La primera visita de Jacobo Serra a la capital zamorana tenía como motivo la presentación de la última (e inspirada) referencia del autor, el EP “Icebergs” (Artyfacts, 16). La escasa afluencia de público (unos veinte hábiles aficionados), y la acertada decisión de colocar sillas por parte de los responsables de la sala marcaron el atractivo talante de la velada. Fue éste un contacto íntimo, tranquilo, distendido y desarrollado en formato de dúo, con el autor acompañado del delicado (y apropiado) batería Nacho Mata.

Ante la ausencia de distancias, el protagonista prescindió con frecuencia del micrófono, probando de manera aún más palpable su principal activo. Y es que el albaceteño cuenta con una voz emocionante y de variados registros y tonalidades, que pone a disposición de unas composiciones siempre inspiradas. Unas cualidades que se manejan sin distinción entre pop y folk, y que remiten a artistas como Ben Lee, Paul McCartney, Badly Drawn Boy, Ron Sexsmith y, sobre todo, Rufus Wainwright, sin duda la influencia más pronunciada del lote. Canciones como “Let It go”, “On & On”, “The Word I Never Say”, “There’s A Sign” o la propia “Icebergs” –única del repertorio en castellano– todas ellas sentidas y con estructuras limpias, que sonaron con agradable soltura a lo largo de aproximadamente una hora.

Suficiente para que el músico evidenciase su buen gusto y excelente interpretación antes de partir hacia tierras gallegas para continuar con la gira. Serra dejó a su paso vibraciones más que positivas, y la sensación de que su carrera se encuentra en pleno punto de inflexión y apuntando claramente al alza.