Somos tan esclavos de lo inmediato y estamos tan malitos de los nervios que la paciencia y la mesura se han convertido en emblemas contraculturales y quimeras imposibles en nuestro día a día. Hace un par de décadas, quizás, “Un Sol dentro” (26), el debut de Las Nietas del Charli, no nos habría parecido tan disruptivo; que hoy, sin embargo, dos artistas en sus veinte, como las hermanas Rubio Pastor, nos recuerden que se pueden hacer canciones de más de cinco minutos sin estribillos y sean capaces de desactivar nuestra ansiedad con su economía acústica es síntoma de lo integrada que tenemos la urgencia y el azogue también en nuestros oídos.
Poco parece haberles importado a María y Raquel no haber pegado el petardazo en su momento con “Faro” (24), su primer EP, pues lejos de mimetizar la marca con el acelerado ecosistema que dicta el constructo de turno, las madrileñas han continuado en su carta de presentación oficial tirando de ese gesto mínimo y ese tempo suspendido, llamados a ser el bálsamo inesperado que más de uno y más de dos necesitan escuchar y todavía no lo saben.
Si cada disco tiene su ocasión, este definitivamente está destinado a convertirse en la banda sonora de ese momento del día en el que la obligación de rendir afloja por fin y uno puede permitirse el lujo de comenzar escucharse de verdad; ese instante de descompresión y claridad ganada, que la dupla rellena aquí sin invadir o empujarnos hacia ningún clímax concreto. Es tan humana su labor y firma, salpicadas de silencios, respiraciones, risas cómplices, espacios y cuerdas pulsadas, que hacen posible que su criatura se perciba viva y sintiente. Los discos con alma, ¿se acuerdan de lo que era eso?
La de este, en concreto, la encuentran llevando a cabo la grabación del mismo en directo, haciendo audibles sus cuentas hasta tres y la presencia sincronizada de Borja Barrueta (batería) y Rubén Carlés (contrabajo) como suelo móvil, quienes bajo la batuta de Campi Campón (Jorge Drexler, Natalia Lafourcade, Vetusta Morla, Valeria Castro) traspasan su condición de sección rítmica hasta convertirse en un entorno expansivo que marca la diferencia. Claro que las hermanas, por su cuenta y riesgo, de poco apósito sonoro precisan cuando ellas mismas son capaces de entrelazar sus verbos en ese juego de voces casi hipnótico que generan de la absoluta nada (“Trece”).
A pesar de lo amable que siempre es, per sé, el folk, y de la deliberada entrega frugal de este que aquí percibimos, también hay muchos matices en la fórmula: hay algo del pop fraternal de Repion en “Montaña”, del slowcore fantasmagórico de Red House Painters en “Rabia”, del preciosismo armónico de Vashti Bunyan en “Camino” y del tradicionalismo libre de Sílvia Pérez Cruz en “Lauri”. Todo ello, bellísimamente congruente y yuxtapuesto en las manos de un dueto presto a convertir la delicadeza, la contención y la templanza en herramientas de insurgencia silenciosa (“Ir sacando con cariño el veneno / Y decirte que te quiero, y que es tierno lo que siento, que lo siento, por el miedo”, cantan desde la poética del cuidado en “Distancia”). “Un Sol dentro” entra como lo hacen las cosas verdaderas, sin anuncio ni énfasis. Renuncian de forma tácita a la espectacularidad y logran, aun así, embelesar al oyente con las armas de un proyecto nuevo pero sorprendentemente ya maduro.
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