Casi todos los grupos que han marcado una época tienen un disco distinto, una obra capitular o de escisión. Machine Head han cruzado esa puerta con “The Blackening” (Roadrunner/Divucsa), una de esas piezas firmadas desde el convencimiento y uno de los capítulos en la historia de todo grupo en el vértice de su madurez, cuyas páginas siempre generan (y generarán en este caso) un apasionante debate.

La voz del bajista Adam Duce suena metálica, reverberante, lejana en una conversación que se promete difícil, agravada por un desesperante retardo en la línea. La telefonía móvil tiene la virtud de que el músico pueda cumplir con su entrevista mientras viaja de Fresno a Santa Cruz camino de la siguiente fecha en la que Machine Head están embarcados con Lamb Of God, Trivium y Gojira, aunque pudo no haber sucedido. Tras veinte minutos fuera de cobertura, su hilo de voz pugna por llegar vía satélite. Es entonces cuando, en un arranque en frío, reconoce que si algo les ha sobrado para hacer un plástico tan opulento como éste ha sido inspiración, aunque sudando la camiseta.

“No tenemos que fijarnos en lo que hacen otros; somos nosotros quienes dictamos la jodida tendencia”

“Teníamos montones de ideas, de hecho hay más ideas que hemos descartado de las que finalmente han terminado en el disco. Trabajábamos sobre todo eso hasta que nos mirábamos los unos a los otros y decíamos: ‘Eso es, esa es la dirección correcta’. Lo hicimos una vez, otra y otra, hasta dar con ello y conseguir que fuese algo totalmente natural y orgánico”. Algo fundamental para un álbum que es una lección de historia metálica por su pluralidad de sonidos en temas como el primero, “Clenching The Fists Of Dissent”, plagado de crossover, metalcore, solos en clave de heavy metal, melodías y numerosas dosis de thrash de la Bay Area. Los siguientes siete cortes son igualmente eclécticos y ambivalentes entre sí, tan extensos (algunos en la órbita de los diez minutos) que son las mayores gestas sonoras de su carrera y suponen una mirada interesante a las colecciones de discos personales de Machine Head desde su más tierna y ya lejana juventud. “Cuando queríamos hacer este álbum queríamos asegurarnos de que procedíamos del mismo lugar del que veníamos y que hizo que consiguiésemos tener fans en primer lugar. Cuando compusimos ‘Burn My Eyes’ lo hicimos desde la perspectiva de que no teníamos nada que perder ni nada que demostrar, eso era lo que queríamos hacer, cómo queríamos sonar y eso fue lo que hicimos. Tanto este disco como el anterior, ‘Through The Ashes Of Empires’, proceden del mismo lugar. Con el anterior álbum ni tan siquiera teníamos compañía y fue entonces cuando llegamos a la conclusión de que si lo hacíamos tenía que ser a nuestra manera, en nuestros términos, sin importarnos que ocurría a nuestro alrededor ni lo que vendía y no intentar analizar el mercado porque eso hubiese sido un jodido suicidio. Comprendimos que era nuestra última oportunidad de hacerlo, así que sería a nuestra puta manera. Alzamos nuestro dedo corazón como bandera, nos reactivamos y éste es básicamente una continuación de aquel disco. No tenemos que fijarnos en lo que hacen otros; somos nosotros quienes dictamos la jodida tendencia”. Un planteamiento en términos creativos lo bastante extenso y rico, como para hacer del proceso un martirio o la más reconfortante de las experiencias. “Cada disco es un proceso por el que tienes que pasar, hay ocasiones en las que lo haces bien y otras en las que no. Llega un punto en el que tiene que ser natural, que proceda del corazón. Además nos hemos divertido mucho más haciéndolo en lugar de pensar en el tipo de público que terminará por comprar nuestra música; esa es una idea estúpida. Como músico unas veces te diviertes más que otras y creo que la experiencia te aporta más diversión, tal y como ha demostrado el ambiente que hemos tenido haciendo este álbum”. Aunque crítica y público pondrán el énfasis sobre el cambio o la intencionalidad manifiesta de “The Blackening” justamente por el hecho de no ser sólo otro trabajo más de Machine Head, sus componentes minimizan la forma aunque no el contenido. “No lo sé, no creo que muestre nada que no hayamos enseñado ya en el pasado, hacemos lo que hacemos con todo nuestro corazón y creo que es eso lo que a la gente le gusta de nosotros”. Y aunque en este momento lo que procede es promocionar, insisten en su pleno convencimiento sobre lo conseguido. “Lo considero una especie de punto cumbre y es además ahí hacia donde vamos. Creo que este es un disco que podrás pinchar dentro de diez, veinte o treinta años y seguirá sonando como ahora. Es el que suena más maduro de todos, además comprende todos los elementos musicales que hemos ido incorporando durante el curso de nuestra carrera. Es definitivamente lo más maduro que hemos hecho”.