“En realidad, más que encontrar a sus padres, lo que buscan, que es lo que buscan todas las personas que han vivido situaciones similares, es saber si antes de que los dejaran fueron queridos”, explica una de las testimonias en el último capítulo. Y sí, ese es el motor inconsciente de esta historia.
El 22 de abril de 1984 dos niños y una niña son abandonados en la Estació de França de Barcelona. Ellos tienen seis y cuatro años. Ella, dos. Son hermanos. Saben sus nombres: Ramón, Ricardo y Elvira, pero no sus apellidos. Tampoco saben cómo se llaman sus padres. Hablan francés. Dicen que han venido de París. Explican que los ha dejado ahí un tal “Tennis”, un amigo de la familia. Los ha sentado en un banco y les ha dicho que iba a por caramelos. Ya no ha vuelto a aparecer. Tras pasar por un centro de acogida, los tres son adoptados por una joven pareja de una bondad sobrecogedora. Los niños, luego adolescentes, luego adultos, viven una vida plena. Hasta que Elvira se queda embarazada y empieza a preguntarse qué sucedió con sus padres biológicos para que se deshicieran de ella y sus hermanos de la manera que lo habían hecho casi cuarenta años atrás.
Sueño de todo guionista (más si le añades elementos de mafias y vidas en los márgenes de lo legal), esta es la premisa (real) de la que parte “Abandonados”, la nueva docuserie, esta vez para Disney Plus, de Carles Porta, el creador de “Crims”, el true crime que desde hace años viene poniendo luz a la oscuridad a la crónica negra catalana, obteniendo récords de audiencia con cada una de sus nuevas temporadas. Un Carles Porta que, hiperactivo y viviendo su momento prime como showrunner, también está detrás de "33 días" (se estrenó el pasado 7 de junio en la plataforma Atresplayer), su primera incursión en el mundo de la ficción, reconstruyendo la fuga (real) protagonizada por los criminales Manuel Brito y Francisco Javier Picatoste en 2001. Pero esa es otra película.
Estructurada en cuatro episodios: el primero nos introduce en el caso, el segundo y el tercero se vuelcan en la búsqueda de los padres y el porqué del abandono –espectacular en esta parte cómo, después de que Elvira participe en un popular programa radiofónico catalán, se crea una red internacional (y aquí el adjetivo no es hiperbólico) de colaboradores que los ayuda encontrando y aportando pistas que acaban resultando claves en una investigación imposible por el tiempo que ha pasado y los pocos datos que se tienen de salida–, y el cuarto intenta despejar incógnitas; si la historia de “Abandonados” en su detonante ya tiene una potencia brutal, en manos de Carles Porta y su equipo, se convierte en una producción supra adictiva: si la empiezas, la acabarás viendo del tirón.
En su estructura formal, “Abandonados” sigue el patrón de casi todas las producciones de Porta. Una fórmula de éxito basada en entrevistas actuales a los testimonios del caso y muy notables recreaciones del pasado. A partir de aquí el montaje hace magia, jugando magistralmente con las declaraciones más relevantes, gestos, miradas y silencios. A todo ello, se le suma aquellos datos que la narración va dejando caer, despistando por parecer estar fuera de contexto, pero que acaban siendo de vital relevancia a lo largo del metraje. En “Abandonados”, además, destaca la forma en la que se trabajan los recuerdos de los hermanos, especialmente del mayor, y que son el único cimiento sobre el que se puede sustentar la investigación. Imágenes difusas por el paso del tiempo y por el bloqueo mental que sufrió en el momento de los hechos –que se nos ilustran con los dibujos que Ramón realiza de ellas (todo un acierto en la propuesta visual de la serie)– que con el avanzar del relato acaban tornándose realidad.
“Abandonados” es un muy brillante ejercicio audiovisual y periodístico (aquí, por ponerle un pero, me chirría que el propio Porta se sitúe como uno de los testimonios entrevistados y, en cambio, se obvie hablar con Albert Om, que fue el periodista que destapó el caso con su entrevista a Elvira en el programa “Islàndia” de RAC1). Pero, sobre todo, donde más conmueve es en el efecto catártico que ejerce sobre sus protagonistas principales y, consecuentemente, el sentimiento de empatía elevada a la máxima potencia que despierta en el espectador. Tres adultos que empiezan la historia preguntándose qué tuvo que pasar para que sus padres los abandonaran (pero sobre todo aquello que dice una de las testimonias: “En realidad, más que encontrar a sus padres, lo que buscan, que es lo que buscan todas las personas que han vivido situaciones similares, es saber si antes de que los dejaran fueron queridos”), y acaban sanando la herida (en parte, porque hay cicatrices que nunca deben de cerrarse del todo) redescubriendo y rearmando los lazos existentes entre ellos.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.