A pocas semanas de las elecciones de 2024, que enfrentaron a Donald Trump y Kamala Harris, los californianos Good Riddance lanzaron un potente himno de punk rock melódico titulado “No More System to Believe In”, un sencillo cargado de frustración y desilusión por la prevalencia de los intereses de los poderosos por encima de la paz, la libertad y, en general, el bien común. Algo más de un año después, la banda capitaneada por el carismático Russ Rankin retoma esta invitación a despertar y luchar juntos para cambiar pacíficamente un sistema que falla y desampara (“raise your banners, sound the call, comport your opposition”) en su nuevo largo, “Before the World Caves In”.
El título del décimo largo de Good Riddance denota urgencia, como la música y las letras de estos trece nuevos misiles de hardcore punk melódico con mensaje político. Cuenta con el aporte de su viejo amigo Bill Stevenson (All, Descendents), el productor responsable del sonido potente y redondo de la mayoría de los álbumes del cuarteto de Santa Cruz, y recupera esa vieja costumbre de incluir breves diálogos extraídos de pelis ochenteras y noventeras —la comedia “Valley Girl” (83) y el drama “Bound by Honor” (93) fueron las escogidas en esta ocasión—, ausentes en el anterior largo, “Thoughts and Prayers” (19). En este sentido, su primer disco en siete años es un elepé plenamente representativo de la banda y estoy convencido de que conectará de lleno con sus seguidores y atraerá, espero, a nuevos oyentes.
Con una equilibrada combinación de cortes rápidos y pesados, agresivos y melódicos, la formación que completan Luke Pabich (guitarra), Chuck Platt (bajo) y Sean Sellers (batería) sorprende para bien desde la primera escucha de “Before the World Caves In”. La inicial “There’s Still Tonight”, “In Pieces” (con un estribillo digno de los mejores Bad Religion), “Poverty of Language”, “To Suffer Is The Name” (que remite inevitablemente al añorado Tony Sly, quien fuera cantante y guitarrista de No Use For A Name, fallecido en 2012) y la metálica “Posse Comitatus” ejemplifican esta energía desbordante y, sobre todo, su meritoria versatilidad.
Aunque sobran los motivos para que existan bandas comprometidas como Good Riddance, no abundan formaciones como la suya y, mucho menos, capaces de mantener el discurso y el pulso durante tantos años. Por eso celebro que Rankin y compañía, lejos de ablandarse o domesticar su propuesta, sigan alzando la voz con la misma convicción que en sus inicios y entregando discos tan estimulantes.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.