Desde que inició su carrera en solitario los adjetivos elogiosos han seguido al ex miembro de la banda gerundense de culto Psychoine y sobrino del pionero valenciano del rock mediterráneo Pep Laguarda. Y aunque a nivel de popularidad el artista continúa siendo un secreto bastante bien guardado, se lo ha ganado a pulso con una ya amplia colección de discos muy personales que concilian psicodelia de raíz anglosajona con folclore sureño, rock de los setenta y hasta trance del Sáhara, entre otras influencias.
Tras el celebrado “Tu piel es la galaxia” Jose Domingo continúa ampliando sus horizontes en un octavo álbum en el que la huella de Robert Wyatt o un Gainsbourg de buen rollo se codea con los sonidos ancestrales de la sierra de Tramuntana. Elaborado entre Mallorca y Berlín, es uno de esos trabajos no tan frecuentes que tienden puentes entre tradición y vanguardia de forma natural y luminosa. En su propia isla.
Las guitarras entrelazadas de la instrumental “Sentado en el cielo” invitan a que entremos en el acogedor y amable mundo propio del compositor, con sus insospechados recovecos musicales. Un mundo meridional poblado por flautas, armónicas, palmas, marimbas, percusiones singulares y la voz del propio Domingo, que nos guía a través de las siete composiciones que completan el álbum.
La melodía alucinada de “En el amor”, el tono extraterrestre de “Nacimiento de un alien” (título muy Joaquín Pascual) o el ácido desmelene (post) rockero de “Flutes”, con el protagonismo de las guitarras eléctricas, son algunos de los pequeños grandes hitos de un álbum en el que hay sonidos de olas y otros elementos naturales que nos hacen sentir en casa. “Pensant en la teva belleza” remata un viaje de efectos sanadores con el que Domingo mantiene su nivel y ganará adeptos a la causa.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.