“Siempre concebí mi proyecto como algo humilde”
EntrevistasRudymentari

“Siempre concebí mi proyecto como algo humilde”

Alejandro Blasco — 21-06-2026
Fotografía — Archivo

En un mundo saturado de borreguismo uniforme, lo estridente desentona y las grietas del sistema permanecen. Como remedio a todo esto nace “Mala Herba Sempre Creix” (Guspira Records, 26), el nuevo disco de Rudymentari.

La conexión de Rudymentari con la tierra siempre ha sido palpable, más concretamente cuando se trata de llevar por bandera su Menorca natal. Allí, como en cualquier otro territorio, no se libran de que crezcan malas hierbas. “En este disco me he decantado por un título que invita a combatir lo negativo de forma colectiva, cantando a la esperanza y a la resistencia”. En su anterior álbum, “Rissaga” (23), nos llevaba al mar, pero en este nuevo capítulo era conveniente hablar de los problemas que afectan a la gente de a pie, sin tapujos ni restricciones. Comenta que “estar bien acompañado musicalmente es muy importante, y en la vida el individualismo tampoco nos conviene, porque, con la situación actual, es mucho más complicado llegar a ser lo que aspiramos si pretendemos hacerlo en soledad”.

“La mayor virtud es dejarse llevar, y ahora nos importan en exceso los patrones"

En “Com T’ho He De Dir” canta: “Sistema piramidal, le llaman democracia y primero van los de arriba”. Esta crítica al orden social conecta directamente con la tradición del reggae, donde el componente político siempre ha sido un elemento esencial de su historia. “Como en cualquier otro género musical, en este también podemos cantar sobre cualquier cosa. Pero, por su vínculo con la independencia de Jamaica, la reivindicación de la cultura y los orígenes, siempre hay una tendencia a defender los valores y revolverse contra la opresión”. Así lo hace en otros temas como “Ca la Rata”, en el que critica la turistificación en su isla, porque “ha bajado la disponibilidad de viviendas, y mientras crece la especulación hay muchos jóvenes que se van de Menorca y no se plantean regresar para vivir allí”.

Entre ironías y rimas afiladas, verdades de todo tipo salen a flote, siempre acompañadas de una instrumentación rica en matices. Si Rudymentari es el Quijote, su productor Quim Simó es el Sancho que le marca el rumbo. “No me planteo hacer un disco sin él. En este, la banda ha estado muy presente durante las grabaciones, pero Quim siempre es el nexo entre yo y los demás. De hecho, Rudymentari solo se asocia a mi cara porque ellos no quieren salir”. A excepción de Adala, quién acompaña al menorquín en “Crema i Ensaïmada”, y ya se ha convertido en su colaborador por antonomasia. “Lo nuestro es una conexión natural porque compartimos espacio creativo y de grabación. Entiende muy bien cuál es su identidad, y como es algo que a ambos nos gusta plasmar en canciones, el junte funciona muy bien”.

A la sombra de Rudymentari siempre vive Guillem Llorens, dos personalidades que en realidad convergen, aunque una no pueda vivir al completo de su profesión. La vía fácil, pero muy realista, sería criticar el sistema precario que atormenta a los apasionados de la cultura, pero la reflexión de este artista va más allá. “Constantemente me pregunto si actuaría de la misma forma si realmente quisiera vivir de la música. Cuando algo te da pan, es más sencillo empezar a hacer lo que gusta”. Este demonio del dinero, que en el disco aparece como “Mr Money”, es el que hace que “vivir de la cultura muchas veces dependa de encajar en cánones establecidos, aspirando a algo utópico como, por ejemplo, que no te critiquen”. Lo que para unos es aspirar a poco, para otros es mantenerse fiel a sus convicciones. “Las ambiciones cambian con el tiempo, pero siempre concebí mi proyecto como algo humilde. Si no hay cabida para artistas de mi estilo, deja de existir un refugio al margen de las tendencias”. Junto a muchos otros, Rudymentari va abriendo ese camino discordante, al que espera que se una todo aquel que defiende la espontaneidad por encima de la rigidez. “La mayor virtud es dejarse llevar, y ahora nos importan en exceso los patrones. Me encantaría ver a dónde somos capaces de llegar por inercia”.

Alejandro Blasco

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