Crítica de 'Nuca', el nuevo álbum de Clara Peya
DiscosClara Peya

Crítica de 'Nuca', el nuevo álbum de Clara Peya

9 / 10
Yeray S. Iborra — 23-06-2026
Empresa — Hidden Track Records
Género — contemporánea

Hay discos que nacen para explicar una herida. Otros para intentar cerrarla. “Nuca” pertenece a una categoría más extraña: la de los trabajos que intentan que varias personas miren la misma herida, la propia y la ajena, todo al mismo tiempo. El nuevo álbum de Clara Peya aparece en un momento en el que la palabra comunidad se ha convertido casi en un artículo de lujo. Se pronuncia mucho. Se practica poco.

La compositora lleva años construyendo una de las obras más singulares del panorama estatal, siempre desde una sensibilidad extrema. Este nuevo trabajo parece menos interesado en la introspección individual y más en la posibilidad de compartirla. Si trabajos anteriores funcionaban como exploraciones de conflictos íntimos, aquí la pregunta es colectiva: qué nos está pasando cuando dejamos de encontrarnos. “Nuca” se presenta como un disco de dieciséis canciones y dieciséis voces. Podría haber sido un desfile de colaboraciones. No lo es. Las apariciones de Niño de Elche, Rita Payés (bestial “La vanidad”), Judit Neddermann, Anna Andreu, Carmen Aciar (qué preciosidad la canción y el videoclip de “Veo incendios”) o Juan Quintero, entre otras, no amplían el foco; lo desplazan. La obra se construye precisamente sobre esa renuncia al protagonismo único. Sobre la intuición de que algunas cosas solo pueden contarse entre muchos.

Musicalmente también existe una búsqueda de despojamiento. Quien recuerde las arquitecturas más complejas de, por ejemplo, “Corsé” (23) hallará aquí un trabajo más desnudo. La melodía por bandera, el piano de pared con sordina como arma, la ausencia de capas innecesarias –pese a la bonita electrónica minimalista– sitúan las canciones en un lugar vulnerable. A propósito. La catalana parece desconfiar de todo aquello que pueda sonar pulido. Quiere que a las canciones se les escuchen las costuras. Hay mucho a contracorriente en todo ello. También en la propia concepción del álbum como recorrido. En una época donde la música parece diseñada para circular fragmentada, “Nuca” insiste en funcionar como una obra completa. El resultado no es exactamente un disco luminoso, tampoco uno triste. Es un trabajo atravesado por una sensibilidad que rehúye ambas simplificaciones.

 

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