Una hectárea puede que para el patriarca de los Dutton, sea algo insignificante, pero para los amantes de la música de raíces americana, eso que algunos llaman country, otros americana o cualquier otro termino que nos venga en mente. Esa hectárea, que es lo que más o menos debe de ocupar ese Campo de las Delicias de la hermosa Riaza, se convierte en los primeros días de julio en su particular Valhalla en vida con motivo del Huercasa Country Fest. Rodeados de calor, de sombreros y botas vaqueras, de mucho baile en línea y de mucha expectación, arrancó esta XI Edición, con el deseo de disfrutar de la música, descubrir a nombres desconocidos y ver a otros ya confirmados.
Como ya es habitual en los últimos años, dos escenarios enfrentados nos recibían al entrar. Puntuales arrancaron Suso Díaz & The Appaloosas llegados desde la lejana Cádiz, forjados a lo largo de kilómetros de carretera y directo, llevaban bajo el brazo su ultimo trabajo, “Embrees” (2026), un trabajo más eléctrico que sus dos anteriores trabajos… y uno de los descubrimientos del festival. A su termino aparecieron los mallorquines The Ripples con su álbum debut, “One Hell f A Ride” (25) repletos de sonidos con aires californianos y con una estética más propias de los años 70 que del viejo oeste pero que convencieron y gustaron mucho. Actitud y actitud.
Después de un receso amenizado por esos bailes en línea del agrado de muchos y portadores de desesperación para otros tantos, arrancó el escenario principal con Juana Everett, que nos recordaba cuando unos años antes, metida entre el público, soñaba con verse encima de ese escenario, y este 3 de Julio ha visto cumplido su sueño. “Past Lives in California” (26), el resultado de las cicatrices resultantes de algo más de diez años de una madrileña a caballo entre California y Nashville es su maravillosa carta de presentación. A pesar de las tempranas horas y de un calor intenso, el suyo fue otro de los conciertos y de los descubrimientos del festival.
Crowe Boys, aparecieron a continuación. Originarios de Baton Rouge, los hermanos Crowe, se han recorrido medio país en una caravana mientras su padre daba clases en una iglesia. Folk-rock con tintes hippie que se ha hecho viral gracias a las redes sociales, un vídeo espontáneo en TikTok interpretando uno de sus temas, “Where Did I Go Wrong”, se volvió viral y acumuló millones de visualizaciones en cuestión de días. Por su parte, Alana Springsteen apareció sobre el escenario para acercarnos la versión del festival country más acta y apropiada para las radio-formulas americanas. Con todos los cánones que marca la industria, rubia, atractiva y con buena voz, persigue un sueño desde muy pequeña cuando llego a Nashville desde su Virginia Beach natal, además de lucir muy bien respaldada por una eficiente Elizabeth Cannon a la guitarra.
Cracker (en la foto) eran los grandes deseados de la noche y los grandes protagonistas de la jornada, no solo por los problemas de sonido al inicio de su concierto. Tres décadas cabalgando entre el rock alternativo y la tradición americana liderados por David Lowery y Johnny Hickman. Junto al bajista Bryan J. Howard la banda, en un intento de afianzar su lado más campero se rodearon de una espectacular Anne Harris al violín y un pedal steel… una lástima que la formación haya cambiado con frecuencia de miembros, porque hasta hace poco, Frank Funaro se encargaba de la batería y los añorados The Del-Lords, es una de las formaciones favorita entre favoritas. Cerrando la primera jornada apareció Rob Leines, entre vítores y aplausos; no en vano, el año anterior dejo un grato recuerdo y se “merendó” a la mayoría de las bandas de la pasada edición. Acompañado como la vez anterior por Josh Halp a la batería, una bestia parda, y Derrick Elliott al bajo. El de Georgia nado sobre mojado y con sus últimos temas se rodeo del violinista Michael Schembre, que no quiso quedarse atrás y casi se come al propio Roberto... la porra sobre si repite el año próximo ya esta abierta.
La segunda jornada contó con la presencia de los asturianos Montefurado, un cuarteto que lo más cercano al sonido country son “les vaques” que nos podamos encontrar en el Valle del Oso de las tierras asturianas. Rock con mayúsculas, de lo mejorcito del festival por actitud y simpatía. El bajista Diego Tioda, llegó engañado, le prometieron ir a comer un cochinillo y le toco currar, pero junto al guitarrista Marcos Montoto, Guzmán Gancedo a la guitarra y Pablo Piedra a la batería, nos acercaron sus sonidos viejunos cargados de electricidad. Brown Horse arrancaron el escenario principal. Desde Norwich, Reino Unido, y con ese aire de guiris recién salidos de la universidad que vienen a beber y tirarse en la arena de la playa sin bronceador, Patrick Turner, Nyle Holihan, Emma Tovell y Rowan Braham, sus cuatro integrantes, ampliaron los horizontes del festival para disfrute de muchos y disgusto de los más puristas.
Teddy and the Rough Riders, liderados por Ryan Jennings y Jack Quiggins, enfundados en esos petos vaqueros a pesar del intenso calor, nos deleitaron con esos sonidos country de raíz. Aquí, sí, los más puristas no creo que pusieran ninguna objeción. Con permiso de Dwight "El General" Manfredi, llego desde Tulsa, Johnny Mullenax y se merendó el escenario. Un animal detrás de una guitarra que sonaba de lujo abierta a sonidos que van desde el bluegrass o el rock, sin olvidarnos de esos sonidos del jazz latino con esa versión del estándar “Spain” de Chick Corea. Junto a él y con una banda que le respaldaba a la perfección andaba el amigo Michael Schembre al violín, un espectáculo, una vez más. Al final Johnny Mullenax, “Juanito”, ya para siempre en la historia del festival, se llevó los mejores elogios de los presentes y se ganaron el volver en el próximo 2027.
Emily Nenni apareció minutos después del huracán anterior y, otra vez, igual que la jornada anterior, con unos pequeños problemas de sonido en su inicio. Una voz elegante y dulce, con una apariencia frágil que acercó su country añejo macerado con soul sureño, una pizca de rock y las armonías de los años 60´ todo ello acercándolo a nuestro tiempo a estas tierras segovianas. Otro de los grandes aciertos de esta edición. Cerrando la jornada llego una de las presencias más deseadas. Brent Cobb natural de Georgia, él mismo define su música como “southern eclectic”, una mezcla orgánica de country clásico, soul y southern rock. Acompañados por su banda, The Fixin's; Len Clark a la batería; Josh Williams al bajo; y la presencia de Johnny Mullenax a la guitarra reemplazando a Matt McDaniel por un problema de última hora; presento “Ain’t Rocked In A While” (2025). O lo que es lo mismo, rock sureño, country clásico junto a unos temas en acústico donde las canciones desnudas nos dieron una visión más amplia del artista georgiano. El gran deseado y la verdadera motivación del festival, que solo por este nombre lo justifica. Lo demás, los bailes, los sombreros, etc lo dejamos para otra ocasión.

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