El imprescindible: "Brothers" (2010)
Contextualizado por un momento de parón consecuencia de los malos entendidos grupales y el traumático proceso de separación de su batería, el regreso a los vínculos artísticos y personales se firma con un extraordinario álbum que comprende y asume a la perfección lo que significa reivindicar las herencias musicales pretéritas desde el presente. Capaces incluso de engendrar melodías con las que colonizar las pistas de baile, como demuestra "Tighten Up", sin embargo el mérito absoluto de estas composiciones habita en su aparente facilidad para construir un idioma propio, y desde ese momento absolutamente reconocible, a partir de las aportaciones legadas por el rhythm and blues, soul o blues. Géneros personalizados por momentos a través de Jimi Hendrix, una sombra exprimida en el sobresaliente y clásico “Rubber Factory”, o T. Rex, pero que sitúan su verdadero anclaje en una reconversión de la tradición, reproduciendo un sonido en blanco y negro que pocas veces ha contado con tanto colorido.
La rareza: "Blakroc" (2009)
Aunque no haya evidencias en la portada de este proyecto-disco respecto a la autoría de The Black Keys, son sin embargo sus dos miembros los instigadores de una arriesgada y estimable empresa donde entregan su escritura a una múltiple galería de intérpretes pertenecientes a la escena hip-hop y R&B, como Q-Tip, Ol' Dirty Bastard o Pharoahe Monch entre otros. Bajo la producción de Damon Dash, experto conocedor de dicho entorno, la traslación del orgánico ecosistema del rock al fraseo irreverente funciona con igual solvencia en su manifestación más envolvente o por medio de su recitar lenguaraz. La siempre aludida disputa entre la música urbana y aquella filtrada entre electricidad en busca de una supuesta hegemonía en el discurso, aquí sabe convertirse en una recomendable alianza de iguales a los que solo les separa el dialecto tomado de una raíz común.
La decepción: "No Rain, No Flowers" (2025)
Si todo grupo, ya sea por prescripción promocional o por plena convicción, señala a su más reciente creación como su hijo predilecto, la última referencia –antes de la publicación de su nuevo “Peaches!”– del dúo de Akron representa en su árbol genealógico una rama suspendida por el tedio y el adocenamiento. Un poco estimulante resultado en el que ni las proclamas bailables ni los medios tiempos, ni por supuesto una épica poco aprovechable, consiguen enunciar un diálogo cautivador. Al contrario, este trabajo da síntomas, esperemos que eventuales, de ser consecuencia, inspirándonos en su su propio título, de una sequía inspiracional incapaz de germinar ningún tipo de flor especialmente digna de contemplación.

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