Hace años, hablamos de una o dos décadas atrás, parecía un éxito irrepetible cuando grupos como Violadores del Verso o Sfdk llenaban salas como Aqualung, Arena o La Riviera (cuyo aforo máximo ronda las 2.500 personas). El pasado 7 de abril Natos y Waor abarrotaron el Palacio de Vistalegre con más de 11.000 fieles. Sobran las palabras.

Y es que el éxito del que están disfrutando Natos y Waor en estos días comienza superar todos los registros. Vendieron la totalidad de las entradas antes incluso de que se publicase su nuevo álbum. Y quién confió en ellos no salió defraudado: su directo es igual o más potente que sus discos, algo que pudieron comprobar también quienes siguieron este histórico bolo por internet.

Esta noche del 7 de abril comenzó con la actuación de dos pesos pesados que, sin robar protagonismo a los Hijos de la Ruina, demostraron porque habían sido elegidos para esta ocasión. Endikah mostró que toda la experiencia obtenida con sus ex de 935 le ha servido para que su último disco, Involución, pegue bien sobre un escenario. Y Fernando Costa es una de las voces con más futuro de la escena. Pese a que lleve poco tiempo en el juego no se arruga en la tarima, y habrá que estar muy atentos al disco que presentará en los próximos meses. Ambos dejaron el listón alto, y sería injusto calificarlos como “teloneros”, ya que la mayoría del público ya estaba presente en sus actuaciones gracias a la buena organización del evento y las ganas que había de este concierto.

Sobre las 21:30 dio comienzo el plato fuerte de la velada. Ellos lo habían catalogado como “el concierto en el año”, y lo dieron todo sobre el escenario para que así fuese. Natos y Waor (y DJ Saik) aparecieron sobre Vistalegre con “Botella para dos”, el último capítulo de su exitosa serie “Barras Bravas”, y desde el comienzo se pudo notar que su empatía con el público es total, casi perfecta. Pronto empezaron a soltar los temas que han convertido a “Cicatrices” en uno de los discos más escuchados de 2018 (por encima de discos de otros géneros musicales más populares) e himnos como “Piratas”, “Bicho Raro”, “Undergrounds Kings” o “Generación Perdida” resonaron en Carabanchel, al igual que otros éxitos pasados como “Elegante” o “Gloria” junto al Arce. Aunque tal vez el momento más emotivo de la noche fue cuando el padre de Waor se sumó a tocar el bajo en “Ey mama”.

Sin duda algunos de los puntos álgidos de la noche los ofrecieron las colaboraciones de su nuevo disco. Prometieron que estarían todas allí y así fue, exceptuando a Charlie (el MC anónimo, el Banksy del rap español). Y nombres como Denom, Recycled J y Costa aparecieron sobre el tablado para sumarse a la causa. Con mención especial para Denom (cuyo feat “Por ti” fue uno de los más coreados) y para Recycled, el otro Hijo de la Ruina, aportando otro de los momentos estelares de la noche con aquel “Hija de puta” de sus tiempos como Cool. Aquellos tiempos en los que estos tres madrileños y su calavera no podrían ni imaginar que algún día iban a lograr algo parecido a este concierto.

Aunque el invitado con más protagonismo fue de largo Costa. El madrileño tiene tres de los feats más potentes junto Natos y Waor, tres canciones perfectas para dejar al público en lo más alto, que sirvieron para cerrar el concierto junto a la imponente voz de Nic (y su emotivo “Calavera no chilla”) y a “Bestsellers”. Un final de fiesta espectacular, con más de diez mil personas saltando entregadas al impresionante show que ofrecieron estos dos veinteañeros.

En total más de dos horas de concierto, de intenso directo ante un público que se sabe de memoria y canta cada una de sus canciones, como ocurría antaño. Con efectos visuales en el escenario pocas veces vistos en un concierto de rap y un sonido acorde a las circunstancias. Porque todo fue a lo grande y todo salió a la perfección. Y todo sirvió para comprobar que el rap está disfrutando de una segunda generación de grupos que saben lo que quieren. Y lo que quieren es seguir haciendo historia.