Chema Maestre / Diego Case

Sostener un festival durante diez años implica mucho más que programar conciertos: supone esquivar dificultades, ajustar expectativas y tomar decisiones incómodas sin perder la identidad por el camino. En una época en la que muchos festivales crecen hacia arriba, Mugacu ha seguido creciendo hacia dentro. Diez ediciones después, el festival de Viana ya no necesita demostrar demasiado. Ha encontrado su lugar sin renunciar a lo que lo hacía especial desde el principio: un aforo contenido, un diálogo natural con el patrimonio, las ruinas de San Pedro como escenario difícil de igualar y una forma de hacer las cosas que se percibe desde que se cruza la puerta. Aquí no todo se mide en cifras. También cuentan el trato, los tiempos y los detalles invisibles. Ese “cariño” del que tanto se habla cuando cuesta explicarlo de otra manera.

Y esa forma de entender las cosas también se refleja en el cartel. La décima edición volvió a combinar nombres consolidados con propuestas cercanas, reservando espacio para quienes empiezan a construir su propio recorrido. Antes de los focos principales, el festival mira hacia el futuro.

Viernes 26

La noche del viernes comenzó así, casi sin estridencias, con Mon Dvy abriendo el escenario de las ruinas mientras el público todavía iba ocupando su sitio y la luz natural empezaba a retirarse poco a poco. Su presencia no era casual: formaba parte del programa de impulso al talento emergente de Navarra Music Commission, una iniciativa que encuentra en Mugacu un escaparate coherente con su filosofía.

Su propuesta, situada entre el pop alternativo, la electrónica y ciertas texturas cercanas al R&B contemporáneo, encajó con ese momento de transición entre la tarde y la noche. Más que imponer ritmo, planteó una atmósfera. Un inicio sin prisa, casi íntimo, que permitió que el festival arrancara desde la calma antes de empezar a crecer.
Llegaba además presentando "Cartas de amor con faltas de (h)ortografía", su primer LP, un trabajo que refuerza esa voluntad de construir algo más que canciones sueltas. Tampoco pareció buscar otra cosa sobre el escenario. El proyecto de Martín Muñoz, en el que Ibai Izquierdo aporta desde la trompeta y los arreglos una dimensión clave del sonido, se sostiene sobre una manera de entender la música que rehúye la urgencia y la acumulación de estímulos. En directo, esa intención se tradujo en un desarrollo progresivo, apoyado en programaciones y en un entramado sonoro que fue encontrando su espacio poco a poco, sin necesidad de forzar el momento.

Si Mon Dvy había abierto la noche desde la contención, Rata se encargaron de llevarla al extremo contrario. El dúo murciano convirtió el escenario en un golpe directo, de esos que obligan a reaccionar sin margen ni preparación. La ruptura fue también formal. Frente a la intuición habitual que asocia los dúos al tándem de guitarra y batería, aquí todo se construía desde otro lugar: un bajo que asumía el peso principal y se expandía junto a la batería hasta ocuparlo prácticamente todo. De ahí ese sonido más denso, más físico, por momentos abrasivo, que no dejó espacio para la duda, sino para el impacto.

Con lo mínimo, levantaron un directo que no dejó espacio para la duda. El bajo se expandía hasta ocuparlo todo mientras la batería empujaba en una tensión constante, generando una sensación de urgencia que rompe por completo con lo que había ocurrido minutos antes. A eso se sumó una actitud que termina de definir el proyecto. Letras con un punto gamberro, sin demasiados filtros, y un discurso que se mueve entre la ironía y la autoafirmación. Hay algo de consigna generacional en ese “yo de mayor quiero ser yo” que, sobre el escenario, funcionó casi como principio y declaración de intenciones. El público, ya completamente dentro del festival, respondió en la misma frecuencia. La noche dejaba de arrancar para empezar a acelerarse.

Sidecars tomaron el relevo para cerrar la noche desde otro lugar: el de la solidez, la elegancia y ese oficio que no necesita demostración constante. Aunque el grupo se articula en torno a su formato de trío, sobre el escenario se presentaron como sexteto, ampliando su sonido con un equilibrio entre guitarras, base rítmica y arreglos que permitía que cada canción respirara sin renunciar a una pegada constante. Todo parecía estar en su sitio, sin rigidez, con esa naturalidad que solo tienen los proyectos que acumulan carretera. Ocho discos respaldan ya una trayectoria construida con paciencia y oficio.

Llegaban presentando "Everest", en una de sus pocas paradas en el norte, y el concierto funcionó desde ahí, sin necesidad de grandes artificios. No hubo giros inesperados: confiaron en un repertorio sólido y en una ejecución impecable para sostener el cierre de la jornada.

Pero si algo terminó de definir su paso por Mugacu fue la conexión con el público. A esas alturas de la noche ya no hacía falta romper el hielo. Canción tras canción, las voces se multiplicaron desde abajo, acompañando prácticamente todo el repertorio y convirtiendo el concierto en algo compartido, más cercano a la celebración que a la simple actuación.

Sábado 27

La música comenzó en Jardines de Serrat, con el calor inédito de este junio de 2026 y un gran ambiente desde primera hora de la tarde con las actuaciones gratuitas de Paco Pecado y Begut. Jumelage había tocado a la hora del vermut, un aperitivo perfecto antes de que el público poco a poco fuera entrando en las icónicas ruinas de San Pedro.

A las nueve en punto apareció Xoel López. Indumentaria de trabajo, camisa azul marino, gafas de sol, pantalones rojos y guitarra en mano, listo para ofrecer un concierto con una factura exquisita, a la que nos tiene acostumbrados, en la que cada canción se reivindica como un himno más del indie español. ‘Yo soñaba cada día poder alcanzar la playa’ fueron los primeros compases cantados por Xoel de su mítico tema “Tierra”. Siguió con su particular muerte al amor romántico “Cupido”, de su último disco "Oniria Popular"; una muerte muy dulce y fresca, como tomarte un buen helado mientras te desencantas del amor disneyficado es ‘la forma de decirlo’ de Xoel. Tras un escueto ‘hola’, pues no hay tiempo que perder en explicaciones en formato festival cuando las canciones hablan por sí solas, siguió con “Elevarte Caer” mientras poco a poco el recinto terminaba de llenarse.

Xoel, entre tanto, tocando temazo tras temazo sin bajar el pistón ‘elevándonos hasta dejarnos caer’: “Sombras Chinas de Oniria Popular, “Fort Da”, “Lodo” .... Un público variado, muy del Mugacu, familias con niños a hombros en primera fila, grupos de amigos en camisetas festivaleras, los padres de esos amigos, y muchas ganas de disfrutar en un atardecer en el que hasta los pájaros revoloteaban al ritmo de Xoel, o eso quise pensar yo.

Vino “A Serea e o Mariñeiro”, su canción en galego, sostenida por un bombo tan ancestral, tan folclórico y tan color pop al mismo tiempo… retumbando en el gran arco románico de las ruinas de San Pedro y aliñado con un shaker que conecta Galicia con el Caribe, ‘historias universales’ que convergen en el escenario del Mugacu. Y es que, sí, también hubo lugar para un tema de Deluxe, “Historia Universal” reversionado para la ocasión, pero con esas texturas vocales tan Deluxe. Se ve que era para la ocasión, pues Xoel empezó el tema un traste por encima, ¡viva el error en estos tiempos tan deshumanizados que corren! Aplausos, traste para abajo y seguimos.

Xoel López continuó con la presentación de algunos de los temas de su último álbum con “Mundo Flotante”. Un álbum, este último, con un sonido muy optimista, perfecto para la ocasión. Aunque, como bien dijo el bueno de Xoel, los festivales no son el mejor lugar para estrenar temas, el público del Mugacu es diferente y los acogió de oídos abiertos. El concierto continuó con ese merengue mezcla de Dylan y Juan Luis Guerra, “Mágica y Eterna” que hizo bailar hasta a los de seguridad ‘nonononono oh oh oh’. El piano eléctrico de la intro de “Glaciar” calmó un poco los ánimos para encarar la recta final del concierto, con “Ningún Nombre”, “Todo lo que Merezcas”, “Campos de Castilla” y “Monstruo Final”. Antes de culminar un concierto impecable, el cantante quiso destacar el privilegio que supone tocar en un lugar como las ruinas de San Pedro, no le faltaba razón; también dice mucho de artistas como Xoel que mantengan su compromiso y buena disposición para tocar en Viana (¡y que sigan!). El cierre con “Tigre de Bengala” terminó por levantar definitivamente al público, ‘arriba y arribaaaa’.

La noche ya estaba caldeada cuando apareció sobre el escenario Dodosound y su pedazo de banda. De Bruselas (donde habían tocado el día anterior) a Nafarroa en metro virtual con parada en Viana. Con unos visuales de estaciones y voz en off preludio de un despliegue brutal de música y video, una puesta en escena muy bien trabajada, eléctrica, ecléctica, potente, fascinante… Empezaron con su tema “Volando” y entró Iseo en escena como un vendaval, trenzas al vuelo también; el escenario se le quedaba pequeño. Iseo tiene el aura de esas artistas que, sin esfuerzo (aparente) cautivan magnéticamente al público en dos versos. Siguieron con “La Tormenta” y sus temas en inglés “Freedom” con un recuerdo por ‘Palestina Libre’ unido a “Frozen Desert” ‘I´m Burning, I´m Burning and Burning’ con sus vibes reggae.

El concierto siguió con el dúo navarro cantando entre el público, Dodosound sampler al aire, dando muestra de que su turntablismo es de verdad. Ya en el escenario tocaron “Fresh Air” y “Ay Corazón”, donde recordaron que habían tocado en la primera edición del Mugacu en 2017 y expresaron lo especial que era volver a un festi en el que se sienten como en casa. Siguieron con “Cuando Salga el Sol” (me llevas al pantano corazón). Un tema con un estilo más funky, como también el de sus visuales de neones; una canción de verano, pero de las de verdad, no de las que te duran mes y medio. Siguieron con “Vampire”, donde el viento metal se mezcló con una suerte de neo-irrintzi de Iseo mientras unos enormes ojos y manos trataban de atraparla desde la pantalla. Tras “Como un Volcán”, vino “Esta Noche”, una mezcla audiovisual sanferminera-dubstep que terminó de incendiar unas ruinas de San Pedro en su momento más álgido.

Se empezaron a despedir con su versión de “Porque te vas”, el mítico tema que cantaba Jeanette, con unos arreglos de viento metal y flauta muy-muy-muy finos. En general, una actuación impecable del conjunto. Se hicieron un poco de rogar con el público jaleando ‘beste bat’ antes de regresar con “Extranjero”, presentación de toda la banda y despedida.
Iseo & Dodosound jugaban en casa, la gente respondió como tal con llenazo total y la banda demostró en Viana que tienen un directo super trabajado, con una producción donde todos suenan a una. Sus visuales, heterogéneos y potentes, son un reflejo visual de su sonido madurado que bebe de fuentes tan variadas y tan cercanas como el reggae, funky, dubstep, hip hop, neosoul, música más urbana… y que funcionan a la perfección, sobre todo arropados por su banda.

Todavía quedaba la gran descarga de guitarras de la noche. Zea Mays apareció con un ligero retraso justificado, por otra parte, por el despliegue instrumental y visual tanto de su actuación como la de Iseo & Dodosound. La espera mereció la pena.

La icónica banda bilbaína, referente del rock en euskera desde finales de los años noventa, entro en el escenario al ritmo del Vals de Amélie Poulain. Zea Mays iban a dar un concierto en lento, pero constante, crescendo combinando la potencia distorsionada de su rock alternativo con un halo muy intimista al mismo tiempo. Comenzaron con una atmósfera sonora sobre la que la voz de Aiora Renteria iba a brillar con sus primeros “Haizearen Jainko Beltza!”.

Siguieron con “Gaur ni Naiz” y “Adore”, esta última, probablemente con el color más pop de todo su repertorio. Y siguieron con “Kuraia”, donde los sintetizadores aparecieron por primera vez para mostrar todo el despliegue sonoro de la banda cuando el tema rompe llevándonos a un momento muy post-rock (emoción). “Elektrizitatea”, con sus primeros versos de guitarra arpegiada, y la gente termina de entrar, poco a poco y definitivamente, en el concierto. Una catarsis de energía invisible que llega a su momento álgido con redobles de caja de batería. Un público fiel el del Mugacu, donde las familias con sus peques ahí estaban cantando las letras de Zea Mays a altas horas, ¡Devotos!. Tras “Kemena” vino la cover de “Corazón de Tango”, su único tema en castellano, y quizás el más festivalero de todos “vamos a engañarnos, ¡dulce locura!”. El concierto fue pura música y conexión, no hubo palabras hasta antes de la última canción, cuando Aiora Renteria hizo agradecimientos y tuvo palabras en euskera para el público. El concierto acabó con la mítica “Kukutxa III”, con la vocalista subida junto al batería Asier Basabe mientras Ruben González (bajo) e Iñaki Imaz (guitarra), sobre todo este último, lo daban todo.
Un concierto de una banda con un largo recorrido a sus amplificadores y muchas canciones que llevan años impregnando en la psique y los recuerdos de muchos.

Para los que se resistían a marcharse del festival, el line up siguió con el cierre del gran David Van Bylen, el dj siempre sonriente capaz de mezclar himnos inmortales del indie con un toque dance elegante y una buena vibra muy contagiosa. Así concluyó una jornada que confirmó que el Mugacu Fest es mucho más que un festival de música. Es una manera de entender la música, la cultura (y la gastronomía) desde la cercanía, apostando por un formato que mantiene el corazón del evento, contra viento y marea, en pleno centro de Viana, entre las calles estrechas del casco y las ruinas de San Pedro.

Levantar un cartel de este nivel en un entorno así exige un enorme esfuerzo organizativo, y una convicción que merece ser reconocida. Diez años después de su nacimiento, solo queda felicitar a quienes lo hacen posible y brindar por muchas ediciones más.

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