Le Salon des Refusés
DiscosGuerrita & Manu Beats

Le Salon des Refusés

8 / 10
Daniel Caballero — 20-06-2026
Empresa — Ruanda Records
Género — Rap

“A veces que te entre lleva tiempo / de la birra no te gustaba el primer sorbo y ahora huele tu aliento”, esta frase aparentemente trivial que rapea en “Gafas de Noche” sintetiza todo el corpus espiritual de Guerrita en su concepción vital: la paciencia y tesón para apreciar la música (o cualquier cosa) en el marco de una era de experiencias enfermamente inmediatas, donde si algo no cala en los primeros 10 segundos, se desecha como un sucio kleenex. El rapero cordobés parte inteligentemente de la cotidianeidad como filón conector y la inserta delante de nuestros espejos deformes para satirizar con nuestras contradicciones, vicios y aquellas convenciones sociales indignas que hemos interiorizado como la productividad (“Relaciono estar parado con deterioro / es esa mierda que nos han metido a todos”en “+ Vueltas”).

Guerrita es un gran observador y aunque no incide tanto en esa radiografía humana-social a vista de bloques como en su anterior disco, la diferencia con este proyecto radica primero, en su sonido más vívido y pianístico, abrigado de solemnidad a cargo del malagueño Manu Beats y con vientos triunfales a diferencia del sonido arenoso, gris y fabril de “Metrópoli”(23, Ruanda Records), y segundo, en que hay un punto menos de humor ácido social y un punto más de urgencia expresiva puramente personal: “Esto es por mi paz interior / no por la Cultura”, rapea en la apertura del disco con la canción homónima, “Le Salon des Refusés”. El título alude al espacio que se habilitó en la exposición del Salón de París en 1863 para exponer las obras rechazadas por el jurado al no cumplir con los criterios y cánones estipulados. Con el paso de los años estos “rechazados” contribuyeron a salirse del canon creando corrientes artísticas que a la postre fueron admiradas en todo el mundo. Hoy no hay que luchar con el academicismo, hay que hacerlo con el algoritmo, que es hasta peor. Guerrita y Manu Beats reúnen en su salón de los rechazados a N-Wise Allah, Amber Window, Tremendo, Zak Nelson, Ciclo, Zak Erik Urano, Nirban, Dheformer Galinier y Juaninacka.

Guerrita rapea aforismos y Manu Beats los recoge, trata y “Manu-factura” de forma casera pero construyendo entre los dos auténticas vidrieras tridimensionales de pensamiento, abstractas y con refulgentes cristales repletos de texturas luminosas y lustrosas. Un monumental piano de cola tocando en una ceremonia de un gran salón real parisino del siglo XVII mientras los invitados beben vino y del techo cuelgan lámparas de araña: así suena esto. Y no es descartable que las muestras que ha cogido Manu Beats, un enfermo del sampling, hayan tenido que ver con navegar sonoramente en esta dirección. En “Samarkanda”, además de la oda de N-Wise a Ruanda Records (“Se joda Aitana llenando el Wanda / yo estoy agusto grabando un live en Ruanda”), Guerrita vuelve a contrastar la atenta mirada a la belleza (“El mar a la izquierda y solo miras tus pies”) con la cotidianidad infernal (“No me jodas la siesta como Jazztel”). Mientras que en “Boulevard”, con un ritmo menos cadencioso y de baterías pesadas, recuerda el valor personal del arte, lejos de imposiciones mediáticas e influencias colectivas: “Esto no tiene más valor que el que tú le das”. También incluye referencias a la cultura del fútbol y el mítico programa “Lo que el ojo no ve”: “¿Quién piensa en el accidentado cuando está en el atasco / Muestro lo que el ojo no ve, Michael y Lobo Carrasco”. Las referencias trufadas de este deporte continúan, “a toda estrella le hace falta un buen Luis Enrique”, en “Día de Cobro”, antes de metamorfosearse en una voz de bebé alienígena. Metaforiza con el deporte, sí, pero minutos antes en “Salón Rojo” te vuelve a zarandear emocionalmente: “A mamá no les cuentes tus penas / le duelen el doble”, con un cierre de canción bellisimamente solemne a cargo del violín de Nelson Doblas.

En “Qué dirán” junto al barcelonés Tremendo desliza con resignada normalidad la especulación permanente: “Había un terreno enfrente del bloque / ya tiene tres grúas / vendrá un comprador de fuera / otro no paga esa púa”. Los instrumentos de viento como la trompeta o el saxofón tocados por Nico y Eolo Andino le aportan una hondura orgánica y coral al proyecto como se puede ver en “Cicuta Dreams”, donde Erik Urano y el canario Nirban están a la altura. El boom bap que más se acerca a la tradicionalidad es “Hechos” junto a Dheformer, el cual también reaparece con un lustroso verso. Y junto a numerosos scratches ambos demuestran mutuamente amor y respeto (“Y que Ruanda son tus padres, eso también son hechos”). Para pasar después a “Ruin”, donde el cordobés aplica el famoso dicho “te quieren ver bien pero nunca mejor que ellos”. Juaninacka con su “protegiendo mi energía de la mierda de fuera” aparece en “Golden Era” y Elphomega, bajo un beat de brocha afilado, rapea un expresivo surrealismo psicodélico. “Ventisca” clausura el disco, con vientos victoriosos de flauta, donde aflora la humildad de poder arreglar el coche con lo que gana de un disco, sin ostentaciones: “Con Metrópoli cambié la bomba y la correa del Seat / Nunca me pagaron tan bien una buena idea”. Y sentencia en tono orgulloso: “No sabrá nuestros nombres el gran jurado pero tenemos nuestra propia galería / a todos nos gusta una bandeja de plata y volar en primera / pero estamos donde estamos y estamos bien”. Hacen falta discos así. Oxígeno.

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