¿Un fin de semana largo inmersos en variados sonidos de rock y aledaños bajo un sol de justicia? Oh, eso es vida para mí, una especie de vacaciones felices, aunque bien es cierto que no creo que nadie hubiese rechazado controlar y disminuir un poco la intensidad de la estrella más cercana a la tierra, aunque sólo fuera durante unos minutos. Unas máximas de treinta y tantos grados y varias lluvias acompañaron a lo largo de tres jornadas en las que se ofrecían shows de artistas de aquí y de allá que iban del rock n roll más básico y festivo al punk, el country, el blues, el power pop y hasta el rap. Moló el cartel en la entrada del recinto, donde aparecía la imagen del fantasma de la película Ghostbusters con gafas de sol y la siguiente frase que rimaba: “NO POSERS beyond this point”, es decir “nada de postureos, o impostores a partir de aquí”. Muchos de los que llevamos muchos años acudiendo a la cita anual seguimos teniéndolo claro, It’s only Azkena Rock but we like it. J.B.
Jueves, 18 de junio
Robert Finley, proveniente de uno de los estados más musicales de su país (Luisiana), acababa de empezar a calentar la marmita para preparar con mimo su preciada sopa gumbo musical. Con mucho blues con sentimiento soul y viceversa, pudimos comprobar que lo de este músico de setenta y dos años —rescatado del olvido hace una década por Dan Auerbach aunque ya había grabado un álbum con Jimbo Mathus— funciona a la perfección en directo. Provisto de una banda pequeña y de dos coristas en momentos puntuales, sus canciones llegaron a un público que cada vez era más numeroso, y los falsetes que se marcó destacaron sobremanera. “Get It While You Can”, la medio funky y vacilona “Sneaking Around” —que recordó al añorado Clarence Carter— o el cierre de “I Wanna Thank You” fueron algunas de las canciones del repertorio que más a fuego se me quedaron grabadas. J.B.
El grupo holandés Dewolff continuó dejando claro la obsesión que desde hace años —desde que vieran dar un sermón en su iglesia al mismísimo Al Green— tienen por el gospel, e irremediablemente, y como han hecho en recomendables discos, lo mezclaron con su rock de corte sureño con sonidos de blues y psicodelia. Esta vez iban con su formación original de trío (teclados hammond en vez de bajo) y con el añadido, también, de dos coristas, para destacar del todo ese espíritu de gospel. “Night Train” fue el atractivo arranque, y a la fuerza hay que destacar el cierre, el tema “Rosita”, de veinticinco minutos de duración, con varias secciones, y que encapsula como ninguna otra todas las caras que este grupo puede ofrecer. Mucha peña salió del bolo como en una nube. J.B.
Hacía tiempo que se había anunciado que el show de Imelda May llevaría el subtítulo de “exclusive rock n roll show featuring Darrel Highman”, es decir, que volvía a la banda su guitarrista original y exmarido, para repasar sus primeros discos y el material más rockabilly, que es muy copioso y que se pensó que iba a satisfacer más al público del festival. Puede que fuera así, pero personalmente no me hubiera importado escuchar alguna de sus grandes baladas. Aún así, con balas como “Big Bad Handsome Man”, “Johnny Got a Boom Boom” o su potente versión del “Train Kept a Rolling” del insustituible Johnny Burnette —por destacar algunas de las más celebradas—, la irlandesa tuvo al público en el bolsillo desde el minuto uno. Qué poderío, qué fuerza primigenia. J.B.

De sonidos de rock cincuentero en seguida pudimos pasar a degustar los noventeros, principalmente por el tiempo que dedicó Corrosion of Conformity, la banda de metal sureño y stoner, a su discazo “Deliverance” de 1994. Sonaron “Seven Days”,”Vote with a Bullet” —del disco anterior, y que fue la primera en la que Pepper Keenan hizo de vocalista principal en el 91—, algunas de su más reciente y buen disco, “Good God / Baad Man” o el maravilloso cierre con “Albatross” y “Clean My Wounds”, del mencionado e icónico álbum, y dejaron claro a los amantes de los sonidos de rock más duro que ese era su lugar en el festival. Llevan más de treinta años en esto, al menos con Keenan y el guitarrista fundador Woody Weatherman, y se encuentran, quién lo iba a decir, en uno de sus mejores momentos. J.B.
Una banda que me perdí en el mismo festival en 2010 por desertar durante el último día y por motivos no muy congruentes es The Hives. Aquel año tampoco pude disfrutar de Chris Isaak, Bad Religion, NRBQ o el mismísimo Bob Dylan, y no me hagáis hablar más sobre ello. Esta vez pude resarcirme y disfrutar del directo de una de esas bandas a las que necesariamente tenemos que agradecer que trajeran las guitarras de vuelta a comienzos de siglo. Comenzar y finalizar, como lo hicieron, con canciones de su más reciente trabajo puede ser visto como una declaración de intenciones y de pertinencia, ya que deja claro que siguen creando grandes canciones dentro de su contexto de garage y punk. Tras “Enough Is Enough” sonaron grandes canciones de toda su carrera, como “Rigor Mortis Radio”, “Bogus Operandi”, “Come On”, “Tick Tick Boom” o los ya clásicos “Main Offender” y “Hate to Say I Told You So” de su recordado y excelente segundo álbum. Durante todo el concierto, el vocalista Howlin’ Pelle Almqvist no paró de hablar en castellano —casi le aprobaríamos el A2 del idioma, pero no— y se escuchó en varias zonas que estaba siendo demasiado parlanchín, por decirlo suavemente. Sí que creo que un buen frontman debe azuzar al público pero quizá no con tal insistencia ni remando todo el rato hacia el mismo lado. Me faltó algún tema de su debut de 1997 pero sorprendió y a la vez convenció que se despidieran con la canción que da título a su más reciente disco, “The Hives Forever Forever the Hives”. Y es que ya lo digo yo desde que los descubriera a los quince años y flipara con lo suyo: ¿The Hives? Siempre. J.B.

También punkarras pero de veinte años antes son The Adicts, una institución inglesa del estilo, que con un show enérgico y dinámico como el suyo cualquiera hubiera dicho que tres de sus miembros son fundadores y pasan de largo de los sesenta años. Pisaron el acelerador con “Let’s Go” y a partir de ahí prácticamente no lo soltaron. De aquel álbum ya clásico ("Sound of Music", 1982) se pudieron escuchar, aparte de esa, otras impepinables como “Chinese Takeaway”, “Joker in the Pack” o “Johnny Was a Soldier”, junto con otras ochenteras e incluso un par de temas de sus álbumes más recientes, como en el caso de “Horrorshow” y “Fucked Up World”. Hacia el final soltaron las coreables y coreadas “Viva la revolution” y “You’ll Never Walk Alone”, un tema ajeno grabado por la banda décadas atrás. Muy grandes de por sí, aunque no hubiesen sacado toda esa parafernalia de confetti, serpentinas y globos gigantes. Festivos y aún vigentes. J.B.
Viernes, 19 de junio
Uno de los grandes placeres de la vida, como algunos pudimos descubrir el viernes a última hora de la mañana, puede ser desayunar una cerveza tostada y una gilda gigante, como también lo es llegar al final del concierto de los canadienses Bywater Call en la plaza de la vírgen blanca y disfrutar, aunque sea durante un par de temas, de su rock teñido de blues y con olor a soul. Después de eso, el habitual, pero no por ello menos especial, concierto de Pushermen a pie de calle, al lado de la misma plaza. Allí pudimos escuchar “Jungle Boogie” y otros sonidos de funk mientras nos alejábamos en busca de papeo de verdad. J.B.
El viernes fue el día más importante del festival, con un cabeza de cartel tan carismático como Alice Cooper para gloria de los hard rockeros. Quizás este año haya habido menos nombres de peso o de primera fila, pero una vez más el festi estuvo lleno de sorpresas agradables y grupos que crearon afición. El mejor festival rockero del mundo también es el mejor para descubrir nuevos talentos y grupos desconocidos. El chaparrón que cayó a eso de las 6 de la tarde retrasó el concierto de The Damn Truth, lo que nos permitió ver la parte final de su show rockero y auténtico a más no poder. La puesta en escena glamourosa, la potencia de sus guitarras y la presencia de la front-woman Lee-La Baum apuntalaron un concierto de lo más sugerente y adictivo. U.A.
Por la tarde, con un gran deseo de presenciar la reunión de The Del Fuegos, una de las grandes bandas de rock de raíces de los ochenta, llegamos puntuales a Mendizabala. Los hermanos Zane ya estaban sobre el escenario, con Dan, el mayor, con el pelo teñido de azul y dándolo todo en la hora corta que duró el bolo. Emplearon su formato habitual, cuarteto, y se añadió una corista que tocaba teclas y pandereta. Aparte de sus muchos temazos versionaron varias canciones ajenas, porque uno siempre tiene la posibilidad de mostrar al público sus variadas influencias, y en este caso versionaron la inmortal “If You Don’t Know Me By Now”, de Harold Melvin & the Blue Notes —sobre la que Dave Alvin, de The Blasters, les dijo que siguieran tocando esa música—, además de “Evil Ways”, original de Willie Bobo y cantada por Warren Zanes, entre otras. Y sus canciones resonaron también necesarias, interpretando algunas de su álbum de debut, como “Backseat Nothing” y unas cuantas del segundo, el apreciado (también es mi favorito) “Boston, Mass.”, del que extrajeron “I Still Want You”, “Don’t Run Wild” o ese rockero e impecable final de “It’s Alright”. J.B.
Al cuarteto madrileño Los Enemigos nunca lo había tenido del todo dentro de mi radar, es decir, me gustaban sus canciones pero no había profundizado en su obra. El viernes del Azkena eso cambió y salí del concierto como un fan más. Un colega me preguntó qué hacían y le dije que rock en castellano. Quiso que especificara algo más pero simplemente le dije que tenían buenos riffs, guitarras eléctricas y buenas letras. A mitad de concierto él reconoció que era una definición adecuada para lo que estaba sonando, ni más ni menos que una banda de rock. Los de Josele Santiago se trajeron algún que otro tema de su reciente “Canciones chulas” y las posicionaron entre clásicos de la banda tipo la inicial “John Wayne”, su ya conocida versión del “Señora” de Serrat, “Septiembre”o “Esta mañana he vuelto al barrio”. Durante “Dentro” empezó a llover fuerte y los que no se pusieron el chubasquero o se dejaron empapar se refugiaron en el Trashville, aunque la fiesta en el escenario “God” continuó con puños en alto y fans coreando canciones como “Siete mil canciones”. Pues eso, que ya tienen, al menos, un fan más. J.B.
Siguiendo en el escenario tres, la gran sorpresa del festival: nada menos que los suecos Hällas, quienes ya llevan quince años en la carretera y tienen cuatro discos editados. Vestidos de riguroso negro con capas también negras, mostraron una imagen imponente a la vez que disfrutable. Su rock setentero con influencias hard & heavy se entremezclaron con un toque progresivo y un repertorio absolutamente imbatible. El carisma del grupo es innegable, y el final con la espacial “Star Rider” y después la propia “Hällas” supuso una epopeya rockera y matrícula de honor. Por lo que a mí respecta, lo mejor del festival. U.A.
Nos desplazamos al escenario dos (igual que el año pasado, sin pantallas laterales) para disfrutar de una velada de country y folk americano. Con un ambiente festivo por todo lo alto, con Old Crow Medicine Show el festín de bailables vaqueros estaba asegurado. Violines maravillosos, bluegrass a toda pastilla y un carisma desbordante de su líder hicieron el resto, con el detalle de dirigirse en euskera al público. El ímpetu y el carisma del líder, sea bailando mientras toca la harmónica o el violín, cantando a la vez y sin parar un segundo, fue el elemento distintivo sin desmerecer al resto del grupo. Lo dejaron en todo lo alto con el “I saw the light” de Hank Williams. U.A.

La reunión de Circle Jerks auguraba algo bueno, seguro. La pionera banda californiana de hardcore mantiene a su cantante Keith Morris, su guitarrista Greg Hetson y al bajista Zander Schloss, que entró en el grupo en 1984. A la batería encontramos a Joey Castillo, curtido en mil y una batallas. Si ya sorprendía a comienzos de siglo toparse con que artistas como The Rolling Stones cumplían sesenta años y seguían tocando, y veinte años después la cosa se mantenía con los músicos rebasando los ochenta, y aún con cierta calidad en su propuesta, aún sorprende más que una banda de un estilo tan potente y afilado como el hardcore mantenga la actividad con su cantante rebasando los setenta años. A ver, de verdad que la cosa pintaba un poco surrealista. Pero cumplieron con un concierto sobresaliente, arrancando con las presentaciones de los músicos tras una música ambiental y suave que contrastaría e hincándole el diente en seguida a “Deny Everything”. También dejaron claro que aún siendo estadounidenses no quieren tener nada que ver con la mierda de política que se desarrolla allí, e incluso rompieron posibles prejuicios musicales afirmando que aparte del punk ellos aman bandas como Black Sabbath, Grand Funk Railroad o Bowie. Una tras otra fueron soltando canciones de un minuto de media: “Shit Hits The Fan”, “World Up My Ass” o “I, I & I”, de la que Morris comentó que él y Greg escribieron la canción hace ochocientos años. Interpretaron tres temas de la primerísima época de Black Flag —otra pionera banda de hardcore en la que Morris estuvo como primer cantante—, que fueron la divertida “Wasted”, “Fix Me” o el himno “Nervous Breakdown”. Un concierto y una actitud para enmarcar. J.B.
Estrenamos el escenario grande con los alternativos de Minnesota Sugar, que volvieron el año pasado después de nada menos que treinta años retirados. El show, el último de la gira europea, fue bueno y rabioso dentro de lo que cabe. El volumen era ensordecedor, y el guitarrista no paraba de moverse de un lado a otro. Impresionaba verle cantar y tocar la guitarra con los ojos cerrados mientras le daba a “Gift”, “House of dead” (el tema nuevo publicado en 2025), “Tilted”, “Gee angel” o la última “If I can’t change your mind”. Buen concierto, sobre todo apto para fans. U.A.

En el escenario principal estaban los también resucitados Sugar tocando sus temas distorsionados y melódicos, pero de ello se ocupa mi compañero Urko. The Temperance Movement es un quinteto de rock bluesero originario de Escocia que venía presentando algunos nuevos temas que aún no han visto la luz, como “Always Be In Love”, e intercalándolos con las canciones de sus tres álbumes previos. Su rollo viene muy de The Black Crowes, al igual que a los Robinson les venía en línea directa desde Faces. De hecho la voz semi carraspeante del vocalista y showman Phil Campbell recuerda poderosamente a la del primer Rod Stewart, ese que tocaba en garitos que olían a cerveza. Fueron muy solventes con su sonido, pero reconozco que me escapé momentáneamente a ver parte de Tropical Fuck Storm, que aunque no cubría yo, me iban a dar la ración de experimentalidad y riesgo que en ese momento sentí que me hacía falta. J.B.
Decir que el concierto de Tropical Fuck Storm fue un triunfo absoluto resultaría exagerado, pero tuvo muy buena aceptación entre fans y curiosos. Su puesta en escena es atractiva, y sus requiebros musicales, intersecciones no señalizadas y marcianadas en general (dicho sea con todo el cariño) representan la columna vertebral de su sonido. Su último disco, de 2025 (“Fairyland Codex") apunta a una mayor estandarización de su sonido, siempre dentro del caos organizado y especialmente complejo. Se movieron en su salsa y recibieron buen feed-back por parte del respetable. U.A.
El triunfador de la noche (y del ARF) en cuanto a público se refiere fue por supuesto el mítico Alice Cooper, quien a sus 78 años sigue siendo el showman y maestro de ceremonias definitivo. Aún recordamos su concierto en 2009 en este mismo festival. Ahora, 17 años más viejo, sigue manteniendo intacta su carisma y capacidad teatral. Efectos especiales cirquenses, atmósferas de terror y mucha diversión en un show por todo lo alto que echó mano de los 80 con gran acierto, con himnos como: “Spark in the dark”, “House of fire”, la inmortal “Poison” (temazos, los tres de “Trash” -1989-) y dos temas de “Hey stoopid” (1991) como las inmortales “Feed my Frankenstein” y la propia “Hey stoopid”, ideales para una buena fiesta. Alice murió en la guillotina una vez más pero no se olvidó de una buena muestra de sus clásicos con el Alice Cooper Group: “No more Mr. Nice Guy”, “I’m eighteen”, “Billion dollar babies”, todas absolutamente irrepetibles, y la joya en solitario, la balada “Only woman bleed”. “Dirty Diamonds”, que ya tiene dos décadas, fue seguramente la más nueva que tocó, y se despidió con un “Under my wheels” tenebroso, como no podía ser de otra manera. U.A.
Evaristo era el encargado de cerrar la noche en el segundo escenario y, aunque nunca haya publicado un disco en solitario, su figura y sus creaciones a lo largo de más de cuarenta años le avalaban como apuesta segura del mejor punk. Con lo de mejor sólo quiero decir que sus canciones van a la yugular de quien hay que ir, son potentes a la vez que esclarecedoras. Arrancó con el “Salve” del primer disco de La Polla Records y, a lo largo de una hora larga dio cuenta de las canciones lanzadas por los distintos proyectos en los que ha participado o participa, es decir, grupos con referencias a partes o funciones corporales, ya sea The Kagas, The Meas, Gatillazo o Tropa do Carallo, de los que interpretaron, por ejemplo, “7000 millones de personas no pueden tener un rancho en California”. Si a eso sumamos un show honesto y repleto de incontestables clásicos de La Polla como “Come mierda”, “Los siete enanitos” y el cierre de “Ellos dicen mierda”, la cosa queda en insuperable fin de fiesta, y además de la mano de un apreciado artista que comenzó tocando música bien cerca, en la misma Salvatierra. J.B.
Los finales metaleros de jornada se están convirtiendo en clásicos en el ARF, y los canadienses Voivod nos dieron justamente lo que necesitábamos: Metal a toda pastilla, técnico y divertido pero con una fuerza descomunal. El thrash metal extremo que practican levanta hasta los muertos. El cantante Snake estuvo muy comunicativo, y a pesar de sus a veces torpes movimientos no cejó en su empeño y nos obsequió con su brutal voz mientras el guitarrista y el bajista no paraban en ningún momento de derrochar carisma. “Nanoman”, “Tornado”, “War and pain”... himnos ochenteros para un final vertiginoso, donde destacó (por lo curioso) la versión de “Astronomy Domine” de Pink Floyd y la propia “Voivod” para sellar un conciertazo, una agresión brutal para un público no muy numeroso a esas alturas de la madrugada. U.A.
Sábado 20 de junio
El sábado, la primera nota musical interpretada en directo que escucharon mis oídos fue a cargo de la banda Vandoliers, quinteto tejano con violín que convenció a base de buen country rock, muchas veces con alma y sonidos de punk. La vocalista flipaba y no daba crédito a que en la otra punta del mundo tantas personas conocieran sus canciones. “Cigarettes In The Rain”, “Bless Your Drunken Heart”, “Troublemaker”, la contagiosa “Every Saturday Night” o “Girl On The Run” —esta última publicada tras declararse su líder, Jenni Rose, mujer transgénero— fueron grandes momentos del concierto, finalizando el show por todo lo alto con la coreable “I’m Gonna Be (500 Miles)”, de The Proclaimers, que ya grabaran hace unos años. J.B.
La lluvia que había caído el viernes también nos acompañó en la última jornada de manera intermitente, aunque la temperatura fuera más elevada que el viernes. Llegamos para ver a Superchunk casi desde el principio, y aunque hemos de decir que echamos en falta un poquito más de garra (solo un poquito), lo cierto es que su concierto fue más que bueno: un líder (Mac McCaughan, voz y guitarra) que no paraba ni un momento y una lista de temas potentes como “Stuck in a dream”, “Skip steps 1 & 3”, “Hello Hawk” o, ya hacia el final “Crossed wires” y “What a time to be alive”, defendieron su pop punk con gran fortaleza, en un concierto donde pudimos ver en las primeras filas a Fernando de Reincidentes disfrutando del show. U.A.
Personalmente llevaba varios años pidiendo, en entornos privados pero también públicos, que trajeran específicamente al Azkena a esta pedazo de banda, pues es seguro que se iban a encontrar en su hábitat natural. El cuarteto inglés Split Dogs vienen de Bristol y tocan un punkrockandroll ineludible. Con su cantante Harry Atkins en plena capacidad de sus facultades y con una especie de fiebre de gata salvaje en la onda del más desatado Iggy Pop, a lo largo de una hora disfrutamos de disparos como “Monster Truck”, “Prison Bitch” o “Tear Down the House”. Aparte del nervio de la interpretación, la propia música habla por sí sola, y hay que decir que su mayor baza es ser poseedores de estrofas, puentes y estribillos directos y totalmente imbatibles. En noviembre vuelven por salas, estáis avisadas. J.B.

El dúo inglés Sleaford Mods arrancaban con “The Good Life”, una de sus canciones más aplaudidas, con ese característico sonido de rap, electrónica y punk, envuelto en el marcado acento de East Midlands. Ellos se autodefinen como post-punk, que también puede servir de forma global por la variedad de los sonidos que los acompañan. Durante algo más de una hora, el vocalista Jason Williamson y el programador musical Andrew Fearn lanzaron canciones que puede que no encajaran a priori en el espíritu azkenero, pero que terminaron por conectar del todo. Y es que a veces hacen falta sorpresas así para sacarnos de la sobrevalorada zona de confort. “Megaton”, la maravillosa “Mork n Mindy” o el pertinente cierre de “Tweet Tweet Tweet” redondearon del todo un show estimulante y necesario. J.B.
Nos esperaban en el escenario tres nada menos que los Starbenders, uno de los grupos rockeros del momento. Su vocalista, guitarrista y lider Kimi Shelter nos obsequió con toneladas de actitud, una presencia más que misteriosa, toda vestida de negro y los pelos rizados que le cubrían la cara, con una actitud carismática como pocas. Tampoco le iban a la zaga en cuanto a presencia los demás miembros del grupo, que dominaron un show de lo más atractivo, que, eso sí, tuvo algún bajón que otro. Aun así, Kimi se las apañó especialmente bien también cantando sin guitarra, como en “Tokyo” y otros cuatro temas. Un grupo que mejora sustancialmente en directo y que nadie se debería perder si se tercia la ocasión. U.A.
Nada más terminar el concierto nos dirigimos al escenario grande, donde Social Distortion llevaban ya un rato tocando. Hubo opiniones para todos los gustos, aunque los fans quedaron más que satisfechos. Mike Ness, lider de 64 años, condujo el concierto con gran aplomo y profesionalidad. Atrás han quedado sus problemas con el alcohol y las drogas y, con un cáncer ya superado, lidera a su banda con gran solvencia. No fue el show explosivo que quizás algunos esperaban, pero la banda cumplió de sobra con alguna canción nueva como “Partners in crime” y clásicos incontestables como “Ball and chain”, la celebrada “Story of my life” y la final “Don’t drag me down”. Mike pidió perdón por el “comportamiento de los Estados Unidos en el mundo” y se llevó una gran ovación. Tercera visita ya al ARF, y creemos que no será la última. U.A.

Los prejuicios, por lo general, no son recomendables para ningún ámbito de la vida, y tampoco sirvieron a la hora de imaginar que el concierto de Jason Isbell & the 400 Unit resultaría demasiado suave o lento para comenzar más tarde de las once de la noche. No fue así, y el de Alabama dio uno de los grandes conciertos de esta edición: honesto, elegante y repleto de canciones confesionales y buen rock sureño. Inaugurando el repertorio se encontraba “It Gets Easier”, en la que su autor daba cuenta de la mejora en la relación con sus adicciones del pasado, y clausurándolo la potente “This Ain’t It”. Y en medio mucho y muy bueno: “24 Frames”, las acústicas “If we Were Vampires” y “Cover Me Up” y dos recuerdos a la banda con la que creció, Drive-By Truckers, interpretando las sentidas “Decoration Day” y “Danko/Manuel” con gran convicción, además de alargarlas con solos guitarreros que trajeron a la mente el “Blue Sky” de los Allman o el “Free Bird” de Skynyrd. Los fans de su música, y de los Truckers, debieron de salir encantados, como seguramente lo haría quien pasease por la zona en busca de nuevas sensaciones. La excelencia hecha canción. J.B.
Lo de Discharge fue muy fuerte; una descarga de rabia y de potencia que causaba impresión desde los primeros temas. Su hard-core punk no es, definitivamente, para todos los públicos: la brutalidad intrínseca al grupo te vuela la cabeza mientras el cantante escupe notas de fuego desde el interior de su garganta. La ejecución, bastante complicada, se realizó de manera magistral y reflejó lo que puede llegar a ofrecer un grupo (¡surgido en 1977!) casi fuera, por lo extremo de su sonido, del movimiento punk de aquella época. “The nightmare continues”, “Protest and survive” (que supuso el primer circle-pit de la noche), la brutal “New world order”, el mejor de la noche “Hatebomb” (¡menudo estribillo!)... tampoco se olvidaron de la policía y el ICE norteamericano en “State violence”. El final fue arrasador con “War is hell”, “You deserve me”, “The possibility of life’s destruction” y la arrebatadora “Decontrol”. Grandísimo final para un concierto brutal. U.A.
Sentí como necesario acercarme a ver qué tal sonaban los precursores del hardcore —y este año fueron unos cuantos— Discharge, con tres miembros originales. Ahí sí disfrutamos y se crearon pogos reales en determinados momentos, pero no me toca a mí explayarme sobre el tema. El músico francés Carpenter Brut crea música predominantemente instrumental con su sintetizador y, en directo, acompañado de un batería y un guitarrista. Mezcla heavy metal con electrónica con resultados ambientales y cinematográficos, algo así como acceder a la parte sonora de una película de John Carpenter. Ciertos sonidos ultra electrónicos puede que resultaran demasiado marcianos o “chunta” para muchos azkeneros, pero seguro que también pudo servir para que cierto sector del público se resarciera un poco por no haber podido ver nunca en directo, por ejemplo, a Tangerine Dream. Finalizó bien alto con “Maniac”, la mítica canción para la película Flashdance, original de Michael Sembello, que el francés grabara para su primer álbum. J.B.
El trío irlandés de rock alternativo Therapy? fue el encargado de cerrar la noche en el escenario “Respect”, con dos miembros originales (bajista y cantante/guitarrista) y centrándose en su aclamado cuarto disco de 1994, “Troublegum”. Si no lo interpretaron completo estuvieron a punto: “Trigger Inside”, “Turn”, la coreada “Nowhere”, “Knives”, “Screamager” o su versión del “Isolation” de Joy Division fueron de la mano de algún que otro tema de otros discos, como “Teethgrinder”, una parte del “Iron Man” de Black Sabbath o su genial versión del “Diane” de Husker Du. Dejaron el nivel por las nubes y nos recordaron que fue a través de bandas como esta que muchos nos enganchamos irremediablemente a la música, cuelgue que en muchos casos aún dura, incluso con similar intensidad. J.B.
Cerraban el escenario dos Alcalá Norte, que ya venían arrastrando cierta polémica por su inclusión en el festival. Siendo como era la primera vez que los veíamos, desde la segunda fila pudimos comprobar que este grupo tiene un talento especial. La estética de los miembros es multipolar y especialmente diversa, y emanan un aura especial casi desde su puesta en escena. “Superman” sonó bien, y pudimos comprobar in situ el carisma de su cantante (aún con una lesión en el cuello desprende actitud) y el explosivo batería y presentador/animador Jaime Barbosa. Sus temas van desde la furia rockera hasta el indie actual, siempre con unas sugerentes capas de teclado y un guitarrista pletórico. “El hombre planeta”, “El rey de los judíos (un cosquilleo)”, “La calle Elfo”... todas destinadas a convertirse en clásicos, deleitaron a los fans que arroparon al grupo hasta altas horas de la madrugada. “La vida cañón” despidió un concierto lastrado por la lesión del cantante, aunque estamos seguros que creó afición. No os los perdáis si tocan en vuestra ciudad. U.A.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.