Kasabian: El retrovisor de Mondo Sonoro
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Kasabian: El retrovisor de Mondo Sonoro

Raúl Julián — 08-07-2026
Fotografía — Archivo

Cuando Kasabian debutaron en 2004 con su disco homónimo, tenían todo de cara para convertirse en eso que los tabloides ingleses denominan “The Next Big Thing”.

Un estatus que, al menos en Reino Unido están cerca de ostentar, a pesar de importantes vaivenes como la expulsión de su cantante Tom Meighan en 2020. Sergio Pizzorno (principal compositor) ejerce desde entonces como frontman absoluto de unos Kasabian que, este verano, actuarán en Madrid (11 julio, Mad Cool Festival), Torrevieja (31 julio.2 agosto, Low Festival),

El imprescindible: “Kasabian” (2004)
Cualquier de los tres primeros discos de la banda podría optar al título de su mejor obra, pero “Kasabian” toma algo de ventaja con respecto a “Empire” (06) y “West Ryder Pauper Lunatic Asylum” (09) en base a su frescura y un contenido algo asilvestrado. Unas cualidades, con frecuencia, inherentes a la ópera prima de cualquier banda, que tienden a contar con medios más limitados y apuran así una autenticidad que, como es el caso, suele resultar favorecedora. Una poderosa llamada de atención a modo de bengala recién prendida, con el indie-pop-rock de marcadas guitarras haciendo virtud de su primitivismo inherente y, al mismo tiempo, mutando en marca de agua con la que diferenciarse de la maraña de grupos indies que habían ido apareciendo con el cambio de siglo. Canciones verticales y tan tribales como adictivas al instante –"L.S.F. (Lost Souls Forever)", "Processed Beats", "Club Foot" o "Reason Is Treason"– apuntaron el foco de público y medios hacia una banda que optaba al triunfo masivo, gracias en parte al tándem formado por un vocalista tan convincente como Tom Meighan y un compositor en estado de gracia del tipo de Sergio Pizzorno. Hasta Oasis se rindieron ante los de Leicister y los seleccionaron como teloneros.

La rareza: “The Alchemist's Euphoria” (2022)
El trauma derivado de tener que cambiar de cantante principal ya supondría, por sí mismo, una rareza (o anomalía) en cualquier banda. Poco importa que Sergio Pizzorno, además de principal compositor, también viniera ejerciendo como segundo vocalista. Porque sustituir a un cantante con tanta presencia interpretativa como Tom Meighan no era tarea sencilla. Menos aún teniendo en cuenta que su expulsión vino motivada por una turbia acusación de malos tratos. Pizzorno se reinventó a sí mismo, dio un paso al frente y completó (junto al resto de la banda) el primer elepé del combo sin Meighan. La entrega albergaba, además, ciertos elementos inéditos con respecto al catálogo previo de Kasabian, con la electrónica adquiriendo presencia definitiva en el manual de uso. Un álbum cargado de simbología resultado de confluencia de estilos, tintes y velocidades, incluso de canciones dentro de canciones, por parte de una formación que, lejos de rendirse, tiró de dosis adicionales de aplomo con las que combatir el revés.

La decepción: “48:13” (2014)
Si resulta que hay varios candidatos al mejor disco de Kasabian, otras tantas referencias podrían postularse como el más prescindible de los ingleses. Entre ellas estaría “48:13”, que, desde su propia duración (que también servía para dar título al invento), ofrece un muestrario de excesos y pirotecnia por parte de una formación asentada y que ha llegado a creerse en demasía su estatus de banda de estadio (al menos en su país de origen). En el que fuera su quinto álbum todo resuena amplificado en exceso, al tiempo de apurar una fórmula que, lejos de mejorar, comienza a lucir agotada y exprimida en base a vueltas de tuerca demasiado forzadas. Un disco de aspecto artificial y sobreproducido (por el propio Pizzorno) que, más allá de ese efectivo pildorazo de electro-pop que es "Eez-eh", resultaba un conjunto olvidable.

Agenda de conciertos:

Miércoles 8 jul - Sábado 11 jul 06.55h
Viernes 31 jul - Domingo 2 ago 06.55h

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