Reseñamos 'De puntillas', una de las mejores series del año
Cine - SeriesRussell T. Davies

Reseñamos 'De puntillas', una de las mejores series del año

9 / 10
Don Disturbios — 01-09-2026
Empresa — Channel 4, Quay Street Productions
Fotografía — Cartel de la serie

Con sus 63 años el currículum de Russell T Davies en la televisión Británica (‘Years & Years’, 'It's A Sin', ‘Doctor Who’)  es de los que no cabe en un largo papiro. Una experiencia que ha resultado vital a la hora de escribir y rodar esta demoledora historia planteada y conclusa a lo largo de cinco capítulos que van de menos a más, hasta alcanzar uno de los finales más tensos y brutales de los últimos años.

“Tip-Toe”,es decir, “De Puntillas” está rodada y escrita con un fin muy determinado. Es toda una llamada de atención ante esa violencia que poco a poco va creciendo en la sociedad occidental, contra los que piensan y sienten distinto. Comunidades que, tras unos años de eufórica eclosión, ven cómo deben volver a ir con cuidado, andar de puntillas, no vayan a molestar al hijo de puta equivocado. El mismo que cada día alardea con mayor desfachatez y entusiasmo su ignorante estupidez porque -hay que decirlo- andan muy envalentonados.

Ese es sin duda el tema de mayor peso, el que vertebra toda la trama, pero no es el único. “De puntillas” plantea también como hemos ido perdiendo el anonimato por culpa de las redes sociales. El mismo anonimato que nos otorgaba una libertad de acción y movimiento muy propio de las grandes ciudades. Las mismas que acogían en sus inmensos brazos a todos los - las, les - diferentes del mundo, para mantenerlos lejos de las habladurías o acosos de los entornos más pequeños. Sin embargo, la aldea global con su híper conectividad, unida a esa necesidad de exhibición inconsciente, entraña sus riesgos. Y lo hace porque vivimos en una sociedad tan polarizada que basta una serie de malentendidos para que todo se salga de madre y acabe, como no, en una tragedia imposible de revertir y de la que nadie va salir indemne.

Todo esto se recoge en esta historia de dos vecinos cuya relación ya sabes que va a acabar como el rosario de la aurora desde los primeros planos. Y es que “Tip-Toe” empieza desvelando al espectador su final, para prepararlo frente a esa escalada argumental que se va a ir tejiendo, al principio de forma algo lenta, hasta llegar a un último capítulo con uno de los acelerones más bestias de la historia de la televisión. Y lo logra, también, gracias a ese duelo interpretativo de dos veteranos de la talla de Alan Cuming y David Morrissey que resultan inmensos en sus respectivos papeles. El primero como veterano homosexual impulsivo y resabiado frente al solitario, amargado y desubicado padre de familia, al que le prometieron un gran futuro y solo ha acumulado decepciones y palos. El antagonismo, no solo está servido, es que va ser de aúpa.

Y luego está la masa. Los palmeros. Los cobardes que se mantiene al margen sin intervenir o incluso jalean. Los mismos que, lejos de ayudar a apagar el fuego cuando aún es posible de revertir, lo avivan en busca de un buen espectáculo. Los que anulan sus individualidades, sumándolas a una pulsión colectiva salvaje, ávida de que corra la sangre. Esos son tan culpables por acción u omisión como el verdugo. Y es ahí donde la sociedad y el individuo deben mirarse al espejo antes de que sea demasiado tarde.

Por último, lo que acaba por resulta más descorazonador de “Tip-Toe”, lo que te deja más hundido que una cogorza de vino y diazepam, es que su increíble final acabe por resultar verosímil. Que en el fondo nadie se extrañe que semejante salvajada pueda llegar a suceder realmente. Eso también dice mucho de la sociedad en la que vivimos.

 

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