Futuro distópico
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Futuro distópico

8 / 10
Iraia Cambra — 21-06-2026
Fecha — 19 junio, 2026
Sala — Estadio San Mamés / Bilbao
Fotografía — Vera Valentín

Hay conciertos que se recuerdan por una canción. Otros por un invitado inesperado. Algunos por una imagen concreta que permanece en la memoria durante años. Lo que Zetak presentó en San Mamés fue otra cosa: una travesía de casi tres horas en la que la música sirvió de guía para recorrer un futuro distópico donde la identidad, la memoria y la libertad estaban en juego.

Más de 40.000 personas acudieron al estadio bilbaíno para asistir a "MITOAROA III", la tercera entrega del universo narrativo creado por Pello Reparaz. Pero antes de que sonara la primera nota, el espectáculo ya había comenzado. Durante toda la tarde, los alrededores de San Mamés se llenaron de música, puestos de comida, merchandising y miles de personas que poco a poco fueron ocupando el estadio. La lluvia no impidió que el ambiente creciera. Entre la multitud aparecieron figuras vestidas de negro, con luces azules y rostros pálidos, como si hubieran escapado del futuro que el propio concierto estaba a punto de presentar.

Un manifestante irrumpió la paz sobre la estatua de José Ángel Iribar. Megáfono en mano, habló de la "Sare Beltza", denunció la pérdida de libertades y advirtió de un sistema capaz de controlar no solo los cuerpos, sino también las conciencias. Su detención por parte de unos policías con apariencia robótica terminó de introducir al público en una realidad situada en 2084.

Cuando las luces del estadio se apagaron, el viaje comenzó. Un dron azul sobrevoló la escena mientras se escuchaban disparos y mensajes de advertencia. Las pantallas mostraron por primera vez a Pello Reparaz en blanco y negro, escoltado por agentes que lo acompañaron hasta el escenario principal. A su alrededor aparecieron bailarines de aspecto mecánico. El primer golpe llegó con 'Deskontrola'. Desde ese instante quedó claro que "MITOAROA III" no funcionaba como un concierto convencional. Las canciones avanzaban al mismo tiempo que la historia. Cada bloque musical servía para abrir una nueva etapa del relato.

'Su' reforzó el mensaje inicial. Reparaz reivindicó el uso del euskera y recordó que todas las formas de hablar la lengua tienen cabida. El cantante se dirigió al público mientras las pantallas traducían sus palabras, convirtiendo el estadio en un espacio compartido por miles de personas. La energía terminó de estallar con 'Zoriontasuna' y 'Errepidean'. San Mamés comenzó a bailar, aunque las pantallas seguían lanzando mensajes de vigilancia, alertas y órdenes propias de una sociedad sometida al control tecnológico.

La primera gran colaboración llegó con Fillas de Cassandra. Las percusiones, los tambores y la fuerza de 'Anguleele' aportaron un carácter casi ritual a la actuación. Más adelante, Jon Plazaola y Erika Olaizola se incorporaron al relato para acompañar a Reparaz en una reflexión sobre la memoria y la identidad colectiva. Uno de los momentos más emocionantes llegó con 'Begi Beltz'. La txalaparta tomó protagonismo y la voz de Yune Nogueiras añadió una delicadeza inesperada. Poco después, 'Zeinen ederra izango den' transformó el estadio en un enorme coro iluminado por miles de teléfonos móviles.

La música fue cambiando junto a la propia historia. La electrónica fue ganando terreno hasta convertir el escenario en una gran rave futurista. Sintetizadores, bases contundentes y visuales inmersivos marcaron una de las partes más intensas de la noche. El sistema opresivo seguía presente. Reparaz era detenido una y otra vez, interrogado y obligado a obedecer. 'Zu' y 'Nirekin topatu naiz' sirvieron para responder desde la música a ese conflicto. Samantha Hudson apareció entonces para lanzar un mensaje sencillo: sentir, pensar y actuar.

'Akelarretan' elevó nuevamente la temperatura del concierto. El solo de trombón de Reparaz provocó una de las grandes ovaciones de la noche, demostrando la capacidad de Zetak para combinar la electrónica con instrumentos y sonoridades propias.

El concierto también encontró espacio para la emoción. Durante 'Hitzeman', el cantante recordó a quienes ya no están, a las personas represaliadas y exiliadas. La respuesta del público fue inmediata.
Otro de los momentos más simbólicos llegó con la aparición de José Ángel Iribar e Inaxio Kortabarria. Ambos recorrieron la pasarela con la ikurriña entre los aplausos de un estadio que comprendió inmediatamente el significado del gesto. La interpretación de 'Aralarko Dama' convirtió aquel instante en uno de los más emocionantes de la noche.

"MITOAROA III" también dejó espacio para el humor. Aitziber Garmendia, Antton Telleria, Angel Alkain, Samantha Hudson y Marcos Grison protagonizaron un episodio surrealista en unos baños convertidos en pista de baile. El beatbox, las carreras por las gradas y las apariciones inesperadas añadieron un respiro dentro de una narración cargada de tensión. 'Itzulera' devolvió la mirada al público. San Mamés cantó junto a Zetak mientras Reparaz agradecía el apoyo recibido durante estos años y reivindicaba el papel de la cultura y del euskera.

La recta final recuperó el tono más oscuro del relato. El sacrificio del personaje que había acompañado toda la historia y la interpretación de la canción 'Hileta kantu nafarra' sumieron el estadio en un silencio poco habitual para un concierto de estas dimensiones. La aparición de Maixux Zugarramurdi, las referencias a Palestina y la participación de Erramun Martikorena ampliaron todavía más el universo del espectáculo. Tradición y futuro convivieron sobre el mismo escenario.

Finalmente, con las luces azules cubriendo San Mamés y los zanpantzarrak ocupando el fondo del escenario, 'Eguzkiloreak' puso punto final al viaje. Zetak no presentó únicamente un gran concierto. Construyó una experiencia donde la electrónica convivió con la memoria, la tradición con el futuro y la música con las preguntas que sobrevuelan nuestro tiempo. Durante unas horas, San Mamés dejó de ser un estadio para convertirse en un lugar donde imaginar otros futuros posibles.

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