No news, good news. Todo en el nuevo álbum de J Mascis, Lou Barlow y Murph suena rotundamente familiar. Y consistente: lo más importante. Es el sexto que publican desde que se volvieran a reunir en 2005. Y el decimotercero de su discografía: están a punto de igualar y superar en número a los que publicaron en su fase imperial, entre 1985 y 1997. Lo tremendo es que lo van a lograr sin rebajar el listón cualitativo, aunque a estas alturas ya no vayan a ser precursores de nada ni seguramente tampoco logren añadir momentos inexcusables a un hipotético recopilatorio.
Sí que se aprecia aquí cierta recuperación de su veta más directa. Más expeditiva, más pop o menos recargada, por decirlo de algún modo. Quizá tenga algo que ver la decisión de Mascis de rescatar un amplificador Mesa Boogie MK 1 de los años setenta, el mismo modelo que utilizó Chris Dixon en la grabación del primer álbum (homónimo) del dinosaurio en 1985. Quizá también influya la decisión de Barlow de resucitar el mismo sonido distorsionado de radio de onda corta que grabó durante la gira europea de 1987, para un momento puntual. El caso es que todo resulta tan reconocible como reconfortante. Aunque esta vez añadan el piano de Ken Mauri en un par de cortes: es prácticamente inaudible, como lo era la guitarra de Kurt Vile en su predecesor, "Sweep Into Space" (2021).
“Several Got Away” es un single de libro. La agridulce “No Friends” remite a la época del sobresaliente "Where You Been" (1993). “Gone Off” trae recuerdos a su estirpe de Massachusetts: su inicio guiña un ojo a los Buffalo Tom de “Tree House” y su estribillo lo podría haber firmado Evan Dando. Y canciones como “Everything At Once”, “Walk Me Back”, “Read The Room” o “Clam Along” despuntan desde ya mismo entre lo más abiertamente pop que han hecho nunca, signifique lo que signifique eso en medio de la maraña eléctrica desatada por el power trio. Por si fuera poco, las dos canciones de Lou Barlow, “Blowin’ Up” y “No Ones Ready”, cumplen su cometido: desengrasan melódicamente, oxigenan y aportan su puntual dosis de realismo en contrapunto al cripticismo masciano, con textos que aluden a la podredumbre gubernamental de los EE.UU. y al hedor de las redes sociales, que tanto la alimentan. En resumen: cascarle ocho estrellas sobre diez a una crítica de un disco de los dinos es tan previsible como inevitable. Eso es así.
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