Vamos a decir que lo que hace Lidia Damunt en “En la isla de las bufandas” (Lucinda/Subterfuge, 08), su debut en solitario (ella es también uno de los tres vértices de Hello Cuca), es country destartalado y urgente, aunque prefiera decir que son canciones pop.

“Nunca he tratado de hacer un disco al estilo de Hank Williams o Woody Guthrie. Son simplemente referencias, más o menos presentes, de la misma forma que Cat Power, Daniel Johnston o Violeta Parra también lo son. Aunque entre mis favoritos se encuentran la Carter Family o Loretta Lynn, yo no hago country; siempre digo que soy una cantautora del Mar Menor”.

Hasta aquí, básicamente, los hechos, que empezaron a tomar forma cuando dejó Murcia. “Estuve viviendo casi un año en Mojácar. Allí me aburría bastante y pasaba muchas horas tocando una guitarra española que me tocó en un sorteo; también tuve una serie de sueños muy gráficos y decidí que quería contarlo de alguna manera. De ahí surgieron temas como ‘Aloes de cincuenta metros’ y ‘Pueblo fantasmal’, pero no llegué a escribirlos hasta que no estuve instalada en Madrid”. “En la isla de las bufandas” es un álbum surrealista, conceptual, agitado y servido con guitarra, armónica, pandereta y voz. Y con una reveladora revisión del “Mansion On A Hill” de Hank Williams: “Me parece una canción llena de misterio; habla de estar sentado en la orilla del río y mirar hacia una ventana iluminada a través de las ramas de unos árboles quietos y orgullosos. Yo también quería cantar eso, así que decidí hacer una versión, adaptándola previamente al lenguaje de la Isla de las Bufandas.