Rock inmortal
ConciertosBbk Legends Bilbao

Rock inmortal

7 / 10
Jon Bilbao (viernes) & Martin Otxoa (sábado) — 30-06-2026
Empresa — Dekker
Fecha — 26 junio, 2026
Sala — Bilbao Arena, Bilbao
Fotografía — Stuart Macdonald (viernes) & David Mars (sábado)

Este año la primera jornada del BBK Legends se inauguró con el dúo norilandés Dea Matrona, que facturan un pop-rock bañado muchas veces en blues y que, por lo que se intuye, convencieron a un público que iba en aumento a lo largo de su actuación. En directo se hacen acompañar de dos músicos que tocan batería y guitarra, mientras las dos compositoras veinteañeras, Orláith Forsythe y Mollie McGinn, se intercambian el bajo y la guitarra en distintas canciones. Arrancaron con su potencial hit “Red Button”, recordando a los Fleetwood Mac de finales de los setenta y los ochenta, y continuando con temas de su álbum de debut como “Stuck On You”, “Wilderness”, “Get My Mind Off” o la especialmente atinada “Black Rain”, que con la suma del efecto fuzz en la guitarra y la combinación de las dos voces a dúo dieron forma a uno de los grandes momentos de su show. Dieron rienda suelta a su lado más rockero versionando la suprema “Oh Well”, curiosamente de los primeros Fleetwood Mac, los de Peter Green. Comentaron que era la tercera vez que tocaban en Bilbao y ya que estaban presentando el que hasta ahora es su segundo trabajo largo, “Hate That I Care”, incluyeron el tema homónimo así como “Magic Spell” y cerraron con “My Own Party”, canción que se la inspiró el pensamiento positivo y práctico que viene a decir que no debería importarnos una mierda lo que los demás digan sobre nosotros, sino ser simplemente nosotros mismos. Un buen arranque festivalero.

Nuestros peores augurios se hicieron realidad al confirmar que este año no habría bandas locales en la parte exterior, se supone que por quejas vecinales, así que el encanto del propio festival decayó al menos un escalón. Al menos Cracker estaban ahí para hacernos la vida un poco más llevadera. Los de David Lowery oficiaron con elegancia y puntería, como suele ser habitual en ellos, con un show corto pero intenso en el que comenzaron in crescendo con la bluesera “St. Cajetan” y finiquitaron con el guitarrista Johnny Hickman cantando la bella “Another Song About the Rain”, ambas del debut de los norteamericanos, publicado en 1992. Y en la parte central un repaso a algunas de sus canciones más icónicas, o a lo que les dio tiempo en una hora: “Teen Angst (What the World Needs Now)”, la coreadísima “Eurotrash Girl”, la inevitable “Low”, una “Wedding Day” entonada de nuevo por Hickman o el “You Ain’t Going Nowhere” de Dylan/Byrds, cantada esta por su bajista, Bryan Howard, con mucho soul. A la formación habitual de cuarteto se le sumó un músico a la steel guitar y Anne Harris (que colabora últimamente con la banda) al violín y demostrando una vez más su presencia escénica. Y es que hace tiempo que tenemos claro que Cracker no saben dar un mal bolo.

Algo así ocurría con el cabeza de cartel de esa noche. El californiano Chris Isaak ofreció un show largo, repleto de canciones de muchos de sus álbumes y luciendo una excelente voz en todo momento. Recientemente ha cumplido cuarenta años editando discos y aquella noche de viernes se traía otra efeméride, y es que el cantante y guitarrista acababa de cumplir los setenta años, ese mismo día. No importa, para nosotros sigue siendo el soltero empedernido, ese músico y escritor especializado en escribir un montón de canciones de desamor. Funcionó el rítmico inicio de “Beautiful Homes”, del álbum de 1993 “San Francisco Days” (del que también sonaron “Waiting” o “Two Hearts”), como también lo hizo “Somebody’s Crying” u otras tres canciones de “Forever Blue”, el disco más querido por muchos de sus fans, “Don’t Leave Me on My Own”, en la que anduvo paseando entre el público (y algunos pudimos chocarle el puño), “Go Walking Down There” o la desoladora canción homónima, sobre la que dijo su autor: “si os gustan las canciones tristes habéis venido al lugar indicado”. Le cantamos dos veces el “cumpleaños feliz” y versionó con ganas temas que lo han influido, como la mítica “Pretty Woman” de Roy Orbison, “Can’t Help Falling in Love”, que hizo Elvis, “Shake Your Hips” de The Rolling Stones o “I’ll Go Crazy” de James Brown, entre otras. Bien pronto sonó el romance maldito de “Wicked Game”, así como “Blue Spanish Sky”, ambas del disco “Heart Shaped World” e incluidas en la recordada “Corazón Salvaje” de su colega David Lynch. De su álbum de debut, de 1985, interpretaron “Dancin’”, seguida de la coreada “Blue Hotel”, “San Francisco Days” o la gemma oculta “Lie to Me”, antes de despedirse con la exultante “Big Wide Wonderful World”, canción del 2009 y una nota positiva después de tanta canción dramática, que hizo que algunos sintiéramos que somos afortunados por haber existido a la vez que Chris Isaak. El extensio bis (ya con su mítico traje de espejos) constó de siete u ocho canciones, entre las que se encontraban algunas de las versiones antes mencionadas, y cerrando con el perfecto country de “The Way Things Really Are”, que se encuentra en su último álbum hasta la fecha (sin contar el navideño), que ya tiene algo más de una década de antiguedad y que recordó vocal y compositivamente al mejor Willie Nelson. Y es que es cierto, Isaak es lo más cerca que jamás estaremos de Nelson, Presley u Orbison, la verdad. Su música y sus directos deberían ser considerados tesoros mundiales.

La segunda jornada estuvo marcada por la ya conocida baja de última hora de Tom Morello, uno de los cabezas de cartel más esperados de este año. Pero más allá de la decepción que suponía su ausencia, lo que tocaba era disfrutar del atractivo cartel que se había quedado con Graveyard y Beat.

En primer lugar, salieron los suecos, que este año celebran su vigésimo aniversario, por lo que decidieron hacer un setlist en el que repasaron, prácticamente toda su discografía. Los de Gotenburgo arrancaron fuertes con “Please Don´t”, una magistral lección de hard rock clásico, un concierto en el que destacaron las partes más trepidantes y cañeras, como en el trash enérgico de “From a hole in the Wall”, “Goliath”, o “Ain´t fit to live here”, que bien podían haber compuesto e interpretado Led Zeppelin. La crudeza de “Cold love” y la rabia impregnada en “Hisingen Blues”, fueron dos de las cumbres de un concierto irregular, en el que la intensidad bajó varios puntos con medios tiempos como “Uncomfortably Numb” o “Twice”.

Además, los suecos, se perdieron en un exceso de virtuosismo que les llevó a alargar en demasía, y sin necesidad, ciertos temas como, por ejemplo, “Walk on”, provocando una sensación cercana al aburrimiento, en varias partes de un bolo que, a pesar de esto, no se podría calificar de malo, porque Graveyard son tan buenos que siempre se puede sacar algo positivo de sus actuaciones, y siempre es un gusto encontrarnos con ellos.

Y para finalizar esta edición del Legends, se anunció que, ante la baja de Tom Morello, Beat ofrecerían un repertorio más extenso que el que tenían programado. La super banda, compuesta por cuatro musicazos como Adrian Belew y Tony Levin, legendarios miembros de King Crimson, junto al virtuoso guitarrista Steve Vai y el batería Danny Carey, de Tool, se formó para recordar una época gloriosa de King Crimson: los años que van de 1981 a 1984, cuando publicaron “Discipline”, “Beat” y “Three of a Perfect Pair”.
A lo largo de un concierto largo, que se dividió en dos partes, con un descanso de 20 miunutos en medio, repasaron canción por canción el disco en directo que grabaron en Los Angeles y que publicaron el pasado año. Un repertorio en el que destacan los pasajes más rockeros y ochenteros como “Heartbeat”, “Waiting man” o “Thela Hun Ginjeet”, así como el surrealismo de composiciones como “Neal and Jack and me”, “Dig me”, “Neurotica” o “Indiscipline”, así como el funky de “Elephant talk”. Fueron más de dos horas en las que los cuatro miembros de la banda demostraron con creces su extraordinaria calidad como músicos, y su capacidad para reinventar el repertorio de King Crimson y traerlo a este siglo, sin perder su esencia.

Sin embargo, y a pesar de que es innegable que son un grupazo y que el sábado vivimos un momento único e irrepetible, creo que no soy el único que se sintió descolocado cuando alargaron los pasajes instrumentales, buscando el lucimiento, y abusando de la psicodelia y de arreglos algo excesivos. Algo que, sin duda, tiene mucho que ver con los gustos musicales de cada cual, y que cuesta entender cuando no eres demasiado fan del rock progresivo. Por lo que hay que admitir que, seguramente, el hecho de sentirse descolocado o perdido ante esta exhibición tiene más que ver con el desconocimiento del género que con la calidad de unos Beat que se mostraron excelsos y que, insisto, aparte de esas partes excesivas, ofrecieron un concierto muy bueno, apoyado por un trabajo magistral en la parte técnica.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.