Peaches!
DiscosThe Black Keys

Peaches!

8 / 10
Kepa Arbizu — 30-05-2026
Empresa — Easy Eyed Sound
Género — Blues

Probablemente no haya diagnóstico más doloroso para una banda que mostrar una incapacidad para estimular las expectativas del oyente. Síntomas que han definido las más recientes producciones, especialmente la última, del exitoso dúo procedente de Akron. Una situación que, paradójicamente, puede haber beneficiado al resultado de “Peaches!”, su regreso a los viejos locales de blues en detrimento de las luminosas discotecas, suena a una reconfortante búsqueda del impulso primigenio.

Para recuperar esa identidad extraviada, a veces diluida en los fragores del jadeante presente, en ocasiones es bienvenida una voz ajena, por eso resulta –relativamente– secundario que estemos ante un disco de versiones cuando de lo que se trata es de ponderar ese regreso a unos fundamentos iniciáticos donde la formación rugía entre grasa y destreza orgánica. Una condición natural invocada por medio de una grabación casera y sobria donde la crudeza, espoleada también por el rugido herido de un Dan Auerbach conocedor de la fatal enfermedad de su padre, impone su dictado.

Un repertorio, en paralelo memorándum respecto a las influencias fundacionales del proyecto, que marca su itinerario contundente y áspero en en el Hill country blues y su agreste interpretación del género, convirtiendo a David Kimbrough Jr. y a R. L. Burnside, intérpretes respectivamente de “Tomorrow Night” y “Fireman Ring the Bell", en “padres” de una tensa distorsión que toma rumbo también hacia el soul. Un destino que escoge su lado más carnoso, el que procede de la sudorosa "Who's Been Foolin' You", responsabilidad de Arthur Crudup, y sobre todo honra a Ike Turner con una desaforada “You Got to Lose”. Suculentos bocados a unos melocotones que explotan de sabor gracias al "She Does It Right", perteneciente a Dr. Feelgood, y que muestran también, gracias al "Where There's Smoke, There's Fire" de Willie Griffin, su piel tersa pero aterciopelada.

Al margen de las esperanzas depositadas en que no estemos ante un divertimento ocasional, y más bien ante el cambio de paradigma en la formación, lo verdaderamente relevante es que de nuevo la firma del dúo es reflejo de un nervio incendiario y un latido trepidante. Y es que para volver a ser uno mismo, a veces la forma más directa de conseguirlo es a través de los demás.

 

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