Triángulo de Amor Bizarro ostentan por derecho propio la denominación de banda mítica, casi reverencial y capaz de generar una devoción (a su manera) religiosa. No en vano, la formación gallega que en la actualidad conforman Isabel Cea, Rodrigo Caamaño y Rafael Mallo suma ya más de veinte años de una carrera que ahora suma “Mi catedral”, el que es nuevo álbum de estudio del grupo. Contactamos con Rodrigo e Isa para conocer más detalles de este nuevo trabajo del trío, comenzando por las que serían principales novedades con respeto a todo su catálogo previo. “La aproximación de este disco es completamente diferente, porque, en el fondo, planteamos hacer un disco de guitarra, bajo, batería y voces. Ese planteamiento es muy diferente y afecta a la manera en la que compones. Aunque siempre hemos sido un grupo de guitarras, este es casi el primer disco en el que la guitarra es realmente el instrumento principal: están más altas y tienen más definición. En este disco no pensamos tanto en las capas. Estuvimos dos o tres años componiendo y no teníamos esa urgencia que te marca el calendario”. Un reencuentro con trazados pasados en el que también tuvo mucho que ver aquella gira XX aniversario que protagonizaran no hace demasiado, revisitando sobre los escenarios toda su discografía. “Volvimos un poco a la esencia, a las raíces. Nos vino muy bien para retomar caminos que habían quedado un poco olvidados y volver a ver quiénes somos. Eso lo utilizamos y fue un poco como volver a hacer un primer disco. Además, habíamos llegado al tope de disco oscuridad y no queríamos girar más esa rueda ni seguir en esa cueva, recuperando, a cambio, ese punto de luminosidad que creo que tenían los primeros discos”.
“Este es casi el primer disco en el que la guitarra es realmente el instrumento principal”
Cabe asumir, por tanto, que “Mi catedral” es, en cierta medida un disco de contrastes, virado entre la aspereza habitual del combo y acercamientos más indisimulados que nunca al indie-pop de guitarras y sus melodías subyacentes. “Ese punto de oscuridad siempre lo tuvimos, pero tocó techo y acabó en “SED”. Era como nuestra época gótica (Risas). Nuestra intención era que el disco abarcase un poco todo lo que somos capaces de hacer y lo que hicimos a lo largo de todos los discos. No tuvimos miedo de hacer canciones más brillantes”. Una obra en la que nuestros entrevistados se vuelven a repartir el papel tras el micro principal, con ligera ventaja para Isa. “Si las canciones son un poco más melódicas, la voz es más lenta o la canción tiene melodías con más vueltas las suele cantar Isa. La parte más bruta, más monocorde o de fraseo más rápido suelo acabar cantándolas yo”, aclara Rodrigo. “En este disco hubo un esfuerzo para que las dos voces estuvieran presentes en el mayor número de canciones posibles. Es algo que antes hicimos de forma puntual, pero que siempre nos costó por el hecho de que nuestras tesituras están bastante separadas. Hasta ahora no nos vimos capaces de hacer ese tipo de armonizaciones con las que pudiéramos encajar las dos voces”.
Para eso (y mucho más) han vuelto a contar con la producción de Carlos Hernández, quien sigue ejerciendo como miembro adicional de pleno derecho de Triángulo de Amor Bizarro. El resultado es un sonido muy bien trabajado, pero respetando siempre en esa honestidad, realismo y rugosidad inherentes al grupo. “Muchos de los discos que se hacen ahora tienen un timbre muy determinado, con un sonido tan puro que a mí me resulta un poco homogéneo, como pasaba con los discos de finales de los ochenta. Escuché mucha música de los noventa de rock clásico alternativo y me di cuenta de que había una crudeza que sonaba muy bien, y eran mucho más directos porque no tenían ese acabado. Nosotros con el sonido intentamos ir siempre un poco a la contra, con esperanza de ir así por delante. Siempre necesitamos ir un poco fuera de la ola. Le preguntamos a Carlos cómo grabó los discos de la noventa de Los Planetas o Mercromina y usamos ese planteamiento. Mezclar a ojo y hacerlo todo de manera muy natural. Queríamos que el disco mostrase su propia personalidad con respecto a nuestros otros discos”.
La música de Triángulo de Amor Bizarro –siempre cortante, arrasadora y algo apocalíptica– podría ejercer mejor que nunca como banda sonora de ese entorno caótico que viene definido por el actual plano sociopolítico. “Siempre cuadra un poco así y, aunque no lo buscamos, acabamos recogiendo un poco lo que está pasando”, afirma Isa. Por su parte, Rodrigo remata con contundencia. “Odio a los artistas que están en una burbuja y hablan de un mundo idealizado o de nostalgia idealizada… Hay una crudeza y una realidad en todo y siempre partimos de ahí. Nunca fuimos un grupo de costumbrismo indie. Siempre es algo que me pareció muy vacuo, además de muy pasajero. Al final parece que vives aislado. Bebemos de lo que vivimos y está pasando, y de esa realidad que nos afecta. Yo nunca hice distinción entre sonido y composición y nunca hicimos distinción entre, por ejemplo, política y amor. La propia canción te va inundando y lo importante es lo que estás intentando transmitir con esa letra, que es algo que tampoco puedes controlar. Si te conviertes en una figura de bronce que no te afecta nada y tu mundo interior es tan increíble que ya autoexplica el mundo, obviamente estás equivocado. La música tiene que venir de otro sitio”.
De cara al anuncio de las primeras fechas de la gira por salas con la intención de defender en directo las canciones de “Mi catedral”, el grupo anunció que había luchado por fijar un precio justo para las entradas, chocando así de frente con la tendencia seguida por cierta música en directo. “En las giras por salas es en donde de verdad puedes expresarte, tocar hora y media, repasar el repertorio y también el disco nuevo... Estamos en una tendencia inflacionista motivado por ese rollo de superestrella que es una cosa más turística que otra cosa, como el rollo este que va a hacer Shakira. Estas cosas me parecen horribles, y lo único que consiguen es que cada vez sea todo más difícil. Afecta mucho también a la música en general, porque si la gente se plantea ir dos conciertos al año (porque por el precio no puede ir a más) el sector tampoco va a expandirse y te cargas las escenas. Nosotros fuimos a garitos a ver a grupos y ahí pillamos cosas o nos apeteció tocar música a partir de ahí. Y como persona que vive y nació en un pueblo, me da muchísima alegría poder ir a tocar a muchos sitios pequeños. Es importante que el precio de las entradas sea justo para evitar que solo vaya un determinado tipo de público. Todos los que vimos en los noventa sabíamos lo que valían las entradas en los noventa. Metallica por 4.000 pesetas, joder. Esto viene del modelo corporativo de negocio y la avaricia. Esos precios exagerados desplazan al público natural y a los futuros músicos. Las salas es algo fundamental para nosotros: es donde realmente puedes ver la mejor versión del grupo”. Para finalizar, Isa lo deja aún más claro. “Yo lo que más disfruto de la música es divertirme en el escenario pasando un poco de todo. Esa parte es tribal y salvaje”.
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