Escuchar hacia adentro
ConciertosRufus T. Firefly

Escuchar hacia adentro

8 / 10
Diego Caro — 31-08-2026
Fecha — 22 agosto, 2026
Sala — Cascante
Fotografía — Diego Caro

Oscuridad y neones por prescripción psicodélica. Arpegios sintéticos y melotrones empiezan a sonar en auriculares de luces rojas que flotan por el parque del Romero de Cascante y la silueta del Moncayo, de fondo, aparece y desaparece al ritmo de relámpagos que nos observan desde una cauta distancia. Ahí estábamos cuando las voces de Víctor Cabezuelo (guitarra, teclados y voz), Julia Martín-Maestro (batería y voz) y Manola (teclados y voz) nos empiezan a cantar al oído, y al unísono, está sonando el coro del amanecer en torno a una gran fuente de piedra; un tema perfecto de Rufus T. Firefly para empezar su concierto.

“El Coro del Amanecer” se desvanece con esa outro casi tarareada por Manola, tan etérea, tan humana y un poco eléctrica al mismo tiempo; sin parar, comienza el ritmo de batería que baila con un groove impar de “Todas las Cosas Buenas”, tema rapsódico que da nombre al último álbum de la banda. En lo alto del monte, todos los presentes, cascos en oídos, compartimos (en este caso) el placer como se comparte la fe.

La banda da las buenas noches antes de continuar con una percusión y un wurly muy de los 80, de fantasía, de zodiacos, de hacer el amor y de tantas cosas más que se nos despiertan con “Polvo de Diamantes”. ¿Cómo no nos vamos a dejar arrastrar por la nostalgia de aquellos ochenta? Gran trabajo en los arreglos de teclado de esta canción, por cierto.

Víctor Cabezuelo agradece a la organización de Estaciones Sonoras su apuesta por formatos como aquel, con auriculares, para un grupo reducido de 300 personas que escuchan hacia adentro y disfrutan de una experiencia única en un entorno natural tan especial, donde el aroma del romero llegaba vagamente al concierto (o eso me quiso parecer). El siguiente tema fue una rareza en los directos de la banda, “Pulp Fiction”, de su álbum Magnolia, que sonó jodidamente íntima. Los destellos tras las nubes ayudaron.

El frontman de Aranjuez pasa al piano para tocar “Reverso”, una canción originalmente compuesta para el Museo del Prado, pensando en unos cuadros que daban la espalda al público al tiempo que enseñaban sus vergüenzas. El tema comienza con un piano neoclásico, lidio por momentos, que se deja llevar a ritmo de un bajo contundente, baterías y arpeggiators hasta un final épico.
Julia toma el micro con ese halo de timidez tan suyo que siempre la acompaña, aun cuando toca la batería con un rollazo magnético… Hoy estoy mejor de “Ceci N'est Pas Une Pipe”, una canción con la oniria surrealista a la que hace referencia su nombre, que acaba con ese contrapunto de voces que se superponen como cristales y/o espejos, estoy contigo/estás conmigo…

El siguiente tema, también de "Todas las Cosas Buenas", fue “Trueno azul” acompañado de unos truenos que relampagueaban al ritmo de la música, como cuantizados a corcheas; magia. La canción terminó con su outro disco-mix en aceleración, palmadas Dua Lipa incluidas, y el Nord de Víctor con la resonancia echando fuego por el tubo de escape; la gente no puede evitar bailar. Empalman con “Dron Sobrevolando Castilla la Mancha”, conexión total.

Con la ya clásica “Nebulosa Jade” la banda es presentada en un interludio central que me llevó, tan solo fugazmente, a los trading fours jazzísticos: al bajo Miguel de Lucas; a la guitarra, Charlie Campos; a la percusión, Juan Feo; y a los teclados, Manola. Seguirán con “La Plaza”. Víctor, micrófono en mano, la cantará sentado junto al público, que con su peto vaquero no deja de ser un Charming Man.

Llega el momento de bajar pulsaciones. Comienza la intro de guitarra desnuda de “Canción de paz”, un tema que nos hizo tan felices (y un poco tristes también, ¿por qué no?) hace unos meses, cuando Rufus T. Firefly lo publicó, casi por sorpresa, como adelanto de Todas las Cosas Buenas. Un ritmo como de bossa nova, que nos dice mucho de la riqueza de este álbum que bebe de tantas fuentes y que es tan personal, tan de Aranjuez, tan cosmopolita, tan de los ochenta, y de los dosmilveintes, tan de ti y de mí, y de todo el que se quiera dejar llevar hasta la mitad del camino. La canción acaba con un público repitiendo, casi susurrando, en tus ojos hay una canción de paz…

Un solo de Julia rompe la paz para empezar “El Principio de Todo”, con ese bajo tan reese y cinematográfico… no es la primera vez, mírate bien. Una canción con una de las letras más profundas de la banda, en mi humilde opinión, desquebrajada por un solo de guitarra rompedor y con una outro muy Daft Punk; guitarreo, batería disco y voces humanoides algo vocoderizadas (qué bien entra esa cuarta aumentada Rufus para salir de la oscuridad).

Continúan con “Sé Dónde Van los Patos Cuando se Congela el Lago”, otro clásico de la banda y de la literatura… Me pregunto si alguien escribe las letras de Rufus en un guante de béisbol como hacía Allie Caulfield; o en uno de portero de fútbol, más del folklore nacional. Si no se ha hecho todavía, debería hacerse. La banda acabaría con “Río Wolf”, no duerme nadie esta noche, seguido de un postludio instrumental muy muy pinkfloydesco. ¡Viva la psicodelia y las canciones de más de cuatro, cinco y hasta ocho minutos!

Una noche bonita, con una propuesta de Estaciones Sonoras que, una vez más, va más allá de lo que ofrecen las programaciones más convencionales de verano. La jornada había empezado a primera hora de la mañana en ese mismo parque con yoga, meditación, caminata consciente, naturaleza y desayuno saludable, involucrando a niños y mayores de la localidad en un festival que es mucho más que un festival tal y como lo entendemos, y que llega hasta rincones y gentes inesperadas a través de la música y mucho más.

Muchas gracias a Estaciones por hacerlo posible y a Rufus por apostar por este formato con cascos, con el que comenzaron la presentación de "Todas las Cosas Buenas" allá por marzo de 2025 en una antigua fábrica de zumos de Aranjuez, de donde es originaria la banda; aunque Rufus T. Firefly son de muchos lugares y muchas épocas al mismo tiempo. Fue un placer escucharos y escucharnos a nosotros mismos a través de aquellos auriculares de luces rojas.

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