El nuevo álbum de Dellafuente es una carta al aprendizaje. Un tratado de paz consigo mismo por haber logrado quererse y disfrutar de lo conquistado, de lo construido, de los frutos de una carrera de excelencia. “BRIGADO,” es una corriente de agua fría y fuerte que baja de Sierra Nevada cuando acaba el invierno como un precioso regalo a la llamada ciudad del encanto. Un tesoro de valor incalculable, una fuente de agua renovada que por el camino arrastra cada año lo que la naturaleza quiera darle y que jamás termina siendo la misma.
Por eso, este álbum muestra a un Dellafuente en calma y agradecido con la vida. El merecido descanso del genio que se ha ganado tras batallas en las que ha puesto la sangre sobre la mesa. La victoria del valor de las pequeñas cosas, de mirar al presente a los ojos y quererle tal y como es. De ahí que el contenido audiovisual del disco esté protagonizado por un robo del propio Dellafuente en el que recopila elementos que definen su pasado como artista para luego empeñarlos y recibir a cambio la rosa rosa que representa esta nueva etapa.
“Tomo decisiones que sé que pueden destruirme, porque amo reconstruirme”, suelta en ese himno absoluto que es “Espíritu Santo” dentro de esta nueva obra cuya raíz sale directamente de la “tierra del diseño de interiores”; para abrir las alas y expandirse al resto del mundo. Bajo una producción colectiva junto a Antonio Narváez, SAIKO, Toni Anzis, uli o Scar. El “Chino” celebra su casa, su hogar, entre tanto ruido que nos puede hacer perder el foco y hasta la cabeza (“Yo toco madera por todo lo que fuimos, por todo lo que hicimos que no se muera”). De esta forma conecta con la tradición, con lo que siempre estuvo ahí, con el folklore; para girarlo con respeto y llenarlo de matices que miran hacia el futuro. Se empapa con la bachata, la salsa, el bolero o recupera bases de reggaetón para montar su propia fiesta dando un paso al frente más accesible y cercano a ese público que ha elevado los géneros latinos hasta lo más alto durante 2026. Y lo hace, además, sin colaboraciones de por medio y lidiando con ello él solito. Regalándonos, eso sí, un nuevo alter ego con el nombre de 3NOC del que poco conocemos por ahora.
Además, “BRIGADO,” no es solo un aplauso a los suyos y a su refugio. También se cuela hacia dentro y se auto analiza, generando una conversación desde el respeto a lo conseguido, recogiendo los frutos de lo sembrado, verbalizando lo afortunado que es en el día a día y pasando página para poder seguir transformándose (“No me preocupa el futuro, solo pienso en vivir”). Se vuelve así íntimo, vulnerable y nos conecta de nuevo a esas historias que salen del corazón y van directas a tocarnos la fibra. Y es que la verdad que siempre nos ha fascinado la capacidad que tiene Dellafuente para amasar las emociones, para tocarnos dentro con una facilidad asombrosa y hacernos sentir que está contando también nuestra propia historia (“Modo avión”). Es imposible trazar una línea de puntos hacia el futuro que pinte el nuevo camino que el artista posiblemente recorrerá. La libertad de la carrera de Dellafuente sigue intacta y él es el único que controla sus tiempos, el ritmo al que le entrega el control de su vida. Mientras tanto, hemos aprendido juntos el valor de disfrutar de lo que ya tenemos con nosotros.
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