Sentimiento y emoción
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Sentimiento y emoción

8 / 10
Jaime G. López "Desperdicios" — 09-12-2017
Empresa — San Miguel
Fecha — 07 diciembre, 2017
Sala — Kafe Antzokia, Bilbao
Fotógrafo — Eneko García Ureta

Doble cita la noche del jueves para ver a dos artistas que trascendiendo cuestiones de género tienen ambas interesantes proyectos que defender que se expanden desde las grandes capacidades musicales de sus protagonistas. Por tanto la cita prometía y devino en dos muy disfrutables conciertos que transitaron por el folk, el country, la americana el soul, pop, blues y hasta swamp rock en el curso de tres horas de música que nos supieron a poco.

La californiana y antigua vecina de Getxo (Margo Cilker) salió al escenario del Antzoki para dar su último concierto del año por estas tierras antes de volver a su país tras una gira británica en noviembre y muchos conciertos por otros países europeos los meses previos (foto inferior).

Ejecuto valiente en solitario con el solo acompañamiento de guitarra, armónica y su voz. Desgranando nuevos temas como “Apaloosa’s” sentida y arrastrada y donde se constató que contaba con un público muy receptivo. Encadeno con la tierna balada dedicada a su lluviosa ciudad de adopción “Bilbao Precipitation” acompañándose con armónica. “Used to be Montana” sonó rítmica  y dylaniana. Muy habladora la cantautora estableció pronto comunicación con el público relatando sus experiencias de trovadora en constante movimiento. Nos llevo hasta Tejas con “Texan” sincopada y rítmica, en la que consiguió la complicidad del público para cantar en bucle el estribillo. La emotiva “Marianne” sonó entre el absoluto silencio del publico atrapado por su interpretación. Como “Asturiana” medio tiempo folk con acento country, sus dos afluentes naturales y donde se mueve con elegancia, sentimiento y gran credibilidad. Cerró con una canción del legendario Woody Guthrie “Goin’ Down the Road Feelin’ Bad” que arrancó sin amplificar con actitud punk como confesó ha aprendido de Dead Bronco mostrando que es toda una americana enraizada en el botxo.

Como siempre que la hemos visto su pase resultó emocionante. Y es que esta cantautora norteamericana posee un timbre de voz que contiene todas las esencias de eso que Gram Parson dio en llamar “música cósmica americana”. Hemos visto a muchos músicos de aquí y a unos cuantos americanos intentar adentrarse en estas aguas con convencimiento y valentía pero ese timbre lo tienes o no, es imposible que consigas hacerte con él en un local de ensayo. Pero además de esa electrizante voz la otra gran arma con la que cuenta son sus canciones que aunque siguen los patrones de los grandes del género , su autora ha sabido interpretar que necesitan retratar vivencias en primera persona siempre más fáciles de conseguir si uno anda trotando por el mundo como esta simpática cantautora.

En formato de banda de nueve componentes, como ya se presentará en el BBK Music Legends (leer crónica), salió Sara Iñiguez (Rubia) al escenario del Kafe Antzokia para presentar en Bilbao The Game continuación estilística de aquel muy destacable Barman, con el que retomo el inglés y dio un salto a cuidadas y trabajadas producciones (fotos inferiores y de encabezado). Y para hacer justicia a dichos arreglos y la producción de esos dos trabajos  se ayudó de dos vientos (saxo y trompeta) y dos violines recreando los cuidados sonidos de ambos trabajos. Con Sara al frente del escenario ejerciendo de front woman buena parte de la actuación, Alex Blasco a los teclados y sus cómplices Natxo Beltran a la batería, Jokin Salaberria al bajo y Adrian Bárcena a la guitarra solista completando esta formación de lujo.

Abrieron con la homónima “The Game” con sentimiento soul propulsado por los coros y cálidos metales, pegada a la original salvo el añadido de un brillante solo de guitarra, como en todo el concierto donde se hizo más palpable la presencia de la guitarra que en sus grabaciones.  Enlazada con “I Owe to Myself” saltarina y mas bailonga que la original gracias a los vientos y teclados. Ejecutaron funk vacilón en “Anyone” con la elegante y comunicativa líder sentada a los teclados. En su homenaje a Judee Sills (“Soldier of the Heart”) como en el resto de la noche destacaron los coros aportados con gran gusto y acierto por las violinistas. Y cosa de las fechas entendemos atacaron su agridulce tema navideño “Dead on the Snow” con ecos de Motown y Beach Boys. De nuevo con Sara al frente interpretaron “Bessie”, homenaje a la diva del blues, lenta y sentida con el guitarra lanzando flamígeros riffs. Revisaron Barman a través de cuatro de sus joyas. “Rain” que sonó a clásico de soul con interpretación desgarrada de Sara y la banda ,  “City Of Angels” con recitado intercalado, la animada “People”  y “Time will be my doctor” , sin vientos pero con cuerdas, a pesar de ser una canción que invita al baile, seguramente buscando otras texturas y la versatilidad que da una banda de esta estructura. Cuatro canciones redondas que se elevaron sobre el original plastificado.

En el rush final sonaron “Teenage Heartbreaker” de nuevo solo con cuerdas y bonitos coros, justo es destacar aquí la más “tapada” pero imprescindible labor de Natxo y Jokin un lujo de base rítmica capaces de elevar el conjunto sin necesidad de excederse en su interpretación. Sara tiró de recuerdos londinenses para presentar “A Quiet Place” que sirvió como reivindicación de la presencia de las nuevas generaciones en los conciertos contra la estúpida prohibición administrativa que veta su entrada a los recintos. Y “Howl” con briosos vientos y la líder bailando agarrada al micro, y es que desplego toda la noche una gran presencia escénica.

En el triple bis nos ofrecieron “Ivy” ejecutada como medio tiempo con vientos y cuerdas que nos recordaron a The Band en su último vals. Y es que la cosa se estaba ensuciando y bajando hacia el Sur como demostraron con una extensa y cálida revisión de “Honky Cat” , tema del iniciático Elton John que rezuma sabor a Nueva Orleans, en la que se procedió a la presentación de la banda mientras estos rezumaban el feeling de los Stones mas setenteros. Y el definitivo cierre se produjo con una blues rockera revisión chicaguense de “My Boy” cincelada por los riffs del guitarra sobre su Les Paul Goldtop.

Resulta bastante destacable el hecho de que Sara Iñiguez optará por un inusual formato de dúo en buena parte de la gira de presentación de su anterior trabajo desarrollando un innovador formato de batería, teclados y dos voces y que para este nuevo trabajo y siempre que las circunstancias lo permiten haya optado por arroparse de una completísima banda que le permite ser muy fiel a los arreglos de sus trabajos. Y que en ambos casos los resultados sean tan solventes. Seguramente pocos músicos están dispuestos hoy en día a salir de su zona de confort  bien en formatos minimalistas - a priori muy exigentes en la conjunción y el cubrir espacios – o formatos mas barrocos – donde la exigencia viene por la conjunción de nueve instrumentos evitando el descarrile – y conseguir salir airosos. Chapeau por la más rubia cantante de Getxo.

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