En plena vorágine de capas sonoras, oscuridad intrínseca y apología del ruidismo, Triángulo de Amor Bizarro tocaron techo con “SED” (Mushroom Pillow, 23), dando por agotada –al menos en su versión más explícita–, una onda expansiva que venía manifestándose desde lejos. En “Mi catedral”, séptimo álbum de estudio de los gallegos, el grupo focaliza otros caminos, por supuesto reconocibles y fieles al libro de estilo, pero que al mismo tiempo permiten rendijas entreabiertas y ciertos halos de luz con los que relajar la asfixia.
“SMT en el Palacio Real” inaugura la referencia y pone en guardia al oyente, con una pieza dual que pasa de esa apertura reposada al piano a uno de los latigazos eléctricos más acusados del álbum. Un grito inicial que saca pecho con la marcada presencia de las guitarras, especialmente bien posicionadas a lo largo de toda la obra. Una tendencia mantenida a lo largo y ancho de todo el álbum que, tras contar de nuevo con la producción de Carlos Hernández, cede minutos a texturas ásperas y realistas, caso de “Media vida”, la ácida “Matar a un rey”, “BBBMV a.r.m.a.s” o esa “Este contra Este” que, con las voces de Isabel y Rodrigo funcionando como contrapunto, remite a The Raveonettes.
El disco también presume de acercamientos bien parecidos al indie-pop de melodías subyacentes, como ese himno instantáneo que es “Sacrificio” y también “Diosas adolescentes”, hipnótico corte bañado de distorsión que resulta deudor de My Bloody Valentine y Ride. No menos verticales resultan “Odio mi generación” o “La era chapada en oro”, ambas con Isa Cea tras el micro, mientras que la inmensa “Mi catedral”, “Pat a Trenca” y “En la corte del E” encajarían en cualquiera de las secciones. Unas y otras conforman un manifiesto cortante, torrencial y algo apocalíptico, que podría encajar como banda sonora de ese entorno caótico resultado del actual plano socio-político.
“Mi catedral” luce una palpable y arrebatadora fuerza conjunta, apuntalando otra entrega difícilmente rebatible y capaz de rugir como sólido estandarte de una formación que pivota desde ese estatus de clásico que ostenta hace ya tiempo. Triángulo de Amor Bizarro siguen mirando al frente, dos décadas después de tirar a patadas la puerta de entrada a la escena, respetando los elementos innegociables de su sonido, pero empeñados en evitar estancamiento y reiteración. Una jugada arriesgada, aquella consistente en mantener intacta tu identidad creativa al tiempo de continuar inquieto y en movimiento, de la que el trío sale triunfante. Triunfante y orgulloso.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.