El estadio Riomar de Castro Urdiales volvió a convertirse en el epicentro de la música independiente nacional en la sexta edición de Sonórica.
El festival arrancó el viernes con el público llegando poco a poco bajo una temperatura más que llevadera y un cartel que prometía mucho desde las primeras horas de la tarde. Los locales Mizmaya abrieron el escenario Sirenas con la responsabilidad y el privilegio de ser profetas en su tierra. El trío cántabro tiró de su propuesta de indie-rock de raíz para ir ganando terreno canción a canción, apoyándose en bases eléctricas que suplían lo que aún les falta de masa crítica en los festivales. "Bosque de Secuoyas", su single más reciente y probablemente el más honesto de su carrera, fue el momento de mayor conexión con un público que los fue recibiendo de menos a más hasta acabar entregado. Cerraron con “El Calendario” y “21 46” dejando la semilla para, en un futuro, volver pero sobre las tablas del escenario principal.
Puño Dragón llegaron al escenario El Águila en uno de los mejores momentos de su trayectoria. Los asturianos, en plena recta final de su gira "Juegos Violentos" y con nuevo disco en el horizonte, demostraron por qué se han convertido en uno de los directos más sólidos del rock alternativo nacional. Su propuesta de rock a dos voces, donde conviven la crudeza y la ironía, funcionó de maravilla con un público que coreó desde los primeros acordes. Hubo espacio para una pseudo-jam donde teclados y batería fueron tejiendo un entramado que pasó por el jazz y el funk antes de que el resto de la banda se fuera sumando poco a poco; para una versión de "Èchame a Mi la Culpa" de Albert Hammont que arrancó caras de sorpresa; y para los momentos más hard rock de un set que se cerró con “Haré lo que Pueda” de manera algo más suave de lo esperado pero que dejó muy buen sabor de boca.
Inazio ofreció un concierto de esos que se definen por el estado de aura que proyecta sobre el escenario. El cantautor navarro, con una voz que ganó en profundidad y matices, demostró que sus canciones tienen un peso específico que va más allá de lo que sugiere su aparente sencillez. La formación, compacta y muy bien ensamblada sobre el escenario, construyó un set de mayor a menor intensidad donde los teclados aparecían puntualmente para crear atmósferas que sostenían letras de vocación coral. No faltó “Lo que Haga Falta”, “Atlántico” y "Oasis", la que fue uno de esos momentos colectivos que hacen que los festivales merezcan la pena.
Niña Polaca fue el primer gran estallido de la noche. Los madrileños llegaron al escenario principal con un arsenal de canciones que el público se sabía de principio a fin, convirtiendo el set en un karaoke multitudinario desde el primer momento. "San Francisco El Grande" abrió fuego y ya no hubo tregua: "Travieso" y "Los días malos" fueron jalonando un concierto que alternó los momentos más guitarreros con otros de mayor vuelo melódico, con los teclados tomando el protagonismo en los instantes más intimistas. Cerraron con “Mucho Tiempo Contigo” a la que acompañaron dos pogos monumentales en la recta final, certificando que su comunidad de seguidores sigue intacta y en expansión.
Paula Mattheus tomó el escenario Sirenas con una propuesta que fue evolucionando a lo largo del set. La vizcaína arrancó desde un lugar más íntimo con “La Salvaje”, con ella liberada de la guitarra y alargando los estribillos hasta exprimirlos, para ir derivando hacia territorios más rockeros “ La Lotería” con riffs de guitarra que dotaron al concierto de mayor musculatura. Su versatilidad quedó patente en una actuación que transitó sin complejos del country “Autotune” al pop electrónico y dance “Ya no me Joden la Fiesta”, con un tramo central donde el órgano eclesiástico de la intro de uno de sus temas dio paso a una versión casi idéntica a la original de “Vale La Pena”. Concierto que dejó sensación de artista en constante proceso de reinvención.
Sexy Zebras pusieron el festival patas arriba. La banda madrileña abrió con "Bailaremos" y no bajó la guardia en ningún momento, desplegando su rock combativo y electrizante ante un público que se sabía cada palabra. El set fue una sucesión de momentos de desfogue colectivo —con un pogo que tardó poco en formarse— y de complicidad entre el escenario y las primeras filas. La pausa para afinar y el posterior número con pelucas para “Marisol” añadió el punto de locura que la noche necesitaba. “Charly Garcia” , "Bravo" o “Días de Mierda” pusieron el punto final a uno de los conciertos más completos y desatados de la jornada.

Besmaya actuaron por primera vez en Cantabria con toda la banda y lo convirtieron en una de las sorpresas de la noche. El dúo formado por los dos Javis —Echávarri y Ojanguren— presentó en Castro Urdiales su propuesta de pop alternativo con guitarras, demostrando que sus canciones crecen de manera notable cuando las acompaña una formación al completo. Sonido compacto, cinco músicos perfectamente engrasados y una dedicatoria a "Nadie" que lo decía todo sobre el ADN del proyecto. Bajaron la intensidad con un corte casi acústico que el resto de la banda fue llenando poco a poco, para luego volver a la energía de sus temas más guitarreros “Matar la Pena” (no hubo apoyo en directo de los Malmö). El de Besmaya fue uno de esos conciertos de los que uno sale buscando el nombre en las plataformas.
La noche cerró con Ultraligera como cabeza de cartel indiscutible del viernes y visto lo visto, del festival. La banda madrileña llegó a Castro Urdiales en un momento de forma inmejorable: con "Pelo de Foca" ya convertido en disco de oro y con "Lapsus", su segundo trabajo, recién parido y con gira de más de cuarenta fechas por delante. Arrancaron fuertes con "Lapsus" y no cedieron un milímetro en todo el set. Hubo fuegos, hubo rock visceral y hubo momentos de emoción colectiva, aunque el extenso interludio de agradecimientos y presentación de la nueva incorporación a la guitarra —Mario Díez— robó tiempo a un concierto que en un festival siempre se antoja corto. “Alguna Película” dio aire, “Me Miras Mal” se extendió más allá de su duración oficial con Gisme bajando a integrarse entre el público. "Matanza en el Hotel" cerró el show de la misma manera que empezó, con riffs y fuego a lo Rammstein, en lo que fue un broche a la altura de lo que esta banda ya es capaz de exigirse a sí misma.
El sábado llegó con algo menos de público en las primeras horas pero con la misma temperatura festiva que había marcado la víspera. Yaiza San Martín abrió el escenario Sirenas con una propuesta de pop de autor que fue ganando en consistencia conforme avanzó el set. La cantautora emergente alternó sus facetas más íntimas y acústicas con momentos de mayor carga rockera, aunque la cohesión entre los cuatro músicos sobre el escenario todavía tiene margen de mejora. El amor, en todas sus formas y contradicciones, funcionó como hilo conductor de un repertorio que osciló entre la vulnerabilidad de los cortes más lentos y la determinación de los más eléctricos.

Éxtasis dieron una vuelta de tuerca interesante a su propuesta a lo largo del concierto. Arrancaron en un territorio más convencional “tq Pero” para ir derivando hacia sonidos funk y disco con guitarras de inspiración Daft Punk “Te vi Bailar” que consiguieron arrancar al público y hacerlo partícipe de la fiesta. El tramo final, donde se asomaron a la rumba “Se Acabó el Indie”, fue el más efectivo del set y el que mejor definió hacia dónde puede ir esta banda si apuesta por sus instintos más festivos.
Lisasinson llegaron con las guitarras muy arriba, quizás en exceso, lo que en algunos momentos comprometió la voz de su cantante. Su propuesta de punk-pop con raíces más suaves funcionó mejor cuando la formación se redujo y el sonido ganó en claridad. "Barakaldo", “Ya me da Igual” y "Volverte a Enamorar" fueron los momentos más redondos de un directo que tiene mucha energía pero que aún busca su punto de equilibrio.
Lori Meyers son una garantía de directo y el sábado lo volvieron a demostrar. Los granadinos tardaron algo en conectar con “Hacerte Volar”, con una apertura más atmosférica donde los teclados construyeron el ambiente antes de que la maquinaria se pusiera en marcha del todo. Puede que no fuera hasta “Con Luces de Neón” que no engrasan la maquinaria. Con "El Tiempo Pasará" conectaron después de transitar por tierras indeterminadas y "Emborracharme" prendió la mecha para los momentos en los que el público cantó en masa.. El cierre fue el más rockero de la noche, con Noni estampando su guitarra contra el suelo al finalizar “Mi Realidad” y con una eterna “Alta Fidelidad” metiendo al público dentro de la canción, mientras Noni se metia dentro del público.

Galerna fue probablemente la propuesta más alternativa y arriesgada del festival. Su apuesta por dinámicas diferentes y armonías más luminosas los alejó del indie más convencional del cartel, construyendo un set de mayor recorrido para quienes estaban dispuestos a seguirles. Pasaron por encima de su último disco con temas sueltos. Resumieron su “Viaje a Roma” con los capítulos 1,3,7 y 8. Concluyeron con uno de sus primeros temas “Madrid” y con el más reciente "Qué nadie duerma" para un concierto que dejó una huella distinta a todo lo demás.
Hombres G son una institución y en Castro actuaron como tal. David Summers y compañía repasaron su catálogo acompañados de tres vientos, teclados y guitarra adicional, con una puesta en escena que privilegió los momentos más suaves y melódicos del repertorio sobre los más conocidos. "El Ataque de las Chicas Cocodrilo", "No te escaparás" o "Te quiero" convivieron con temas recientes que el público recibió con menor entusiasmo, aunque la conexión emocional con sus clásicos sigue siendo imbatible.“Venezia” y como no, “Devuélveme a mi Chica” lograron los mayores picos de sonoridad marcados por el público que disfrutaba en las instalaciones de Riomar.
Malmö 040 llegaron al escenario Sirenas a medianoche con toda su comunidad entregada desde el minuto cero. El quinteto barcelonés, que en los próximos meses llenará el Sant Jordi y el Movistar Arena, ofreció un concierto festivalero en el mejor sentido del término: dinámico, alegre y cargado de estribillos que el público se sabía de memoria. Interpretaron una versión de “Un Beso y Una Flor” de Nino Bravo con imágenes futboleras de la selección española de fútbol de fondo. La banda liderada a la voz por Carlos fue la que mejor sonido sacó del escenario secundario en todo el festival. "Los cobardes viven siempre" y "Los Lugares Donde Irás" fueron los momentos más coreados del set list. Una gran actuación del quinteto que seguro amarraron nuevos seguidores a su causa.
Barry B cerró el sábado con un concierto de altura desigual. El artista llegó con toda la banda y con un repertorio que alternó momentos brillantes con tramos donde la voz pareció algo forzada “Quieres Autodestruirte Conmigo?. Aún así, el show gustó. Interpretó sin colaboraciones “TRANKIS” lo que le sirvió para coger aire. "Silverado" y “Todo ese Dolor” dieron contraste a la noche. El cantante de Aranda de Duero no perdió la sonrisa en ningún momento, reflejo del buen momento que está viviendo. "Infancia Mal Calibrada" cayó en gracia, "Monstertruck" derivó hacia la electrónica. Fueron los picos de una actuación en la que la guitarra llevaba la melodía con una delicadeza que no siempre tuvo el protagonismo que merecía “VICTORIA”. El cierre fue épico con “Yo Pensaba que me Había Tocado Dios”.
Chimo Bayo puso el punto final a la sexta edición del Sonórica con su techno machacón de siempre, soltando sus palabras de siempre de manera aleatoria e inconexa ante quienes aún tenían ganas de alargar la noche. Mezcló temas populares de electrónica con los suyos propios como “La Tía Enriqueta” o “Así me Gusta a Mí”. Una estampa ya clásica del festival, la de una leyenda de la música dando cierre a un festival con espíritu y objetivo de combinar lo grande con lo íntimo sin perder su identidad.
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