El colectivo franco-árabe parisino, el cual lleva ininterrumpidamente más de una década conectando y mostrándonos las singularidades de una electrónica definida por la tradición y los ancestros, regresa con un nuevo disco en el que vuelven a demostrarnos sin sutilezas el poder y magia de los sonidos de oriente. Del amor por el BPM, las voces y la musicalidad de origen arábigo.
Igual Acid Arab no son los pioneros de lo que muchos podríamos denominar “fusión oriental” –a bote pronto, y a la cabeza me vienen artistas multiculturales como Muslimgauze, Transglobal Underground, Omar Souleyman o muy especialmente Dissidenten, por aquel puente generado entre Occidente y el Magreb y de otorgar electricidad al Sahara con temones como “Fata Morgana”–, pero sí que están cumpliendo con creces en la nada sencilla tarea de entrecruzar dicha tradición con los sonidos más potentes de la cultura de club.
De hecho, con “Resonance” y la nada despreciable suma de dieciséis nuevas canciones, demuestran cuantísimo están dedicados en depurar una fórmula que ya estaba plenamente desarrollada en los anteriores trabajos “Jdid" (19) y muy especialmente en “Trois” (23). Acid Arab, en lugar de expandir sus fronteras, están concentrados en perfeccionar un territorio que ya tienen conquistado hace tiempo. Y se les nota contentos.
Como arquitectos de un espacio en el que acid house, techno y tradiciones musicales del Magreb y Oriente Medio dialogan en igualdad de condiciones, la formación parisina ha consolidado una identidad reconocible basada en una visión abiertamente transnacional de la música electrónica. Y en sorprendernos con las colaboraciones, por supuesto.
En este su cuarto álbum de estudio, y encajando todo con una pasmosa naturalidad marca de la casa, encontraremos las voces de Chaba Ibtissem, Cem Yıldız, Cheikha Hadjla, Yasmine Hamdan o Radia Manel, con quien firman uno de los momentos más orgásmicos del álbum, “Zine”. De esos que llevan en volandas por el diálogo entre el mizmar, las secuencias sintéticas y la propia voz de la artista argelina.
Ah, curiosamente es de los que menos aceleración tiene en cuanto a BPM. Al igual que, ¡atentos! el broche final de “Resonance” que corresponde nada menos que a nuestra querida Najwa Nimri. Bajo un título, “La nada”, una buena carga de secretos oscuros y aires hipnóticos. El dramatismo de ella casa perfectamente con el lenguaje envolvente de Guido, Hervé y resto del “clan parisién”.
De este modo, la nómina de colaboraciones vuelve a reforzar el carácter coral del proyecto. Un total, si no me fallan las cuentas, de hasta quince voces distintas dan la cara añadiendo identidad, patrimonio, melodías sinuosas, e incluso letras de carácter social o politizadas. Todo esto nos resulta ya familiar, ¿verdad?
El disco insiste en una idea central: borrar la geografía como límite sin diluirla del todo. En ese equilibrio, “Resonance” funciona mejor como manifiesto que como secuencia de picos clubbing –con permiso de “Sada'a” o “Zid Mazzika”– con momentos de notable densidad sensorial pero también cierta homogeneidad en su arquitectura rítmica, donde la pulsión techno actúa más como tejido común que como elemento de ruptura.
En conjunto, Acid Arab siguen fieles a su programa estético: una pista de baile entendida como zona de contacto, alejada del exotismo fácil, en la que Alo político y lo corporal se cruzan sin necesidad de subrayado.
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