El jueves 17 de abril el Kafe Antzokia de Bilbao fue el lugar elegido por el grupo norteamericano LOVE para celebrar nada más y nada menos que el 60 aniversario de presentación de los álbumes “Love” y “Da Capo”. La incombustible Rubia (Sara Iñiguez) fue la encargada de abrir como telonera, estrenando nueva banda —The Bandits—de Vigo, para poder por fin dar lustre al álbum “Only for lovers” que había coincidido con la fatídica pandemia.
Rubia & The Bandits empezaron puntualmente llenando el escenario en presencia y con su pulido sonido. ¡Qué bien le sienta esta banda a Sara! Comenzaron poniendo a todo el mundo de buen humor con “Happy lasts longer”. Además de la banda, Itxaso Díez y Noemí Santamaría hacían coros y tocaban violines, dando muchísimo color al conjunto de la música. Jugaban con ventaja: frente a un público compuesto principalmente por acólitos del Bullitt de hace 20 años y del actual Shelter, tenían todas las de ganar con su propuesta de rock revivalista de los años 60.
Como comentó antes de presentar “If you smile”, estaban obligados a tocar a toda pastilla por cuestiones de tiempo. El solo de percusión de Emilio Iniesta a la batería y de Isinha Mariño a la percusión puso a bailar incluso al más reacio. Xabier Vieltez abrió a las teclas “Don't mean a thing”, tema que nos recordó a la genial Aurora and the Betrayers. Sara se movía por el escenario como una pantera mientras Indy Tumbita a la guitarra nos dejaba claro que no hacía falta segundo guitarrista. Tocaron en total 11 temas: “These eyes” sonó como si Kate Bush se llevara a Jefferson Airplane de picnic a un bosque oscuro, la psicodelia de “Take me to the garden” o la grandeza de la balada “The land of lie” como buenos ejemplos. Fue una maravilla de concierto, con una banda impecable que rozó la perfección con “The red telephone” de Love—”dedicada al Rey Arturo” (Arthur Lee)— acompañada del inmaculado sonido de los violines. Se despidieron con “Fast fall in love”, destacando aquí también el poderío de los dos percusionistas junto con el ritmo del bajista Charlie Méndez.

A continuación salieron Love with Johnny Echols a escena. Muchas personas damos un paso atrás cuando oímos hablar de tributos y similares. Sin embargo, la unión del guitarrista original Johnny Echols con el grupo Baby Lemonade —en el que cantó el cantante original Arthur Lee entre el 93 y su muerte en 2006—da un resultado muy disfrutable en directo. Si bien Love ya habían pasado por nuestras tierras antes del 2006, para muchos fue la noche del jueves una buena manera de satisfacer la nostalgia de lo no vivido. El concierto tuvo mucho de celebración, de invitación a la evasión psicodélica y de canto hippy a la unión fraternal y al amor, lo cual es muy buena receta en los tiempos que corren. Por otro lado, no deja de ser un homenaje en vida para Johnny Echols, quien con 79 años es capaz de subirse a las tablas y recoger los frutos de un éxito que no vio en los años 60. Actualmente se nos hace difícil entender cómo álbumes como "Forever changes" (1967) no tuvieron más éxito en su día, pero la fuerte apuesta de su sello, Elektra Records, por los también californianos The Doors, el ser un grupo interracial en aquella época y varias decisiones erráticas, les impidieron llegar al gran público.
La versión actual del grupo, también interracial —como justicia poética o decisión deliberada—recupera las canciones de aquel entonces, mimándolas con muchísimo cariño y presentándolas a distintas generaciones posteriores. Abrieron con la bonita “Between Clark and Hilldale” del aclamado "Forever changes" y pasaron sin más dilación a “My little red book”, con su ritmo urgente y nervioso. Le siguió “A house is not a motel”, volviendo al álbum de 1967 al final de la cual, Johnny Echols nos envolvió a todos con el sonido de su increíble punteo.
“Gazing” sacó a relucir el sonido jangle pop de las tres guitarras acercándose a The Byrds pero con el punto garagero de Love. En la misma línea de tintineo guitarril siguió “ Can´t Explain”. Es increíble ver cómo directa o indirectamente, las diferentes caras del prisma musical de Love han podido influir a bandas tan dispares como The Jam, Cotton Mather o Teenage Fanclub. La mezcla entre la crudeza del garage y las melodías psicodélicas de la escuela de The Zombies también se pudo oír en “Stephanie Knows who”, del álbum Da Capo. El cantante Rusty clava las canciones con un timbre similar al de Lee. El batería David Green le dio a las baquetas con fruición en “You I'll be following” mientras los demás combinaban urgencia con armonías vocales.

Con “No matter what you do” volvieron al jangle pop, esta vez con un merseybeat británico en la batería. Tras la romántica “Orange skies” llegó el momento álgido con “Alone again or”, el público ya bailando, juntando las manos o abrazándose como si estuviera en Woodstock.
Posteriormente sonaron “And more” y “Andmoreagain”, ésta última, exquisita balada de "Forever changes". De seguido subieron The Bandits y las cuerdas a participar en “The red telephone”, los más fans del público declamando la parte final de la letra. Siguieron desgranando con maestría Forever changes (“No matter what”, “You set the scene”) y se retiraron.
En los bises volvieron al primer álbum de 1966 con “Signed D.C” muy en la línea de The Animals. Nos regalaron un descarte de "Forever changes" (“Wonder people”) y se despidieron con la caña garagera de “7 and 7 is”. Los músicos, profesionales como la copa de un pino, parecía que jugaban en casa, precisos pero relajados, y Johnny Echols muy entrañable haciendo los punteos desde su silla.
Fue para la mayoría de asistentes, en resumen, un concierto formidable para volver a un pasado que no llegamos a conocer, bailar a lo años 60 y encontrarnos con buena parte de la escena rockera de la ciudad.
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