Ni la ola de calor ni la coincidencia en el calendario con otros dos destacados festivales de sonidos duros de la península han podido con el Barcelona Rock Fest. Entendemos que es algo coyuntural, pero ese tipo de estrategias suelen acabar perjudicando al público y a unos lineups que podrían ser aún mejores.
El tema daría para otro extenso artículo. En cualquier caso, la audiencia del Rock Fest respondió como siempre, aún con un programa distinto en el que han tenido cabida grandes nombres del punk hardcore como headliners.
Un total acierto que viene cociéndose desde hace ya algunas ediciones y que ha traído variedad y nuevos públicos a la cita, convertida en ineludible para unos asistentes fieles que tanto disfrutaron con Megadeth, Primal Fear, Blues Pills y Helloween como con The Offspring, Sex Pistols, Evaristo y Bad Religion. Repasamos diez de los momentos más significativos de esta edición.
Sex Pistols featuring Frank Carter
El cartel de la primera jornada tenía dos claros reclamos, Megadeth y Sex Pistols. Estos últimos tocaron primero, con su reencarnación de hace un par de años junto al vocalista Frank Carter. Reinvenciones que no siempre funcionan pero que en su caso, como sospechábamos quienes vimos en su momento al pelirrojo al frente de su ex banda Gallows, destilan renovadas dosis de energía y actitud al servicio de un cancionero vigoroso. Para muestra, la apertura con “Holidays in the Sun”, tras la que Carter se sumergió en un gran pogo, golpe de efecto que cortó demasiado el ritmo del show, aunque pronto recuperaron fuelle con clásicos como “God Save the Queen”, una versión del “No Fun” de The Stooges y “Anarchy in the U.K.”. La banda sonó engrasada, tocaron seguramente mejor que en su época, con Steve Jones, Paul Cook y Glen Matlock disfrutando como chavales, pero parte del público no acabó de conectar con su propuesta.
Megadeth
La anunciada como última gira de Megadeth atrajo a muchos seguidores del grupo y del heavy metal en general. Su concierto contaba con ese extra de emotividad y relevancia y sin ello habría pasado por un show correcto y con buenos momentos pero poco más. El balance resultó algo mejor, aún evidenciando la fragilidad de un Dave Mustaine físicamente apagado y con una voz débil que, eso sí, fue mejorando con el avance de la actuación. Por el contrario, su actual formación se reveló impecable en lo instrumental, en especial el guitarrista Teemu Mäntysaari. Pero si algo destacó fueron las canciones, un repaso a algunos de los mejores momentos de su carrera: desde algunos cortes poco habituales en sus directos, como “Take No Prisoners” o “Hook in Mouth”, a piezas nuevas que funcionaron muy bien en vivo: “Tipping Point”, “Let There Be Shred” o “I Don’t Care”, dedicada a “aquellos a quienes no les importa el metal”. Por supuesto, no faltaron clásicos como “Wake Up Dead”, “Peace Sells” –con incursión de un trajeado Vic Rattlehead incluída–, “Tornado of Souls”, “Symphony of Destruction” o “Holy Wars”, tristemente vigente casi cuatro décadas después. Extraña para algunos, lógica para otros, resultó la interpretación de “Mechanix”, su acelerada revisión del “The Four Horsemen” de Metallica, seguida de su reciente versión de “Ride the Lightning”. Mustaine siendo Mustaine hasta el final.
Bleed from Within
Valió la pena acercarse al recinto a las cinco de la tarde para ver a estos escoceses arder en el escenario. Como en el caso de Hatebreed o Parkway Drive en anteriores ediciones, su metalcore aportó la dosis justa de brutalidad, actitud y diferencia. Riffs trepanantes, mucha mala ostia y voces guturales combinadas con estribillos limpios, fórmula perfeccionada en cortes de fuerza imponente como “Zenith”, de su reciente disco homónimo. “¿Cuántos de vosotros no nos habéis visto nunca?”, preguntó el vocalista Scott Kennedy, enrojecido por el sol inclemente. Tras la marea de manos alzadas, añadió: “Por eso estamos aquí”. Seguro que muchos recordarán su nombre.
Napalm Death
“Somos una banda muy ruidosa de Birmingham”, anunció el cantante Mark Greenway. Como si no lo supiéramos muy bien. Los británicos nunca fallan, como demostraron una vez más pese a la ausencia del bajista Shane Embury. Su arrolladora mezcla de grindcore, death metal y hardcore punk es justo la banda sonora que reclaman estos tiempos oscuros. Respiramos algo con “Amoral”, de su último “Throes of Joy in the Jaws of Defeatism”, influenciado por Killing Joke y con trazos de su más industrial “Diatribes” de mediados de los noventa, pero la tregua duró poco. La temperatura de la carpa reventó el termómetro con su incendiaria munición contra gobiernos corruptos, tecnócratas, homófobos, los abusos del poder o el nazismo. “Never again!”, gritó el vocalista tras disparar su versión de “Nazi Punks Fuck Off” de Dead Kennedys. Si no existieran habría que inventarlos. Imprescindibles.
Testament
Cuando alguien decidió que el thrash metal norteamericano sólo podía tener cuatro grandes embajadores —Metallica, Slayer, Anthrax y Megadeth— olvidó que había por lo menos seis, sumando a ese Big Four los nombres de Exodus y Testament. Con todo el cariño y respeto por Megadeth, el show de Testament sonó mucho más consistente y matador —increíble su sección rítmica y la dupla guitarrera de Eric Peterson y Alex Skolnick, por no hablar del carisma del frontman Chuck Billy—. Cierto es que a diferencia de los de Mustaine, les falta un cancionero igual de sólido, pero sus mejores temas funcionaron como cañonazos: desde la apertura con “Into the Pit” al cierre con “Over the Wall” pasando por “Practice What you Preach” o “Low”.
Accept
Los alemanes Accept repitieron en el festival para celebrar su medio siglo de vida y, a diferencia de sus compatriotas Scorpions el año pasado, arrasaron. Abrieron fuego con “Metal Heart”, de su disco homónimo de 1985, seguida de la más reciente “Teutonic Terror” y la clásica “Restless and Wild”. Igualmente contundentes sonarían la rítmica “Princess of the Dawn”; “Fast as a Shark”, un polvorín de guitarras veloces y cortantes a lo Judas Priest al que se incorporó Ralf Scheepers de Primal Fear secundando a Mark Tornillo; y la inevitable “Balls to the Wall”, con Chuck Billy de Testament sumándose a la fiesta. La nota triste la puso la noticia del posterior robo, en una zona de descanso de la autopista, del camión que transportaba el material de la banda, entre él una de las guitarras más emblemáticas y queridas de su fundador Wolf Hoffmann. Esperemos que puedan recuperarla y, sobre todo, que quieran volver por aquí.
Helloween
Tras Accept fue el turno de otra banda alemana, Helloween, quienes ya habían demostrado en su anterior visita al Rock Fest su poder renovado, tanto escénico como de convocatoria, gracias a una alineación que incluye a sus tres vocalistas históricos: Michael Kiske, Kai Hansen y Andi Deris. Como ya constatamos en esa ocasión, el experimento funciona mejor de lo imaginado, aunando los distintos registros vocales y musicales de su trayectoria. Propulsados con nervio por un formidable Daniel Löble a las baquetas, la banda, que celebra sus 40 años de carrera, arrancó con “March of Time” y “Future World”, la tercera del set. Les siguieron “We Burn” y “Hey Lord!”, ambas entre las mejores de la etapa capitaneada por Deris; una potente “Ride the Sky” para lucimiento de Hansen; la popular “I Want Out” y una contagiosa “Power” calzada entre los clásicos finales “Eagle Fly Free” y “Dr. Stein”. Épicos.

Cavalera
Bad Religion
Otra banda embarcada en su gira de 40 aniversario fue Bad Religion, toda una institución del punk rock que sigue viviendo una segunda juventud a base de conciertos intensos y celebratorios ejecutados con oficio, tripas y corazón. Los californianos abrieron pisando el acelerador con “Recipe for Hate”, “Them and Us” y “Do What You Want”, buenas muestras todas ellas del arte de combinar energía, velocidad y melodía. “Dicen que el planeta se está calentando, así que disfrutemos mientras podamos”, exclamó un sudoroso Greg Graffin antes de atacar “I Want to Conquer the World”. Adrenalina y letras comprometidas que alternaron con los medios tiempos de “Struck a Nerve” y “Punk Rock Song” y con unas celebradas “21st Century (Digital Boy)” y “American Jesus”, broche de oro a una veintena de temas que se sucedieron como una exhalación. Sin duda, un fiel retrato del legado de una banda legendaria que mantiene el pulso.
The Offspring
Recuerdo a Fat Mike de NOFX criticando a Megadeth, quienes habían tocado justo antes en un Doctor Music Festival de los noventa. Qué diferencia con The Offspring, mucho más elegantes, además de profesionales sobre el escenario, quienes no sólo elogiaron a Powerwolf, protagonistas del concierto anterior, sino que adaptaron su setlist para la ocasión, interpretando notables versiones de “Paranoid” de Black Sabbath y “Crazy Train” de Ozzy Osbourne. Un bonito homenaje al fallecido vocalista y un entrañable guiño al heavy metal y al propio festival. También colaron por ahí su efectiva cover de “Love Story” de Taylor Swift. De todas formas, ya tenían al público en el bolsillo desde el minuto uno gracias a su hipervitaminado punk rock alternativo plagado de himnos que en los noventa convivieron en armonía con el nu metal, el grunge y el brit pop. Eran otros tiempos, pero la energía de la banda en el Rock Fest pareció intacta gracias a balones de oxígeno del calibre de “Come Out and Play”, “All I Want” y “Want You Bad”. Una retahíla de hits, coreada hasta la afonía por un público de toda edad y condición, que remataron con pelotas hinchables y serpentinas de colores a lo Kiss y temas tan pegadizos y memorables como “Gotta Get Away”, “Pretty Fly (for a White Guy)”, “The Kids Aren’t Alright”, “You're Gonna Go Far, Kid” y “Self Esteem”. Victoriosos.
Cavalera
Creo no exagerar si afirmo que esta es quizás la ocasión en que mejor he visto a los hermanos Cavalera desde su gira de presentación de “Chaos A.D.” en los noventa, aún bajo el nombre de Sepultura. Podría tener algo que ver que ese disco, que aquí reprodujeron de forma íntegra, sea mi favorito de los brasileños: un puñetazo demoledor que aúna groove metal, actitud punk y cadencias más oscuras y pesadas que sus antecesores. Pero hubo mucho más. La banda salió al escenario como una fiera recién liberada y la crudeza de “Refuse/Resist” se sintió genuina, desafiante y tan violenta como los choques entre manifestantes y antidisturbios proyectados en la pantalla de fondo. Con un cuerpo embalsamado, como el de la portada de ese álbum, colgando boca abajo sobre las cabezas del grupo, la confrontación siguió tensa con “Slave New World”, “Propaganda”, “Biotech is Godzilla” o “Territory”, bombas radioactivas contra los principales males de un mundo enfermo y corrupto que, tristemente, ha empeorado desde que fueron escritas. Entre ellas encajaron sendas versiones de Titãs (“Polícia”) y New Model Army (“The Hunt”), buenos ejemplos del creciente espectro musical de la banda que acabó cristalizando en dicho trabajo. Se escribieron ríos de tinta sobre “Roots” en su momento, pero “Chaos A.D.” rompió el molde tres años antes. Aún reivindicables.

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