Casi una década después de “El Círculo” (16), Kase O ha vuelto a publicar un álbum. Y parece que ha abierto la caja de Pandora. El lanzamiento ha sido acompañado en redes sociales por un revisionismo histriónico e histórico sobre su figura, sus polémicos comportamientos y lo que verdaderamente representa en el rap español. Un cuestionamiento ruidoso, pero poco claro, tanto de una parte como de otra, entre medias verdades, nostalgia, vómitos retóricos, ajustes de cuentas generacionales y sofismas, muchos provenientes de gente que reconoce que no vivió aquella época en la que el rap español era un solar pero que dice que su primo se la contó o lo leyó en un hilo de Twitter.
Toda guerra cultural es una guerra de relatos, en su mayoría interesados, aunque lo camuflen hablando en nombre de palabras nobles “la verdad” o “la justicia”. Todos tienen parte de razón y a la vez ninguno. Pero negar la influencia y relevancia de Kase.O en el alumbramiento y desarrollo del rap español es demostrablemente falso. Tendrá actualmente más o menos fuelle, eso ahora lo analizaremos, pero la educación emocional y musical que el de Zaragoza sembró en muchos que no sabían que existía algo que se llamaba rap es innegable. Testigos son el periodismo, las revistas musicales especializadas y las declaraciones de artistas actuales admitiendo su inspiración. ¿Fue Kase.O un bolardo sectarista que estaba por ahí repartiendo multas impidiendo el avance estilístico y temático del rap en España? Reducir una afirmación tan gorda a una situación que tuvo más que ver con pura naturaleza social y cultural de nuestro país en la asimilación de ciertos sonidos y narrativas es tramposo. ¿Ponían una pistola en la cabeza por escuchar a principios de los 2000 hip hop con autotune? El poder de las amistades de cada uno que le decía lo que molaba y lo que no en una etapa tan traumática e influenciable como la adolescencia no es culpa de Kase.O. Como sevillano me crié escuchando a Toteking y SFDK, pero también a T Pain y Lil Wayne, y peor: ¡¡¡también escuchaba R&B!!! Y no dispararon el gatillo. Pese a todo el debate es lícito. Vamos con lo mollar de todo: el disco.
“Camisa de fuerza” no va a pasar a la historia como uno de los discos más redondos del zaragozano, pero tampoco es el peor disco de rap que se ha publicado en los últimos cinco años en nuestro querido y polarizado rap español. Kase.O latirá rap toda su vida y la siguiente, aunque con este álbum le tome el pulso a una temática universal, pero finita y poco fértil: el fogoso desahogo contra las críticas. El talento del miembro de Violadores del Verso reside, en el fondo, en su sensibilidad, para bien y para mal, y aquí el mito, aunque es legítimo y entendible que se defienda, se enfanga más de la cuenta. También es cierto que pocas actitudes hay más raperas que poner a parir a todo el mundo. Me gusta esa frontalidad y cómo se moja, se esté de acuerdo o no, en un rap español insípido que muchas veces peca de comida de hospital. A diferencia de “El Círculo” aquí el terremoto es hacia fuera, no hacia dentro, y reconoce su perdición nada más empezar el disco en la canción homónima, “gestiono mal la frustración”, sobre un beat amenazante a cargo de Hazhe, en el que también lanza los primeros leitmotiv del trabajo, “han querido encasillarme y no lo han conseguido”.
A nivel rítmico, “Camisa de fuerza” es más rico, contemporáneo y texturizado que “El Círculo”, la capacidad camaleónica que Harto Rodríguez tiene para producir es inmensa, por ejemplo en los colchones mulliditos de “Zaragoza” o “Top 3”, en la que Kase.O junto a Zatu y Nach agradecen emotivamente al fan por su fidelidad a lo largo de los años, aunque luego reconoce en “Fallo del sistema” –producida por R de Rumba– que “algunos fans me han decepcionado / no al revés” por no defenderle, además de cargar contra la homogeneización del pensamiento, “es tan raro cuando están todos de acuerdo / ahí es cuando más sospecho y desconfío de estos cerdos”, y las redes, “Twitter ya dictó su veredicto / estoy castigado / cancelado / me han dejado de lado”. Esto llega a su clímax con “Borregos”, la sorpresiva colaboración con otro de la estirpe rebelde, Evaristo Páramos, en la que Ibarra vuelve a azotar: “ciudadanos apesadumbrados / cobardes, pusilánimes y blandos subhumanos / preparados para el establo [...] proteger tu mente es la cosa más seria”. Rebelión en la granja.
Es cierto que el disco por momentos resulta algo redundante, por ello canciones como “Spoiler”, que se salen de la temática y narra un ligue entre el rapero y una influencer se siente como oxígeno, además bajo una instrumental de quilates, dura y siniestra firmada por un Sabiobeats que produce esta canción y “Rara obra”. “V.S.O.P.” es, probablemente la mejor del disco, colaborando con N-Wise Allah, en la que ambos mezclan introspección y vulnerabilidad, producida excelsamente por Animoss. Buenísima. “Puto Internet” es el corte más autocrítico del proyecto respecto a sus creencias conspiranoicas, con un sonido minimalista, sincopado y subacuático, en la que reconoce que se tragó “mucha mierda en internet, mucha tontería [...] He llegado a oír que Fidel Castro fue un agente de la CIA [...] Estas son las mierdas en las que yo me movía”.
Aparecen samples de la sesión de Bizarrap con Nathy Peluso en “Viva Kase O” y de la canción de Sofía Gabanna titulada “No hay rencor” en la citada “Fallo del Sistema”. El disco llega a su fin con la unión al completo de Violadores del Verso en “Consejo de sabios”, con pepitas de nostalgia, y acaba con “Todo me sale bien”, un regreso al tema principal del disco: la polémica y el “mojarse”: “si mis opiniones no generan debate ¿qué clase de rapper tenemos aquí? ¿qué pensaría de mí Chuck D?”.
A Kase.O le importan las críticas y “Camisa de fuerza” es el ejemplo más cristalino. Ha elegido el loable diesel del ajuste de cuentas, pero esa gasolina da para los kilómetros que da a nivel creativo, lo limita y su talento se difumina entre rabia y fogosidades, siendo más esclavo del sentir ajeno que del suyo propio, y enfrascándose en guerras que probablemente él mismo ha pensado en algún momento que no llevan a ninguna parte. Dejando eso a un lado hay muy buenos destellos, buenos rapeos y rimas más que dignas de un rapero indispensable para entender el rap español y que, para bien o para mal, sigue siendo Kase.O.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.