“Welcome back to the party motherf***ers!”, gritaba Cypress Hill desde la cima del escenario Mundo, como un ya clásico grito de guerra, aplaudiendo la impresionante celebración y el encuentro para la música que ha supuesto Rock In Rio Lisboa un año más. Una enorme fiesta de agradecimiento, con más de cien mil personas por día, que desplegó sus alas a lo grande durante el primer fin de semana con un marcado liderazgo de su alma rockera.
Son muchos años ya, muchas ediciones de Rock In Rio, consiguiendo romper el prejuicio del concepto de “artista de festival” y estableciendo como norma que, al margen de estilos o géneros; la música prevalezca por encima de cualquier otra cosa. Sin embargo, la magia ocurre cuando ocurre y en este 2026 las guitarras apretaron fuerte. El primer día de festival abrió sus puertas el sábado con una abundante recepción de público desde primera hora de la tarde y con ganas de echar un poco de luz a ese cierre de semana. Fue así como Calema apareció sobre las cinco en el escenario principal con un pop afrocaribeño que por suerte pudo recoger los frutos de un público con ganas de fiesta. La jornada inicial de Rock In Rio Lisboa 2026 priorizó, una vez más, generar un cartel familiar y accesible. De esta forma, la primera cita estuvo muy marcada por una vena pop y tuvo, además, el corazón puesto en las raíces brasileñas del festival con pequeñas sorpresas como Joyce Alane o la locura generalizada que produjo Pedro Sampaio con su “Cavalinho”.
Durante la espera de los grandes nombres de la cita, subieron a las seis de la tarde NAPA orgullosos al escenario Super Bock exhibiendo con ilusión esa fanfarria de indie pop de la tierra. Y es que lo cierto es que la banda se lo merecía ya que no ha parado de crecer en los últimos años, ahora se embarcan en un tour por Europa, y una buena prueba de ello fue la acogida y entrega del público incluso cuando sonó “Sortudo”, single estrenado en plataforma el día antes del encuentro. Tras ellos, la verdadera fiesta dio su pistoletazo de salida con una Bebe Rexha que fue, sin duda, la mejor maestra de ceremonias para hacerla realidad. Nuestra “party girl” de cabecera prendió Lisboa de una energía muy british con un repertorio de hits corto, pero eficaz. Con una bata de leopardo, rulos y un cigarro en la mano abrió el show con “Çike Çike” liberando a esa figura trasnochada y segura de sí misma que reside en su último disco. Un personaje que empuja bien el espectáculo y deja solo que veamos su lado más vulnerable en pocas ocasiones. En especial, cuando por sorpresa el público se motivó coreando “New Religion” al margen de los temas ya habituales. Cerrando a Rexha, nos tocó dar el salto de nuevo al escenario principal. Allí nos esperaba Charlie Puth con un cielo azul de nubes blancas y refugiado en su estrecha relación con los teclados. Y es que la estrella pop, si se puede describir con estas palabras, funcionó bien a la hora de vender el concepto de “hombre orquesta”, llenando los temas de una vida mejor en el directo y revalorizando canciones que en estudio parecen completamente vacías. Además, consciente de la caída en su trayectoria que supone “Whatever’s Clever!”, apostó por darle peso a “Voicenotes”, su disco de 2018, y regalar además un par de temas con los que todo comenzó; para despertar así esa vena de nostalgia en el público como fue “We don’t talk anymore”.
Nos acercamos de esta forma al cierre de la noche de sábado y, por suerte, aún había una grata sorpresa antes de que Katy Perry sirviera como clausura, sin contar con la despedida de manos de Alok. Y es que Audrey Nuna, la que fuera bendecida como una HUNTR/X, se subió al escenario Music Valley para romper un poco con tanto empalague y entregar un endiablado show en el que la artista se mostraba poseída por un repertorio que flotaba entre bases trap y RnB. Un setlist que huía inteligentemente todo lo posible del pop chicle con el que se la etiqueta todo el tiempo. Canciones que empezó a crear cuando tenía diecinueve años y que ahora pudo defender con orgullo en el que fue su primer show en Europa de su carrera como solista. Eso sí, quiso hacer un guiño al proyecto que le cambió la vida y, a pesar de dejar fuera la quemada “Golden”, coló en el repertorio “How It’s done” y se la dedicó a sus compañeras de aventura.
Y así la noche cayó por completo, los fuegos artificiales estallaron en el aire y Katy Perry se enfrentó a la responsabilidad de poner el broche de oro. Siendo sinceros, no fue el mejor show que podemos esperar de una figura como Katy Perry, pero sí que se le debe aplaudir una colección de temas pop que ya son historia. El principal error residió en generar un concepto “festivalero” apoyado en la construcción de una playlist rápida y de consumo fácil que no daba a la música el lugar que debería. Pocas veces se podía disfrutar en este show de verano de una artista que estuviera ajena a toda la parafernalia construida para “jugar” con el público. Y es que los verdaderos protagonistas terminaron siendo la ya conocida botella de plástico hinchable, con la que se lanza al público, o la pasta de dientes gigante que expulsa espuma. Pero claro, ¿dónde queda entonces todo lo demás? Pues únicamente en guiños al pasado como esa “I Kissed A Girl” que sigue funcionando como si acabara de salir o una apuesta por mantener canciones algo más interesantes como “Harleys In Hawaii” en el repertorio. Lo demás, una agotadora revisión de los temas de siempre con nuevas mezclas que poco aportan, mientras una Katy histriónica sobre estimula constantemente al público para tapar carencias.
Pero bueno, aún queda lo mejor del primer fin de semana de Rock In Río Lisboa 2026. Así que cerremos el sábado y pasemos página. Lo cierto es que había muchas espectativas puestas en el domingo y por suerte todas se hicieron realidad. El inolvidable día inició con un Grandson reivindicativo, impulsivo y motivado; que nos dio un muy buen concierto y una carga de batería importante. Sin pelos en la lengua habló de la terrible situación de USA en la actualidad, de cómo “esos billonarios” no paran de generar discursos racistas, homófobos y destructivos que solo juegan a su favor e incitan al odio. “Quiero que esto sea nuestro safe space y que las mujeres se sientan seguras dentro del público”, pedía a los asistentes tratando de controlar los círculos de pogos que no paraban de crecer canción a canción. Y aunque, cierto es, evitó montar sobre el escenario la performance con Trump y Elon Musk como sumisos, mientras suena la cover del “Masters Of War” de Bob Dylan, como en el “Warped Tour”. La verdad es que con todo lo que soltó por la boca no le hizo tanta falta. Y que siga el juego, que viene Taylor Momsen.
Había muchas ganas de volver a ver a The Pretty Reckless sobre el escenario y lo bueno es que no nos decepcionaron ni un poquito. La energía de Taylor sobre el Mundo fue hipnótica, no podías dejar de mirarla mientras se marcaba un repaso por la historia de la banda hasta llegar a un presente muy vivo con disco a punto de estrenar. “¿Dónde están mis chicas en este festival? Ahora toca “Witches Burn” y este tema va para todas ellas”, gritaba una Taylor líder que buscaba sin parar la conexión con sus fans y hasta se bajó a saludar y cantar agarrada a su gente. La verdad es que da gusto ver lo bien que ha madurado este proyecto, cómo “Make Me Wanna Die” sigue siendo un hit; pero ni mucho menos el único de toda su carrera. Con ellos el sol se iba bajando por fin, la sombra nos iba haciendo felices y tocaba viajar al pasado y caer de lleno en la locura frenética de Ricky Wilson regalando uno de los mejores conciertos de Kaiser Chiefs en años, y mira que les hemos visto veces. Sonaron como tenían que sonar y se lo pasaron a lo grande generando momentos impredecibles y un atractivo caos que avanzaba convirtiéndose en el verdadero dueño. Hasta el punto de tener a Wilson subiéndose a la cima de la plataforma del control frente al escenario casi como una especie de mesías a punto de anunciar el juicio final.
La gran parte de público de este domingo venía a vivir la visita de Linkin Park al festival, de ahí que el recinto estuviera plagado de camisetas de la banda a niveles inimaginables. Pero, lo cierto es que hasta que esa realidad se materializaba había muchas gemas que atrapar por el camino que hicieron el festival tan grande como debía ser. A las nueve y cuarto era el turno de unos Cypress Hill que entraron chill al escenario más grande del Rock In Rio Lisboa asumiendo que para la mayoría del público eran unos totales desconocidos, pese a su gigante trayectoria, y generando discursos sobre el poder de la música y cómo transmitir energía positiva a través de ella. Repasaron temas como “How I Could Just Kill A Man”, pero también quisieron gritar eso de seguimos vivos y colar canciones de lo que será el próximo disco como “Campeones”. Eso sí, puede que algo de razón tuvieran, porque daba la sensación de que el público no terminaba de entrar en el juego. Y es que, básicamente, a estas alturas lo único que quería la gente era celebrar la despedida de los cuarenta años de Sepultura en un concierto que queda para el recuerdo. Padres, hijos, colegas… Todos reventando el recinto y dejándose la piel con temas como “Kairos” o “Arise”. “Puta que pariu, perdonadme la expresión. Los de la vieja escuela siempre seremos los mejores”, decía Andreas Kisser mientras alucinaba con la entrega y el cariño. Una fiesta que salía desde dentro, de las de verdad y en donde quisieron también darle valor a su último EP con temas como “The Place” que funcionó muy bien con los fans de toda la vida y un claro nuevo público. Además, a la vez que Sepultura avanzaban, y se convertían en los reyes de la noche, teníamos a unos Hoobastank en el escenario Super Bock que ofrecieron un show más que aprobado tratando de defender que son mucho más que “The Reason” aunque les cueste la vida. Único solapamiento visiblemente claro del festival en todo el primer fin de semana.

Linkin Park: Foto de Andrés Audade
Y se acabó, punto y final a un encuentro bastante emocional con Linkin Park. Había muchas dudas de cómo los fans de toda la vida de la banda iban a acoger a Emily sobre el escenario y cuánto iba a pesar la sombra de Chester. Pero, visto lo visto, está afectando todo esto bastante poco a la salud del grupo ya que allí estaban cien mil personas viéndoles y coreando de la primera a la última canción. Fuera del nuevo repertorio o adaptada del antiguo. Un show dividido en actos que no paraba de ir a más y que, por supuesto, cerró colando una vez más la nostalgia en los asistentes con temas como “In The End” o una desapercibida versión de “Numb”, aunque parezca imposible. Eso sí, merece la pena apuntar cómo Emily consigue que los temas de “From Zero” se integren tan bien que no estés deseando que suenen solo los clásicos para sentirte seguro. Así que bueno, en resumen y cerrando este fin de semana; lo cierto es que se puede decir que esta primera entrega de Rock In Rio Lisboa ha sido sinónimo de éxito y ha calentado muy bien el terreno para lo que llegará en el próximo. Estaremos pendientes, porque nos hemos quedado con ganas de más y eso es lo mejor que te puede pasar si eres un macro festival de estas dimensiones.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.