Con su segundo álbum, los de Leeds apostaron por un trabajo intensivo de producción para conseguir un sonido más sofisticado y colorista que les alejaba de la angulosa sobriedad en blanco y negro de su debut. El precio de esta ambición, quizá necesaria para desmarcarse del revival post-punk que les rodeaba, es que perdían un poco el foco.
En este tercer disco vuelven a sentirse grupo de rock -de hecho, han grabado todos juntos-. Es más que probable que en este regreso a la esencia de la dinámica grupal haya tenido que ver su interminable recorrido por los escenarios, donde han ido perfeccionando un directo tan eficaz y orgánico como divertido. El cuarteto se ha ganado a pulso ser uno de esas formaciones que no te debes perder en un festival (o en una sala). Aprovechando ese bagaje, en esta tercera entrega combinan vitalismo rockero al estilo de los Arctic Monkeys primigenios con detalles sofisticados que nos remiten a su segundo trabajo.
En realidad, el espíritu de Yard Act siempre ha estado más cerca de Prince que de Joy Division, pero lo que en su segundo disco perseguían desde el estudio, aquí lo buscan como cuarteto de rock modulando el tono de cada canción en un álbum de contrastes que fluye perfectamente. Del estribillo de “Cherophobe Rock” al bajo de “Thrill of The Chase” y los devaneos vocales a lo Alex Turner, el riff pesado de “Redeemer” o los jugueteos de “Fiction", los ingleses derrochan recursos hasta cuando se ponen ligeros (“Talky Talky People”).
Ya se pongan oscuros, densos, reflexivos o abiertamente festivos de cara a los grandes escenarios que empiezan a frecuentar (con la canción que da título al disco), en la música de los británicos lucen las historias hilvanadas con gracia y talento rítmico por el vocalista Smith. Podría verse como una versión amable del costumbrismo tan agudo como a menudo deprimente de Sleaford Mods. La mirada a la vez tierna y sarcástica de Smith, y la manera propia que tiene de frasear brilla en un LP despojado de singles claros -con la excepción del corte que bautiza el disco-, pero que tiene pinta de ir creciendo con las escuchas, ya que las canciones, tan diferentes, se complementan. El mérito de Yard Act es que han encontrado su propio camino, un camino que celebra la vida en lugar de abundar en la miseria, como tantos otros.
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