Yann Tiersen se encuentra inmerso en una nueva gira peninsular con la excusa de presentar los temas incluidos en su último disco, “All” (Mute, 19), publicado en febrero de este mismo año. Sin embargo, el francés puede presumir de una carrera tan polivalente y dilatada que nunca se sabe con total seguridad qué formato o cuál de sus facetas será la retratada sobre el escenario. Ese es, precisamente, uno de los atractivos adicionales cuando se acude a un encuentro con el artista, en este caso diseñado para auditorios y teatros.

La imponente Sala Sinfónica del Auditorio Miguel Delibes fue la encargada de acoger al músico a su paso por la capital vallisoletana, en el que resultó ser un marco tan solemne y elegante como el propio espectáculo imaginado por Tiersen para la ocasión. Pasajes orgánicos contenidos en su última obra (“Koad”, “Heol”, “Erc’h” o “Prad”) fueron también principales protagonistas de la velada, con el autor secundado necesaria e impecablemente por Émilie Tiersen, Jens Thomsen y Ólavur Jakúpsson, todos ejerciendo como músicos y vocalistas. Juntos desarrollaron un espectáculo dividido en diferentes actos, casi como si de una obra teatral se tratase. Una representación continuada y lógica de escenas, pero siempre en beneficio del sentido global. Para ello, el cuarteto se mueve por el escenario afanado en la búsqueda del enésimo detalle sonoro con el que completar la composición, intercambiando funciones e instrumentos (desde un piano de cola a varios teclados más y pasando por un sinfín de piezas vintages y exóticas, incluyendo también un magnetofón que reproduce sonidos ambientales de la naturaleza).

También hubo momentos para el lucimiento en solitario del de Brest, bien tras el piano o tirando de virtuosismo al violín, así como espacio para recuperar temas pasados como “Naval”, “On The Wire”, “The Old Man Still Want It”, “Rue Des Cascades”, la melodía principal de la película “Amélie” (01) -algo deconstruida y seguramente como pequeña concesión al público- o la excepcional “7:PM” cerrando los bises. Un argumento, en todo caso, cargado de belleza, melancolía y elegancia, de tal nivel que tiende a derivar en una emoción tan peculiar e intensa como en realidad abrumadora.