Los mejores discos internacionales de 2016
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Los mejores discos internacionales de 2016

Redacción — 30-11-2016
Fotógrafo — Archivo

Buena parte de las decisiones estrictamente musicales en el disco también resultan reveladoras. Desde luego la inédita fragilidad vocal del australiano en “Girl In Amber”, “I Need You” o “Distant Sky”. O el nulo protagonismo instrumental de unos Bad Seeds que se limitan a ejercer de testigos aportando coros solemnes y un colchón sonoro para que Cave desarrolle esas minimalistas melodías de piano. La secuenciación nos transporta desde la aterradora oscuridad inicial de “Jesus Alone” a una recta final en la que el dúo junto a la soprano danesa Else Torp (“Distant Sky”) hace las veces de bisagra. El tratamiento instrumental de la canción, cercano al ascetismo, enmarca una conversación entre hombre y mujer que enfrentan miedos ante la muerte: “Nos dijeron que nuestros dioses nos sobrevivirían / Nos dijeron que nuestros sueños nos sobrevivirían / Pero nos mintieron”, dice él. A lo que ella responde: “Vamos ya mi único compañero / Preparémonos para los cielos distantes / Pronto los niños habrán crecido / Esto no es para nuestros ojos”. A continuación la canción que da título al disco también le pone punto y final con lo más parecido a una victoria que podría sacarse de todo este montón de ruinas. Por primera vez reconocemos a los Bad Seeds –y hasta un ritmo de batería, ausente los 35 minutos previos- para terminar con una letanía que se pelea con la voz apesadumbrada de Cave: “Todo está bien ya / Todo está bien ya…”.

“Y si quieres sangrar, déjalo sangrar”, se canta en “Girl In Amber”. Inevitablemente el veredicto sobre “Skeleton Tree” está condicionado por todo lo acontecido. Es más, no es descabellado pensar que desde algunas tribunas se eleve a juicio moral la decisión de Cave de convertir una tragedia (su propia tragedia) en ejercicio artístico. Personalmente, creo que la habilidad de transformar las propias emociones en obras de carácter universal diferencia al artista de los que no ejercemos como tal. Sin ir más lejos, algo similar vivimos a principios de este mismo año con la angustia en diferido de David Bowie. El estremecimiento asociado a “Skeleton Tree” justifica más que de sobra que se señale el decimosexto disco de Nick Cave como una de las obras capitales en su carrera -una carrera, por otra parte, jalonada de discos sobresalientes-. Pero, más allá de lo inevitable de echar mano del background, también es de justicia señalar que el australiano ha completado su mejor colección de canciones desde al menos “The Boatman’s Call” -tal vez su mejor colección de canciones, a secas-, ejerciendo de médium y canalizando a través de la música un devastador terremoto interior. A la postre y más allá de las circunstancias que rodean al acto creativo -de los hábitos autodestructivos que se intuían en “Tender Prey” o del naufragio sentimental que hace dos décadas inspiraba canciones como “Into My Arms”- lo que con el tiempo permanece, lo verdaderamente valioso, es la capacidad de conmover. “Y este es el momento, esto es exactamente para lo que ella nació / Y esto es lo que hace y lo que ella es”.
Luis J. Menéndez

Buena parte de las decisiones estrictamente musicales en el disco también resultan reveladoras. Desde luego la inédita fragilidad vocal del australiano en “Girl In Amber”, “I Need You” o “Distant Sky”. O el nulo protagonismo instrumental de unos Bad Seeds que se limitan a ejercer de testigos aportando coros solemnes y un colchón sonoro para que Cave desarrolle esas minimalistas melodías de piano. La secuenciación nos transporta desde la aterradora oscuridad inicial de “Jesus Alone” a una recta final en la que el dúo junto a la soprano danesa Else Torp (“Distant Sky”) hace las veces de bisagra. El tratamiento instrumental de la canción, cercano al ascetismo, enmarca una conversación entre hombre y mujer que enfrentan miedos ante la muerte: “Nos dijeron que nuestros dioses nos sobrevivirían / Nos dijeron que nuestros sueños nos sobrevivirían / Pero nos mintieron”, dice él. A lo que ella responde: “Vamos ya mi único compañero / Preparémonos para los cielos distantes / Pronto los niños habrán crecido / Esto no es para nuestros ojos”. A continuación la canción que da título al disco también le pone punto y final con lo más parecido a una victoria que podría sacarse de todo este montón de ruinas. Por primera vez reconocemos a los Bad Seeds –y hasta un ritmo de batería, ausente los 35 minutos previos- para terminar con una letanía que se pelea con la voz apesadumbrada de Cave: “Todo está bien ya / Todo está bien ya…”.

“Y si quieres sangrar, déjalo sangrar”, se canta en “Girl In Amber”. Inevitablemente el veredicto sobre “Skeleton Tree” está condicionado por todo lo acontecido. Es más, no es descabellado pensar que desde algunas tribunas se eleve a juicio moral la decisión de Cave de convertir una tragedia (su propia tragedia) en ejercicio artístico. Personalmente, creo que la habilidad de transformar las propias emociones en obras de carácter universal diferencia al artista de los que no ejercemos como tal. Sin ir más lejos, algo similar vivimos a principios de este mismo año con la angustia en diferido de David Bowie. El estremecimiento asociado a “Skeleton Tree” justifica más que de sobra que se señale el decimosexto disco de Nick Cave como una de las obras capitales en su carrera -una carrera, por otra parte, jalonada de discos sobresalientes-. Pero, más allá de lo inevitable de echar mano del background, también es de justicia señalar que el australiano ha completado su mejor colección de canciones desde al menos “The Boatman’s Call” -tal vez su mejor colección de canciones, a secas-, ejerciendo de médium y canalizando a través de la música un devastador terremoto interior. A la postre y más allá de las circunstancias que rodean al acto creativo -de los hábitos autodestructivos que se intuían en “Tender Prey” o del naufragio sentimental que hace dos décadas inspiraba canciones como “Into My Arms”- lo que con el tiempo permanece, lo verdaderamente valioso, es la capacidad de conmover. “Y este es el momento, esto es exactamente para lo que ella nació / Y esto es lo que hace y lo que ella es”.
Luis J. Menéndez

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