Hablaba hace poco con los protagonistas de “Blue Film” sobre la decadencia de los festivales de cine, y lo lejos que (paradójicamente) pueden estar del séptimo arte. Toda la parafernalia alrededor de las películas muchas veces va en detrimento del propio arte, en lugar de estimularlo. Y esto, que es algo que aparece en “El ser querido”, también puede tener un punto meta aquí. Porque estoy seguro de que se estaría hablando a nivel internacional mucho más de “El ser querido” de no haber casi-coincidido en Cannes con “Valor sentimental” (cualquier levantamiento de cejas respecto a su parecido desaparece al ver esta película, pero eso da igual una vez que se forma la corriente de opinión) y de no haber coincidido, ahora sin el casi, con “La Bola Negra” - independientemente de su calidad, son otros factores los que la convierten en el corredor por el que claramente ha apostado la maquinaria pesada.
El mayor reclamo de “El ser querido” de Rodrigo Sorogoyen para el público puede ser el duelo interpretativo entre Javier Bardem y Victoria Luengo, y en ese sentido no decepciona: ya empieza fuerte con ese cold opening de casi veinte minutos entre los dos, y cada escena que comparten es para quedarse embobado. Pero esto es mucho más que un vehículo de lucimiento para sus actores, y un ejemplo es que contiene quizás la secuencia con más tensión rodada por Sorogoyen, lo cual no es poca cosa... y sin necesidad de un solo disparo ni violencia (física). Una secuencia que, según nos contó el director en la entrevista que también publicamos, tardó cinco días en rodarse.
“El ser querido” es su primer largo de drama cien por cien y no se guarda ningún as en la manga en forma de giro: nos quiere contar la relación entre esta hija y este padre, y es lo que va haciendo a fuego lento a lo largo de todo el metraje. Concluye en un doble final que nos brinda una de las secuencias más intensas que ha rodado (quienes dicen que su cine es frío no estoy seguro de si seguirán opinando lo mismo), y que no funcionaría tan bien como clímax de no estar sostenido durante todo lo previo por un exquisito guion firmado, como siempre, entre él e Isabel Peña.
El excelente retrato de sus personajes protagonistas nos da además uno de los mejores y más realistas retratos del cine que se han hecho en nuestro país, con juegos formales al respecto y de nuevo con una magnífica fotografía y banda sonora a cargo de sus habituales Álex de Pablo y Olivier Arson.
En definitiva, “El ser querido” es uno de los mejores trabajos de su director (para quien esto escribe, el mejor tras “El Reino”), y esto tiene aún más mérito siendo un terreno con cero unidades de thriller y que, en otras manos, habría sido una historia mil veces contada. Comentaba Sorogoyen a Variety que “la palabra principal que me repetí a mí mismo mientras la dirigía fue inequívocamente 'experimento'”. Pues bienvenidos sean los experimentos.

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